¿Quién manda aquí?

17 abril, 2020 en

Pedro Sánchez ha decidido esta semana tirar por la calle de enmedio… sin ni siquiera pedir de entrada la opinión del Consejo Científico, ni la de sus socios de gobierno y, muy posiblemente, tampoco la de su partido, ha decretado que a partir de lunes (martes según las comunidades) se reabría el trabajo en actividades “no esenciales”. Dicen con la debida protección, cuando ni siquiera los sanitarios la tienen. Millones de trabajadores, con peligro de caer enfermos y de contagiara a sus familias, han de acudir estos días al trabajo.

¿A qué intereses obedece esta decisión? Ya hace quince días, una circular del Ministerio de  Industria interpretaba el decreto del gobierno y declaraba “esencial” la producción de las empresas Import/export. Que no están, evidentemente, ligadas a actividades esenciales… pero sí relacionadas con los intereses de las multinacionales. Entre quienes reclamaban su apertura figuraba el Departamento de Estado de los EEUU, ya que algunas tenían pedidos del Pentágono.

Es fácil comprender que detrás de esta decisión no son los intereses de las personas trabajadoras y de la población los que han pesado, sino los del capital, que exige no detener la producción … incluso si no es esencial para alimentar a la población o combatir la epidemia.
En estas condiciones, ¿No es justo preguntarse qué sentido tiene proponer unos nuevos Pactos de la Moncloa? Esta semana Sánchez promete desvelar el contenido de su propuesta, y ha propuesto desde este martes reuniones con todos los partidos, empezando con el PP, los sindicatos y la patronal. Evidentemente, como cualquier trabajador, juzgaremos sobre el contenido de esas propuestas, pero, si nos atenemos a las decisiones de esta semana, mucho nos tememos lo peor.

Porque es evidente que la población y la clase trabajadora necesitamos un pacto de las organizaciones y partidos que nos representan, pero para revertir todos los recortes que han dejado la sanidad por los suelos, para derogar las contrarreformas laborales que han permitido un millón de despidos y una bajada generalizada de salarios, para derogar la LOMCE, la ley mordaza, el artículo 315.3, para asegurar las libertades, incluida la de los presos, para buscar una salida democrática y fraternal a las justas aspiraciones del pueblo catalán.

En las páginas de esta edición y de la anterior de este periódico obrero recogemos las declaraciones de militantes obreros de distintos orígenes sobre la posibilidad de este pacto. Coinciden en que la población trabajadora no necesita un Pacto para enjuagar las responsabilidades y responsables de este desastre. Porque estos responsables existen y continúan, como si no hubiera pasado nada. Los que privatizaron y recortaron la sanidad, en el Ministerio y las diferentes autonomías, siguen ahí, y no han mostrado dolor de contrición ni propósito de enmienda.

No queremos un pacto con los enemigos de los trabajadores. Necesitamos un pacto de la clase trabajadora y de los pueblos, y de sus organizaciones… cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Un verdadero acuerdo obrero y democrático para recuperar la sanidad y los servicios públicos, para recuperar los derechos que nos arrebataron, para que paguen las grandes fortunas y los especuladores. Para nacionalizar la banca y ponerla al servicio de la recuperación económica.


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