No hay salida sin romper con Rajoy

21 enero, 2016 en Edición Impresa, Editorial

Editorial de la edición impresa – nº 301 (15 de enero de 2016)

Para cualquier trabajador de cualquiera de los pueblos de España, para cualquier simple ciudadano, la situación parece sin salida. En efecto,

1) A ultima hora después de tres meses de “negociaciones”, la CUP de Cataluña haciéndose el harakiri decide investir al sucesor de Mas, Carles Puigdemont, alcalde de Gerona. Puigdemont anuncia la “desconexión “en 18 meses, eso sí, pactada con el Estado y la comunidad internacional. Nadie puede ocultar que la maniobra busca impedir una derrota de los independentistas y de los unionistas en unas elecciones anticipadas.

Sin embargo, el presidente de Catalunya Sí Que Es Pot, Rabell, plantea con justeza que esta declaración de investidura es una fanfarronada y que no se resuelve con una combinación parlamentaria lo que las urnas no dieron (recordemos que menos del 48 por ciento votaron por la independencia).

2) Un desahuciado Rajoy se agarra a la declaración de Puigdemont para exigir el apoyo al PSOE y a todas las organizaciones e instituciones. Se pavonea: el Estado está mas fuerte que antes. Van a aumentar las presiones del capital financiero para que haya un gobierno de Unión Nacional. Es lo que piden los mercados, lo que sin vergüenza exige el presidente del Eurogrupo Jeroen Dijselbloem, “España tiene que hacer más [recortes]: el problema es sobre todo qué gobierno lo va a hacer y cuando”.

Sin embargo, la derecha no puede ofrecer ningún plan para aglutinar a la reacción. Esperan que el estado de derecho o sea las instituciones franquistas con el rey a la cabeza resuelvan el problema. Como si el rey tuviese una varita mágica. La Monarquía y el aparato de Estado descompuesto son el primer obstáculo.

3) Este atolladero de las instituciones, del régimen monárquico, está preñado de amenazas para los trabajadores y los pueblos, que ya viven situaciones insostenibles. Ya el nuevo presidente catalán amenaza con arramblar con el dinero de la seguridad social, ya esquilmada por Rajoy. Todas las instituciones siguen pagando religiosamente a los bancos una deuda insoportable y ninguna tiene medios para sostener la protección social y los servicios públicos.

4) Lo último que los trabajadores y pueblos necesitan es una escalada interminable de provocaciones para enfrentar a los pueblos, como busca Rajoy.

5) La dirección del PSOE está en una encrucijada, cierra filas con Rajoy contra Cataluña, pero no apoya la investidura de Rajoy.

6) La mayoría social tiene derecho a reclamar al Partido Socialista, y también a Podemos y las demás fuerzas elegidas el 20 de diciembre para echar a Rajoy, que den una salida basada en:

– anular las medidas antisociales y antidemocráticas del gobierno Rajoy

– garantizar las reivindicaciones más urgentes

– dar una respuesta democrática a la exigencia del pueblo catalán (reiterada el 20D) de ejercer el derecho de autodeterminación, y así garantizar la convivencia fraterna entre los pueblos, sin imposiciones del régimen monárquico. El pueblo catalán tiene que decidir si quiere federarse, unirse o separase.

Los trabajadores, los demás pueblos no tienen ningún interés en oponerse a esta voluntad, al contrario, todos necesitan recuperar la soberanía, secuestrada por los bancos y la OTAN. El interés de los trabajadores de todo el país y de sus organizaciones es que este derecho se pueda ejercer, por ejemplo mediante un referéndum. Solo sobre esta base puede mantener la unidad de la clase y la lucha por recuperar los derechos perdidos, acabar con los recortes, con las leyes liberticidas y las persecuciones de los sindicalistas.

7) Sí, el Gobierno y las instituciones nos han llevado a un verdadero callejón sin salida.

Pero hay salida si partimos de los intereses de la mayoría social, de los trabajadores y los pueblos. El interés común es encontrar una salida democrática. Forjar la Alianza entre los trabajadores y los pueblos, el más amplio frente de organizaciones obreras y democráticas para acabar con Rajoy y el PP. Y abrir con este primer paso un proceso constituyente que barra la herencia franquista, sus instituciones, de entrada la Monarquía, que revierta los recortes, las contrarreformas sociales y políticas, y reconozca el ejercicio real del derecho de autodeterminación, única vía para restablecer la fraternidad entre los pueblos.


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