Un viento de cambio recorre todos los países europeos

10 junio, 2019 en Edición Impresa, Editorial

El domingo 26 de mayo, tres días antes en Gran Bretaña, se han celebrado las elecciones al Parlamento Europeo. En nuestro país, la particularidad es que la atención se ha concentrado en las elecciones municipales y en 12 de las 17 comunidades autónomas. Y si hay un resultado especifico, es que España es prácticamente el único país donde el Partido Socialista gana, sin ser mayoría absoluta, las elecciones. En efecto, un primer resultado a señalar es la caída general de todos los partidos socialistas en Europa, en particular en Alemania, pero también en Gran Bretaña, caída paralela a la de todos los partidos tradicionales conservadores.

O sea los partidos que después de la Segunda Guerra Mundial han asegurado el orden de los estados europeos, del “libre” mercado, de la propiedad privada de los medios de producción, en el cual inmensas movilizaciones y organizaciones obreras insertaron conquistas que hoy el capital pretende demoler.

¿Quien se ha aprovechado de esta caída? una buena parte no ha votado -el extremo es Portugal con el 75 por ciento de abstención, de votos blancos y nulos-, en otros países, los llamados «populistas» de derechas y en otros los verdes. Partidos todos ellos que parecen más flor de un día que verdaderas organizaciones; o sea, estamos ante una verdadera crisis de representación política de la clase obrera, pero también de la burguesía y de las capas medias de la sociedad.

Es el reflejo en realidad del rechazo a las instituciones de la Unión Europea y a los gobiernos que llevan a cabo la política del poder financiero que estas instituciones vehiculizan.

En tercer lugar, debemos resaltar también el fracaso de las organizaciones que propugnaban una nueva política: a la caída de Podemos en España se suma Francia insumisa en Francia (6,5 por ciento) o Syriza en Grecia.

Y sin embargo, este resultado electoral disparatado y contradictorio refleja de manera muy deformada la realidad de las relaciones entre las clases.
En efecto, en ningún país de la actual Unión Europea, los trabajadores han sufrido una derrota aplastante, al contrario, asistimos a una aceleración de la resistencia que busca nuevas formas, agrupamientos y medios para recuperar todo lo que los gobiernos han robado a los trabajadores aprovechando la crisis.

Desde este periódico obrero, con el que pretendemos ser un instrumento de ayuda a esta resistencia, planteamos más que nunca la necesidad de restablecer y multiplicar las relaciones de ayuda y solidaridad entre los trabajadores de Europa y sus organizaciones, para ayudar a superar los obstáculos políticos, para organizar la movilización unida por las reivindicaciones. Reivindicaciones que aúnan más que nunca y, en particular en nuestro país, las de la clase, como la derogación de las reformas laborales y la defensa de sistema de pensiones, con las democráticas contra las leyes liberticidas y los juicios a dirigentes políticos. Es nuestra aportación al combate por la Europa de los trabajadores, los derechos de los pueblos y la democracia, contra toda opresión y explotación.