Una catástrofe evitable

11 junio, 2020 en

Poco después de haber saludado la adopción de la “renta mínima” como una conquista histórica, el vicepresidente Iglesias anunciaba una “enorme crisis social” en ciernes. Y sin embargo, el Gobierno en que se sienta renuncia a otras medidas para defender los puestos de trabajo, para poner en marcha planes de inversiones y empleo públicos.

Huyamos de los “rumores y tensiones” de la Corte, de las disputas, insultos y debates estériles de buena parte del Parlamento, de las “manifestaciones” de una minoría de privilegiados a golpe de palo de golf, ante la complacencia de la policía, y de los supuestos ruidos de sables y entremos en el país real.

 Un 36 por ciento de las familias –según los informes oficiales–, o sea una buena parte de la clase trabajadora ha gastado en estos meses todos sus ahorros. Para cientos de miles de nuevos parados, millones en ERTE (muchos aún sin cobrar), autónomos y demás, la miseria está a las puertas. Y parece que para el capital financiero que domina el mundo la única medida sea el banco de alimentos, la beneficencia, o el mínimo vital que puede llegar, como mucho, al 7 por ciento de los trabajadores y que no permite vivir dignamente.

La ministra Nadia Calviño, directa representante del capital financiero en el Gobierno, refutaba públicamente a Pablo Iglesias el 4 de junio, en declaraciones recogidas por El Economista, diciendo que “la reforma laboral será corregida a su tiempo”. Calviño, según ese mismo medio, se ajusta “al espíritu marcado por la Comisión Europea –de la que dependen nuestras ayudas para la recuperación– de no revertir reformas comprometidas en anteriores crisis”. Es decir que “a su tiempo” quiere decir que esperemos sentados.

Los fondos europeos «son un espejismo»

El caso es que a estas alturas nadie puede explicar para qué van a servir las supuestas ayudas europeas, y economistas solventes del sistema no dudan en decir que “son un espejismo” y que “no aliviarán los problemas de deuda de los países más afectados”, como explicaba Manel Pérez en La  Vanguardia el 7 de mayo.

En estas condiciones, Calviño y Escrivá ya han dejado caer que es posible una “nueva reforma de las pensiones” (en el marco del Pacto de Toledo, para implicar a todos los partidos y a los sindicatos, como en otras ocasiones). Sin duda esperan que los ardores del verano y el alivio del desconfinamiento calmen los ánimos, permitiendo que las reformas y el ajuste que pide el Banco de España sean la regla del próximo presupuesto, para el cual es necesario, como reclamaba el gobernador del mismo, un “amplio acuerdo político”.

Son dos mundos paralelos: los trabajadores de Nissan y de Alcoa exigen mantener sus puestos de trabajo, impedir los despidos, piden a los gobiernos central y catalán que intervengan, poniendo los puntos sobre las íes: mantener los puestos de trabajo y los empleos de alta cualificación como los de la industria, ¿no sería el mejor combate contra la pobreza? Los sanitarios se movilizan contra los nuevos despidos y contra los recortes de la anterior crisis,  los pensionistas se lanzan de nuevo a la movilización, en distintas ciudades se preparan movilizaciones que se anuncian masivas…

No es inevitable el futuro de tragedia social, no es una catástrofe natural como los terremotos o los tsunamis. No hay que resignarse a un futuro basado en desempleo y subempleo masivos, paliados con ayudas como la renta mínima; existen medios para salir de la crisis. Sin ir más lejos, durante estos tres meses las grandes fortunas han aumentado más de un 16%. Amancio Ortega ha aumentado su fortuna en un 17% mientras mantenía sus tiendas cerradas y a miles de empleados de Zara en ERTE. ¡Qué planes de empleo no podrían financiarse metiendo mano a estos especuladores! Sólo falta la voluntad política de tomar las medidas enérgicas que la situación requiere.

La campaña lanzada por el Comité por la Alianza de los Trabajadores y los Pueblos busca ayudar al movimiento de resistencia que ha surgido y se desarrolla. ¡Extendámosla


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