Racismo en España

18 junio, 2020 en Tribuna libre

A la mesa de redaccion de este periódico ha llegado una aportación del compañero Ignacio Gallego sobre el racismo en España, Informaciones Obreras como tribuna de lucha de clases abierta a todas las opiniones que nos lleguen en el terreno de las relaciones sociales ha decidido publicar dicha aportación aun entendiendo que dicha posición no coincide con nuestra línea editorial y solo es el punto de vista de su autor.



Racismo en España

Sin duda vivimos en un mundo global en crisis, circunvalado/ recorrido por la pandemia del coronavirus de Este a Oeste y de Norte a Sur, y pendientes de salir y de cómo salimos de la hibernación económica mundial que ha provocado el confinamiento de la población.

La propia evolución de la pandemia, su trayectoria y desarrollo geográfico a nivel mundial, la salida de la crisis económica post-confinamiento y la crisis de gobernanza y liderazgos políticos que ha ido generando la gestión de la epidemia, provocada por la expansión del virus, han puesto en evidencia las graves fisuras del sistema capitalista a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Una de estas fisuras sin duda es el racismo y la brutalidad policial que está sacudiendo el planeta, tras la muerte de un parado forzoso afroamericano de Minneápolis, George Floyd, detenido y asesinado por tres efectivos de la policía, a pesar de su grito desesperado: can´t breathe! (no puedo respirar), convertido ya en eslogan mundial antirracista.

 El 25 de mayo de 2020 el policía Derek Chauvin, con un amplio historial de expedientes por conducta violenta a sus espaldas, junto a otros dos compañeros, detienen y asesinan por asfixia al afroamericano de 49 años George Floyd, en Minneapolis, Estado de Minnesota, USA.

Tras su muerte, tras la muerte de George Floyd, se suceden las manifestaciones, la mayor parte de ellas pacíficas, pero también los disturbios, los saqueos y las revueltas callejeras en protesta por la brutalidad policial aporofóbica y racista, hasta el punto de tener que sacar a la Guardia Nacional y de que el Presidente Donald Trump tuviera que refugiarse en el bunker de la Casa Blanca. Al hartazgo del confinamiento pandémico, se ha unido el hastío frente al racismo y la brutalidad policial permanente y cronificada en la sociedad norteamericana. La reprobación contra el racismo se extiende y se generaliza primero por los Estados Unidos y posteriormente se globaliza a nivel mundial. El movimiento Black Lives Matter  extiende por todo el mundo la protesta y se realizan concentraciones y manifestaciones anti-racistas desde Londres a Berlín o Estrasburgo, y desde Barcelona a Madrid. Concentraciones y manifestaciones que rechazan el racismo y la brutalidad policial, atacando esculturas de personajes históricos relacionados con el tráfico y la venta de esclavos, por ejemplo, como la escultura de Edward Calston, en Bristol, la de Leopoldo II, en Bélgica, la de Winston Churchill en U.K., o la de Cristobal Colón, en USA; como símbolos de un sistema basado en la explotación racista y colonialista implantado de manera global, que persiste anclado en la virulencia y la brutalidad racial aun en nuestros días. La reivindicación iconoclasta mundial de sacar las esculturas relacionadas con el racismo de los espacios públicos, simboliza esta reprobación global contra el racismo y reclama la ausencia de derechos civiles de las minorías, marcadas por la pobreza, la desigualdad y la discriminación social y económica, ante la nueva realidad post-pandémica. La crisis sanitaria global ha sido el detonante para sacar a la luz los problemas de aporofobia, racismo, discriminación y desigualdad  que caracteriza las sociedades opulentas postmodernas.

 Si bien es cierto que la brecha racial en USA no puede equipararse con la de ningún país de Europa, ha sido en Europa donde se ha reproducido de  manera  contundente la reprobación iconoclasta contra el racismo, que se ha extendido por todo el mundo. Quizás como autocrítica del proceso civilizatorio y globalizador mundial fruto del eurocentrismo avergonzado, quizás como negación de nosotros mismos como sujetos civilizatorios.

Lo cierto es que el racismo y los abusos de poder de los Estados, caracterizados cada vez más, por su tendencia al autoritarismo y al control social, han sacado a la luz la desigualdad social y en concreto la desigualdad en función del color de la piel frente a las leyes.

En España ha habido manifestaciones en reprobación del racismo y los abusos policiales tras el fallecimiento de George Floyd en los distintos territorios que conforman el Estado español. Y existe, como en el resto del mundo, una tendencia a la estigmatización de los migrantes como causantes de la pérdida del empleo y de la inseguridad frente a un futuro mejor para los autóctonos. Sobre todo desde la aparición de Vox en el panorama político estatal, que ha polarizado y generalizado el discurso del odio al migrante y al diferente, como estrategia electoralista, reivindicando el nacionalismo diferenciador.

En este ambiente global de racismo aporofóbico y brutalidad policial, la lucha contra el racismo soterrado del día a día en nuestro país tiene más que ver con la quiebra de ese discurso del odio populista al que nos viene sometiendo la ultraderecha, con la lucha contra ese discurso polarizador y maniqueo de Vox, cada vez más extendido, con la reclamación de los derechos laborales de los migrantes empleados en el campo andaluz, castellano manchego o catalán, que nos han abastecido durante el confinamiento por la pandemia, con la lucha por el cumplimiento de los convenios agrarios para permitirles un alojamiento digno en sus lugares de trabajo, como ocurre hoy en Lleida, o con el respeto a los derechos humanos que poseen los migrantes por el hecho de ser ciudadanos españoles o estar en nuestro territorio, que con la lucha iconoclasta mundial y postmoderna, de carácter simbólico y progresista, que se mantiene contra los iconos del racismo mundial histórico en las distintas ciudades de Europa.

El día a día de la lucha contra el racismo en España pasa por evitar el bulling y la discriminación de los niñ@s de color en nuestras escuelas, por evitar el bulling racista y la discriminación social de los migrantes en nuestros municipios y ciudades, y por posicionarse frente a estas prácticas racistas allá donde se den.

La lucha contra la persecución racista y su protesta individual planteadas por Susana King en la localidad de Ocaña, Toledo, reivindicando sus derechos civiles y el respeto a su condición de española migrante, en defensa de su familia mono-marental y de su condición de mujer, se inscriben dentro de este contexto global de racismo aporofóbico, de lucha simbólica contra la tradición racista, colonial e iconoclasta y por la superación de los discursos excluyentes y polarizadores de la extrema derecha, que señalan al migrante y al extranjero como la personificación de los males de una sociedad capitalista enferma, sumida en una profunda crisis de continuidad y de auto-legitimación.

Ignacio Cabello


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