Las revueltas del hambre en Azania y el Covid-19

30 abril, 2020 en Internacional

 Analisis de la situación en Sudáfrica como consecuencia de la pandemia originada por el Covid-19 elaborado por  Lybon Masaba , presidente del SOPA (Partido Socialista de Azania).



 

 

Las revueltas del hambre y de la tierra en Azania en plena pandemia del Covid-19

 Hace 25 años se inauguraba lo que comúnmente se llama el ejercicio de la democracia. La mayoría negra estaba inmersa en una sangrienta lucha contra un régimen de la minoría blanca que la mantenía en la esclavitud y en unas condiciones de vida inhumanas. La población negra se liberó de este sometimiento y reencontró y conquistó su plena humanidad tomando de nuevo posesión de su tierra antaño robada por los invasores europeos blancos. La comunidad internacional en su conjunto pretendía apoyar las aspiraciones de la mayoría negra, pero en realidad buscaba al mismo tiempo un medio para salvar el sistema capitalista en Sudáfrica. Tampoco podía confiar en verdaderos negros dotados de un verdadero poder político que podrían utilizar para acabar con varios siglos de racismo blanco que generó un infierno para la mayoría negra. En realidad, deseaba y promovía cambios cosméticos que permitieran que el poder económico y la tierra permaneciesen en manos de los blancos. Eligió al Congreso Nacional Africano (ANC) y a su jefe emblemático, Nelson Mandela, para negociar sobre la base de la salvaguarda del racismo blanco y del capitalismo.

Todo esto abocó a los acuerdos de la CODESA en Kempton Park. Los blancos conseguían conservar las tierras robadas, preservar su posición y privilegios, así como su control total de la economía. En cuanto a la mayoría negra, la CODESA la condenaba a la privación de tierras, a la extrema pobreza y a la miseria. Lo que hizo de Sudáfrica un país compuesto por dos naciones distintas racialmente escindidas: por un lado, la nación blanca, rica y económicamente viable, y por otro, la mayoría negra que vive en el fondo del hoyo sin prácticamente nada de su supuesta libertad. Sudáfrica ha llegado a ser considerada como la sociedad más desigual del mundo, siendo la mayoría negra más desfavorecida que durante los años del apartheid y los siglos de dominación blanca.

 Tal es el contexto en el que ha llegado a nuestro país la pandemia de la Covid-19. Sabemos de esta pandemia mortal desde enero, cuando Wuhan en China rompió su silencio e hizo público el virus y sus devastadores efectos. Nuestros dirigentes políticos se apresuraron a asegurarnos que estaban preparados para hacer frente al virus, pero ha sido en la primera semana de marzo cuando la realidad ha arrollado el país como un tren en marcha. La población blanca, gracias a disponer en todo momento de recursos económicos,  empezó a comprar masivamente todo lo que pensaba que necesitaría, lo que se llama  «la compra del pánico». La mayoría negra, que vive al día, tuvo que conformarse con mirar, con envidia a veces.

Cuando la pandemia alcanzó finalmente nuestras costas, el país en realidad no estaba preparado para hacer frente a este horror. Pese a su falta de preparación, debe admitirse como cierto que han hecho y hacen cuanto pueden dentro de los límites de sus capacidades para contener el virus. Han sacado su estrategia de un manual normalmente utilizado para las enfermedades víricas que incluye, entre otras cosas, la práctica de una correcta higiene, el lavado de manos, la distancia social, la necesidad de no exponer a los demás a la tos y los estornudos, así como el total aislamiento del país y el cierre de las fronteras. Todo esto no perjudica, es como la planta que todo lo cura, pero sería aconsejable buscar algo más adaptado a la enfermedad. La estrategia actual del gobierno es inadecuada e incapaz de hacer frente a la realidad de la situación. La población negra se queda sin trabajo y nuestros jóvenes tiene la tasa de paro más elevada del mundo, aun cuando muchos de ellos disponen de un título de enseñanza superior.

El gobierno ha implementado diversas estrategias intervencionistas, entre otras la distribución de alimentos. Pero, como de costumbre, los ministros y dirigentes extremadamente corruptos, no solo roban el alimento destinado a los indigentes, sino que también distribuyen alimento caducado hace mucho tiempo.

En consecuencia, se enfrentan a una increíble resistencia, en particular la de los jóvenes que se ven en la calle porque las soluciones prescritas no funcionan para ellos. También es el caso de la mayoría negra sin tierra que vive a menudo hacinada en chozas. Han comprendido que las estrategias actuales se aplican para servir principalmente a las grandes empresas y no están destinadas a ellos. Les es prácticamente imposible realizar todos esos gestos que se dicen necesarios para luchar contra la pandemia. Entonces tienen que decirse «tenemos que resolver nosotros el problema». Puede parecer ingenuo, pero sigue siendo cierto. Salen a las calles y entran en los supermercados en busca de comida porque quieren vivir.

Cada día, les bombardean con informaciones según las cuales los que sobreviven a la pandemia son los que gozan de un buen sistema inmunitario, y se preguntan cómo sobrevivir cuando apenas tienen nada para comer. Las Fuerzas de Defensa Nacional y la Policía sudafricanas solo responden en función de su visión de la socialización, la socialización del apartheid, la fuerza bruta. Son incapaces de comprender que la población negra esta confrontada a una situación de la que no es culpable.

Lybon Masaba 


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