Salir del atolladero

30 junio, 2016 en Edición Impresa, Editorial

Editorial de la edición impresa – nº 306 (1 de julio de 2016)

Para los trabajadores, para los jóvenes, para los pueblos de este país, la unidad para echar a Rajoy y su política destructiva era y es una necesidad vital. Las peleas entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y otros dirigentes sobre quién iba a quedar segundo sólo han facilitado que Rajoy se mantenga, sin recuperar los votos que perdió el 20D. En efecto, han provocado el desconcierto entre sectores importantes de trabajadores porque sus campañas no estaban concentradas en cómo echar juntos a Rajoy para poder dar respuesta unidos a las reivindicaciones más sentidas y a los derechos de los pueblos.

Los sindicatos lo han dicho: es necesaria la unidad por la derogación de las reformas laborales, del artículo 315.3 y la ley Mordaza, de la LOMCE y el plan 3+2. Es necesaria la unidad para subir el Salario Mínimo y los salarios en general, poner en marcha un plan de choque para crear dos millones de empleos de verdad y salvar los servicios públicos, para habilitar un subsidio para quienes no encuentran trabajo. En conjunto, no son sólo exigencias de los sindicatos, sino de la inmensa mayoría que no puede aguantar más.

Estas reivindicaciones justas son inseparables del necesario restablecimiento de la fraternidad entre los pueblos. Hemos visto cómo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha utilizado sin disimulo los servicios del Estado para intentar crear escándalos y desprestigiar a dirigentes del movimiento popular o nacionalistas.

Como bien se ha dicho en Cataluña, lo que resurge es la matriz franquista de este régimen. Y aquí está uno de los problemas: respetar el régimen monárquico, sus instituciones, no es compatible con establecer la unidad en defensa de las reivindicaciones y de los derechos.

Cuando estas páginas van a imprenta, tres días después de las elecciones, no hay ninguna certeza de que pueda formarse un gobierno que siga las órdenes del capital financiero y sea capaz de aplicarlas.

En todo caso, para el movimiento obrero, para el movimiento de los pueblos, no es posible ningún apoyo ni abstención ante el intento de formar un gobierno que tenga como eje la continuidad de la política destructiva, que Rajoy al unísono con la Unión Europea y el FMI ha aplicado estos años. Y pretende seguir aplicando, se camufle como se camufle.

El 4 de junio, la Conferencia de Emergencia convocada por el CATP afirmaba:

“Los pueblos exigen un gobierno fiel a la mayoría, que no acepte los dictados de la Monarquía, de la Unión Europea y del FMI. Que abra las puertas a un verdadero proceso constituyente, en el camino de la República.

Conscientes de la experiencia de Grecia, Francia o Portugal, alertamos de que ni siquiera una victoria electoral importante garantiza que se cumplan la promesas electorales. Somos de la opinión, ratificada por los hechos, de que, como en Francia, sólo la movilización unida de trabajadores y pueblos con sus organizaciones puede imponer las reivindicaciones.”

Después del 26J, no podemos sino insistir en el fondo de esas afirmaciones: la unidad, la movilización unida para impedir que un nuevo gobierno Rajoy lleve la destrucción a extremos que hubieran parecido imposibles.


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