Las barbas de tu vecino…

17 diciembre, 2019 en Edición Impresa, Editorial

El inmenso grito que llega desde Francia, desde lo más profundo de la clase obrera amenazada por las finanzas y su gobierno de perder su mayor conquista histórica: el sistema público de pensiones, se suma a la revuelta de los pueblos desde Santiago de Chile a Beirut…

Revuelta, estallido social contra lo insoportable: los poderes del capital, los gobiernos a su servicio, las instituciones internacionales se han puesto de acuerdo: quieren acabar con todo, con todo lo que los trabajadores y los pueblos han conseguido en su larga lucha: salarios, estatutos, pensiones, salud, educación, libertades. Todo debe ser destruido para permitir que el sistema capitalista viva, o sobreviva. Y la violencia, la represión, incluso la guerra si es necesario.

La huelga iniciada el día 5 de diciembre, y que en el momento en que escribimos estas líneas, 11 de diciembre, continua en Francia, tiene características propias, pero también comunes.

El llamamiento a la huelga se inició hace dos meses, los sindicatos del metro y transportes púbicos de París y las grandes ciudades realizaron una jornada de huelga en defensa de su sistema de pensiones. Y declararon: si el gobierno Macron no retira su proyecto de contrarreforma iremos a la huelga indefinida a partir del 5 de diciembre. El recorrido no ha sido fácil. Los altos dirigentes de las confederaciones eran renuentes. Al final dieron el visto bueno a regañadientes, y después no han dejado de intentar impedir que la huelga fuera indefinida y se limitara a una jornada de acción. Y después volver al “dialogo social”.

Pero desde septiembre se han realizado miles de asambleas en los ferrocarriles, en las escuelas, en toda la función pública para preparar la huelga. El día 5 se reunieron de nuevo y votaron la reconducción, y en estos momentos la mayoría de las asambleas siguen votando la continuidad de la huelga. 2 000 empresas privadas de todos los sectores se han sumado a la huelga, y 250 manifestaciones han recorrido Francia el día 5 y el 10. Como es habitual, la policía no ha dudado en provocar y cargar contra los manifestantes como lleva un año haciendo con los Chalecos Amarillos.

¿Cuál será el desenlace? El primer ministro francés, el día 11, anunció que mantenía lo esencial de la reforma con algunos reajustes para intentar implicar a los dirigentes sindicales. Pero algo ha cambiado: la voluntad mayoritaria de los trabajadores es controlar su movimiento en asambleas, y empiezan a elegir comités de huelga.

Mientras tanto en nuestro país se desarrolla un “apasionante” debate sobre cuándo, cómo, con quién se va a formar gobierno.

Para la CEOE, el Banco de España, los jueces y el rey el para qué está claro: es necesario un gobierno moderado y estable que continúe las reformas, cumpla el equilibrio presupuestario y haga respetar la Constitución.

O sea, continúe con los recortes, desmantele el sistema de pensiones y niegue el pan y la sal a los pueblos como el catalán que piden poder decidir, a los jóvenes o menos jóvenes que piden poder manifestarse, a los sindicalistas que exigen la abolición del artículo 315.3.

El gobierno actual en funciones, cuando habla de las reivindicaciones obreras y sociales, es menos que parco, hace temer claramente lo peor. Pero en cambio, la ministra Calviño da todas las garantías a la banca y el de Exteriores es el primero en reconocer al gobierno golpista de Bolivia y las elecciones fraudulentas del régimen argelino del 12 de diciembre contra millones y millones de ciudadanos que se manifiestan todas las semanas. En particular, el gobierno ha brindado un saludo “climático” de gobernantes de todo el mundo al presidente de Chile que en un mensaje condenaba como criminales a los trabajadores y jóvenes que asesina en la calle. El gobierno no ha dudado en enviar materiales represivos y expertos en “control de masas” a la policía chilena asesina y violadora, cosa a la que se negaban gobiernos europeos de derechas.

La huelga estos días de los trabajadores de la EMT de Madrid, como las acciones de los pensionistas, muestra que los trabajadores no esperan que el prometido gobierno progresista tome posesión para reclamar ya las reivindicaciones.

Y desde Francia llega un mensaje: no toquéis nuestras pensiones.

Más que nunca: gobierne quien gobierne, las reivindicaciones se defienden.