Tambores de guerra

2 diciembre, 2015 en Edición Impresa, Editorial

Editorial de la edición impresa – nº 300 (4 de diciembre de 2015)

Con el paso cambiado. En vísperas de unas elecciones en las que todas las fuerzas políticas a las que las encuestas dan representación parlamentaria habían ya hecho sus planes, de pronto estalla el peligro de guerra. En efecto el imperialismo mundial, por medio del gobierno francés exige a todos los gobiernos y en particular al gobierno Rajoy que se empeñen en la Coalición Antiterrorista.

Aprovechando la emoción creada por los horribles atentados de París que nos recuerdan el 11M de Madrid en 2004, exigen la participación plena en la guerra sin fin. Guerra decretada en 1991 para crear un supuesto nuevo Orden Mundial. O sea para perpetuar el orden de la opresión y la explotación.

Todos habían previsto una campaña electoral “tranquila” para pasar de un supuesto bipartito a un cuatripartito. ¿Para hacer qué? No nos llamemos a engaño, para mantener el régimen monárquico, o los mas audaces para reformarlo “recuperando” el “espíritu de la transición”.

Incluso los partidos independentistas catalanes partidarios de la independencia sin soberanía se sienten incómodos ante la necesidad de tomar partido ante la guerra.

Pero ¿qué temen todos? La prensa, casi unánime, participa en la campaña internacional contra los musulmanes, estigmatizando a toda una población por sus creencias. Como no podemos recordar la estigmatización de los judíos en los años 30 que preparó las matanzas posteriores?

Se busca un enemigo, para dividir a los trabajadores, enfrentar a los pueblos y justificar todas las medidas contra los derechos sociales y democráticos exigidas por el capital financiero y sus instituciones: la Unión Europea y el FMI.

Sin embargo este sábado 28 en la Gran Bretaña y en las principales ciudades de nuestro país se han desarrollado las primeras manifestaciones contra la guerra.

Y todos los que aspiran a salvar la Monarquía, tienen miedo de que se repitan en nuestro país las multitudinarias manifestaciones de 2003 contra la guerra de Iraq que prepararon la caída de Aznar.

Porque todos saben que, a pesar del desconcierto provocado por la política pro monárquica de la dirección del PSOE y por la inconsistencia de los partidos emergentes, la inmensa mayoría de los trabajadores esta ahí dispuesta a abrirse camino, el camino de la acción común.

Este es el sentimiento que recorre nuestra clase, que espera de sus organizaciones UNA VOZ CLARA, FIRME, UNIDA: NO A LA GUERRA.


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