Sobre el Consejo Escolar Estatal

9 abril, 2020 en Enseñanza

Las propuestas del Consejo Escolar estatal son insuficientes y peligrosas

Sus propuestas del 7 de abril parecen recoger un sentir mayoritario, incluyendo la sugerencia de “una reducción y condensación de los currículos”. Sin embargo, contradictoriamente afirma que “las tareas educativas llevadas a cabo en casa, se propone sean evaluadas desde planteamientos de valoración de los desempeños desarrollados, mediante informes personalizados del alumnado, atendiendo a sus condiciones tecnológicas y de conectividad para la creación del conocimiento (la brecha digital no puede ser la causa de una evaluación negativa de los aprendizajes y las competencias)”.

Un auténtico brindis al sol: ¿esto lo va a hacer cada docente con cientos de estudiantes a su cargo? Estudiantes que, además de la citada brecha digital, también padecen de forma desigual otras consecuencias de la pandemia, incluyendo la muerte o enfermedad de parientes próximos, así como la incertidumbre y tensión asociados a situaciones de desempleo, etc. El Consejo, a la hora de la verdad, se decanta por apoyar la ficción de que habrá habido un curso completo, cuando es sabido que pese al valiosísimo esfuerzo del profesorado, lo acontecido desde el 11 de marzo no puede homologarse con lo previo. Pero propone que: “en cualquier caso, la evaluación final tendrá en consideración las evaluaciones de los tres trimestres”. A lo que sigue un nuevo brindis al sol: “Hay que garantizar, en todo caso, que todos los alumnos y las alumnas puedan realizar en igualdad de condiciones todas las tareas y evaluaciones programadas”. Inquietante porque, ¿cómo se podrá garantizar?

Propone también la posibilidad de pérdida de curso: “la evaluación final negativa y la repetición deben ser también recursos realmente extraordinarios”. Extraordinarios implica que son posibles. Y, ¿alguien puede asegurar que en una decisión tal no influyan las circunstancias personales de cada estudiante, que en muchos casos serán realmente dramáticas? La homologación de un supuesto tercer trimestre con los dos anteriores dispara el riesgo de que las calificaciones finales limiten, e incluso impidan, el logro del objetivo de progresión que define el afán pedagógico, sobre todo para el estudiantado más vulnerable socioeconómicamente.

El Consejo añade que “las administraciones educativas dispongan las medidas necesarias para que todo el alumnado pueda ser evaluado del tercer trimestre desde su lugar de residencia, de modo telemático o de cualquier otro modo”. Reiteramos la pregunta: ¿cómo se va a hacer esto sin que la discriminación se dispare y con una disponibilidad de medios materiales y humanos tan limitada, pese al enorme esfuerzo del profesorado?

El informe incluye propuestas razonables como que no se prolongue el curso en julio, el mantenimiento de todo el personal y de las sustituciones, así como un reconocimiento público del esfuerzo de educadores, de familias y estudiantes. Pero en relación con la preocupación general sobre la evaluación y titulación se alinea con la tramposa formulación de que el curso se ha completado. El objetivo de que nadie sea penalizado ni económica ni académicamente exige que no se compute como evaluación lo realizado de forma no presencial, obviamente sin menosprecio del esfuerzo vertido en ello.

X.A.


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