Violencia Policial en Francia

11 junio, 2020 en Internacional

 En el Especial IO nº 13 en su pagina 9 contiene el resumen de un articulo sobre la violencia policial en Francia que damos a conocer a nuestros lectores en su total contenido.



 

El martes 2 de junio, desafiando la prohibición de manifestación a causa del «estado de emergencia sanitaria», decenas de miles de personas, en su mayoría jóvenes, se concentraron ante el tribunal civil de primera instancia de París para protestar contra la violencia policial al grito de «Justicia para Adama Traoré» y «I can’t breathe».

Como respuesta a la revuelta que retumba en los Estados Unidos tras la muerte de George Floyd, la cólera crece en Francia frente a las mismas prácticas de la policía contra la juventud y los hijos de inmigrantes en particular. Todos los peritajes y comprobaciones señalan que el asunto Adama Traoré es la muerte por asfixia de un joven, dos horas después de ser detenido por los gendarmes en junio de 2016. Como George Floyd, sus últimas palabras fueron: «No puedo respirar». Idénticos métodos policiales, idénticos resultados.

Adama Traoré está lejos de ser una excepción. El 4 de junio, en el extrarradio parisino, un policía abre su portezuela para parar a un joven en moto.

El 25 de mayo en Bondy, en el extrarradio norte de París, Gabriel, de 14 años es aporreado y desfigurado: dos dientes rotos, órbita ocular destrozada.

En la noche del 25 al 26 de abril, en Asnières, en el extrarradio oeste de París, un hombre cae al Sena intentando escapar de la policía: la escena es filmada y grabada. ˝Un moro como ese no nada» o «Ja, ja, se hunde, tendrías que haberle atado una bola a los pies». En otras imágenes se oye reír a los policías y ruidos sordos procedentes del furgón policial donde el detenido parecía gritar.

El pasado 12 de enero, Cédric Chouviat, un repartidor, murió a causa de un placaje ventral realizado por la policía durante un «control de identidad». Mohamed Saoud murió en noviembre del 98…  Y muchos otros más.

«Hay miles de personas que se sienten inseguras ante un poli, y yo soy uno de ellos». Las palabras de la cantante Camélia Jordana en la cadena televisiva France 2 el 23 de mayo provocaron una gran reacción. La constatación de la cantante del miedo que sienten los franceses ante las fuerzas del orden parece compartido por millones de ellos. Uno de cada tres franceses, según un sondeo.

Exacerbación durante el confinamiento

El departamento más pobre de Francia, el 93, en el extrarradio norte de París ha sido blanco principal durante el confinamiento a un ritmo de 900 multas diarias. Menudo chollo para rellenar los bolsillos del gobierno vaciados por sus ayudas a la «industria».

Señalados con el dedo desde el comienzo del confinamiento, los habitantes del 93, según las asociaciones, no solo han sido más controlados sino también más susceptibles de sufrir la violencia policial en unas calles desiertas. El 3 de mayo, varias asociaciones contra el racismo lanzaron una petición para denunciar «las violencias verbales y físicas ejercidas sobre los habitantes de los barrios populares». Esos habitantes, una población joven, amontonados en apartamentos a menudo insalubres, han sido al mismo tiempo los más castigados por el confinamiento y los más afectados por la pandemia, los que han tenido que estar en primera línea (los «primeros perjudicados») durante este período como hombres y mujeres de servicio doméstico, cajeros, basureros, todos los oficios mal pagados que de repente se han revelado indispensables para la supervivencia.

La indignación confinada en cada hogar estalla hoy pese a las prohibiciones de reunión.

Principalmente es la juventud de los barrios la que sale a la calle. Solos, en grupos de amigos, en familia o en pareja, muchos se han desplazado hasta el tribunal de París para clamar: «¡Si no hay justicia, no hay paz

Entrevistada por el periódico Libération, Adèle, de unos veinte años, con una gorra ceñida a la cabeza y mascarilla en el rostro, se congratula por la respuesta de tanta gente al llamamiento de la familia Traoré. «Tengo la impresión de que hay un cambio de las mentalidades. Es hora de levantar nuestra voz. No es normal que haya personas que mueran a manos de la policía», dice indignada la joven que ha venido especialmente de Francy, comuna del norte de París, el famoso 93, con tres amigas. Todas ellas participan en su primera concentración. ˝No puedo seguir rodeándome de personas que no están al corriente de lo que sucede con la policía o que están en contra de mis ideas. Esto es demasiado. Es hora de despertar

En las pancartas, mensajes como «I can’t breathe», las últimas palabras pronunciadas por George Floyd, y «justicia para Adama».

Rodeada por la multitud, Assa Traoré, hermana del difunto, asegura: «Poco importa el color de la piel, poco importa la religión, no podemos seguir siendo espectadores frente a la injusticia y a la impunidad policial  […] Francia es el único país en el que se han impedido las concentraciones», declara la joven en referencia a la prohibición de manifestarse emitida por la prefectura de policía solo unas horas antes del comienzo de la concentración. Responde a la multitud que la aclama: «Mi hermano no volverá, pero la lucha que libremos será por vosotros.» Algunos manifestantes hincan la rodilla en tierra, como en Estados Unidos.

Para Isaac, 21 años, es hora de que cambien las cosas: «La muerte de Adama Traoré no fue filmada, pero la de Floyd sí. Y eso ha tenido un impacto en las generaciones jóvenes.» Junto a él, su amigo Sebe muestra su inquietud por la propuesta de ley presentada por Eric Ciotti para impedir la captación y al difusión de imágenes de la policía. «Con  este proyecto quieren reducirnos al máximo. Suprimir nuestra única arma», dice este joven indignado. «La policía se ensaña siempre con los mismos, insiste Jérémy, estudiante veinteañero. Quiere amordazar a las minorías. Para que los barrios populares no se expresen.»

En su pancarta, Maria Helena, 29 años, ha escrito: «Los moros le están mirando, señor comisario de Asnières», en referencia a la suspensión de dos policías investigados por una expresiones racistas durante un arresto el 26 de abril. «Si se pretende que las cosas cambien, los superiores tienen que ser también suspendidos, detenidos y condenados

El prefecto de policía de París, Lallemant, cuyas frases y métodos violentos son tristemente célebres, ha renovado la prohibición de manifestaciones. Pese a ello, este sábado hay dos nuevas manifestaciones convocadas en París, una a las 14 h. frente a la embajada de Estados Unidos, otra a las 17 h. en los Campos de Marte. Pero también habrá manifestaciones en Limoges, Burdeos, Nantes, Poitiers, Lille, Marsella, Montpellier… El viernes por la tarde hubo 5.000 manifestantes en Estrasburgo, varios miles en Ruan, Caen.

El gobierno, ya debilitado por tantos meses de manifestaciones de los Chalecos Amarillos, por las huelgas frente a su contrarreforma de las pensiones y la destrucción de la enseñanza, sin ninguna credibilidad tras su gestión de la pandemia y sus reiteradas mentiras sobre las mascarillas y los test (se han presentado unas sesenta denuncias contra el gobierno y el jefe de Estado), refugiado tras su «ley de emergencia sanitaria», teme la unión entre el movimiento de la juventud que se levanta y el movimiento de fondo, momentáneamente parado por la Covid-19, que resurge al acabar el confinamiento con huelgas en las fábricas Renault, concentraciones ante los hospitales en apoyo a los sanitarios y el llamamiento a la huelga del 16 de junio en defensa del hospital, por las reivindicaciones del personal sanitario, la reapertura de camas, el aumento salarial, la creación de puestos, contra la «concertación» emprendida por el gobierno para continuar con su política de destrucción.


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