Las libertades y los derechos sociales son indivisibles

11 febrero, 2019 en Edición Impresa, Editorial

El día 12 se abre el juicio oral en el Tribunal Supremo contra los dirigentes republicanos catalanes. Nueve de ellos llevan, de manera claramente abusiva, en prisión preventiva desde hace más de 14 meses.

Decía hace unos días el diario portavoz de la Casa Real, el ABC, que se trata del juicio más importante de la democracia española. No sabemos qué es lo que el defensor de la casta y dinastía borbónica, del capital financiero y de todos los privilegios de la Corte entiende por democracia, pero una cosa está clara: como dicen 400 juristas de todos los horizontes políticos, no hay ningún delito probado en las acusaciones, según la legislación vigente.

Por tanto, se trata de un juicio político, en el que el aparato judicial heredado del franquismo busca hacer un escarmiento dirigido a todos los pueblos, a todos los trabajadores y a sus organizaciones.

Se equivocan, por tanto, quienes pretenden esconder la cabeza debajo de la mesa o creer que una cosa es la persecución contra los “catalanes”, y que otra es la ley mordaza o el 315.3. Como aprendimos en nuestra carne, bajo la negra dictadura y después, el combate por las libertades es indivisible. No se apalea en Hospitalet a gente que quiere votar y se dan caramelos a quienes se manifiestan en Burgos o en Cádiz. Y el combate por las libertades está directamente relacionado con el combate por los derechos sociales y el conjunto de las reivindicaciones.

Y “en medio” aparece el Gobierno, que se presenta como lleno de buenas intenciones, pero que se arredra ante cualquier chillido de la derecha, y, últimamente, ante las ordenes de Trump y los ultimátum de González. Ni siquiera ha tenido que intervenir Trump, ha bastado un telefonazo del embajador en Madrid, las presiones de las grandes empresas y la amenaza de escindir el PSOE de Alfonso Guerra para poner a Borrell y a Pedro Sánchez en posición de firmes. Hasta ahora nos habían dicho que Trump era el fascismo, ahora se ha convertido en un defensor de la democracia… en Venezuela.

Los tics de vieja potencia colonial resurgen, y, sobre todo, los intereses espurios de las multinacionales –algunas españolas que saquearon Venezuela y que quieren más. Quieren acabar con el estado venezolano, poner un títere que permita saquear el país, apoderarse de su petróleo y sus minerales, sin obstáculos “soberanistas” o, como algunos les llaman, “populistas”.

La política internacional es un reflejo de la interna. Difícilmente se puede tener una posición independiente del imperialismo cuando en el país, el mismo gobierno se pliega a los aullidos de la derecha franquista y a las presiones de una patronal que financia los golpes de Venezuela.

Pero la misa no está dicha. Los elementos de resistencia están ahí, las diferentes movilizaciones lo muestran, como lo han hecho estos días estos días las manifestaciones conjuntas de taxistas y pensionistas. ¿Qué falta? La voluntad de unir esta resistencia, de plantear una acción de conjunto que imponga de la Libertad de los presos a la derogación de las contrarreformas, y, en esta vía, el rechazo a toda injerencia contra el pueblo venezolano.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *