Lo que está en juego en Cataluña

4 septiembre, 2015 en Edición Impresa, Editorial

Editorial de la edición impresa – nº 297 (4 de septiembre de 2015)

La manifestación del 11 de septiembre y las elecciones al Parlament de Catalunya del 27S van a marcar la historia de nuestro país y la forma y los ritmos del combate por la emancipación social y democrático/nacional por largos años.

Por un lado, en el que nos situamos como periódico obrero, la angustia recorre a los trabajadores, las familias que sufren la crisis y el paro, los recortes de salarios, pensiones y servicios. La mayoría que ve cada día cómo las libertades duramente conquistadas se reducen, que el gobierno de la Monarquía lo ataca TODO y en particular al espacio de libertades que los pueblos han conquistado. Y este gobierno, con todos los que apoyan a la Monarquía, lo hacen en nombre de la defensa de los privilegios de las instituciones heredadas del franquismo y en nombre de la dominación del gran capital.

Pero en Cataluña el entusiasmo de algunos se combina con la desorientación de otros muchos. Nadie olvida quién es quién, ¿cómo creerse que vaya a ser Mas, campeón de recortes y defensor de la banca, quien defienda los derechos del pueblo catalán?

Y hay una búsqueda apasionada de respuestas, de puntos de apoyo, para intentar evitar el enfrentamiento, para sortear las amenazas (incluso militares).

Lo más lógico es buscar el apoyo en las organizaciones políticas y sindicales que dicen representar a los trabajadores. En nuestra historia los defensores de la causa obrera siempre se han identificado con los defensores de los derechos de los pueblos. Sin ir más lejos, bajo la dictadura se realizó la alianza efectiva, en la resistencia, de los trabajadores y los pueblos vasco, catalán.

¿Pero qué está pasando hoy? ¿Por qué solo UGT y CCOO de Cataluña afirman la defensa del derecho a decidir sin tener que compartir la salida independentista? Es precisamente el silencio atronador de las organizaciones a escala de Estado el que le da su chance a Mas.

Y ahora aún es más grave, Felipe González ha lanzado su anatema contra el pueblo catalán. Tiene la memoria corta, olvida que el día después de ser elegido, el 28 de octubre del 82, renegó de sus promesas. Porque, como él mismo reconoció, se preservaron las instituciones heredadas del anterior régimen.

Pero González no se retiró de la política, de nuevo tiene la memoria corta: en julio de 2010 apoyó con entusiasmo la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó el Estatuto votado por el pueblo catalán y aprobado en las Cortes. González olvida que aquello fue el punto de partida para que muchos, muchísimos catalanes se convencieran de que Cataluña no tenia encaje en este régimen monárquico. Y tienen razón.

En este régimen nadie tiene encaje, ni los trabajadores amenazados de despidos, ni los jóvenes sin trabajo, ni los pueblos sin derechos…

La mayor preocupación para la mayoría es hacer valer la fuerza que impida que las amenazas del gobierno de la Monarquía se cumplan y que el pueblo catalán pueda encontrar el camino para ayudar a restablecer la fraternidad entre todos sobre la base de la democracia. O sea, de la República del pueblo y para el pueblo basada en el derecho de autodeterminación.

Cien militantes obreros y demócratas han lanzado un llamamiento. ¿No es éste el camino para acabar con las amenazas y facilitar la fraternidad entre los pueblos?


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