La sanidad ante el coronavirus

19 marzo, 2020 en Actualidad social

(Publicado en el IO especial coronavirus nº 1 – 19 de marzo de 2020)

Todas las tardes miles de ciudadanos salen a las calles a aplaudir al personal de la Sanidad Pública, nuestra defensa ante la epidemia. Quince años de recortes les han dejado en una situación muy precaria para hacer frente a la epidemia de coronavirus.

Fuentes del gobierno reconocen que las medidas -algunas rondando la desesperación- que se están adoptando ante el coronavirus intentan solamente reducir el ritmo de contagios para evitar el colapso del sistema sanitario.

¿Por qué hay que llegar a medidas tan drásticas como cerrar colegios y centros de día de mayores, mandar a miles de trabajadores a sus casas (entre trabajadores de los centros y los que tienen que dejar de trabajar para cuidar a sus familiares)?

Al mismo tiempo, en los hospitales de las regiones más afectadas, se están anulando consultas en centros de especialidades, operaciones e ingresos programados para dedicar camas a los pacientes afectados por el COVID-19. En algunos casos, se ha avisado de la carencia de camas de cuidados intensivos.

El resultado de la anulación de operaciones e ingresos programados es claro: van a aumentar -aún más- unas listas de espera que ya son insoportables y que, de hecho, ponen en cuestión el derecho a la salud.

¿Por qué, nos preguntamos, una vez más, se llega a esta situación?

Las causas están en los recortes que, paso a paso, sin prisa pero sin pausa, han ido desmantelando la sanidad pública, reduciendo el personal, disminuyendo el número de camas hospitalarias, cerrando hospitales.

Según un estudio elaborado por la Federación de Sanidad de CCOO, entre 2010 y 2018 se ha dejado de incluir en los presupuestos sanitarios 23.377 millones de euros en la sanidad. La cifra se ha calculado computando los presupuestos de las 17 comunidades autónomas y comparando los presupuestos reales con los que habría habido si se hubieran mantenido, sin recortes, los presupuestos de 2010.  En inversiones sanitarias, la pérdida es de 8.027 millones de euros en estos años.

En el año 2002, el número total de camas en hospitales públicos (contando camas de agudos, de media estancia y de salud mental) era de 115.069. Pero en 2016 eran 110.509. Casi 5.000 camas menos que en 2002, cuando en ese periodo el crecimiento de la población fue de 5.404.000 habitantes, una tasa de crecimiento del 13,17%, frente a una reducción de camas del 7%.

Hubo un cierto mantenimiento del número de camas entre 2002 y 2010, pero luego aumentó el ritmo de reducción de camas en el Sistema Nacional de Salud (SNS), de manera que en 2016 había 4.917 camas menos en funcionamiento con respecto al año 2010, lo que supone una reducción del 4,26 por ciento (115.426 frente a 110.509), según un informe de la Federación de Sanidad de CCOO (FSS-CCOO), elaborado con datos oficiales del Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La reducción de camas se ha acompañado de una reducción de personal. En 2010 había en la sanidad pública 471.661 trabajadores, y en 2015, 469.367.

En la Comunidad de Madrid, una de las más golpeadas -por el momento- por la epidemia, se han perdido 2.616 camas (a pesar de haber abierto 11 hospitales) y más de 2.000 trabajadores.

Tradicionalmente España ha tenido menos camas por 1.000 habitantes que el promedio de los países desarrollados (OCDE, UE, Europa), y esta situación cada vez ha ido a mayores, al disminuirlas cada vez más.

Según denunciaba hace apenas unos meses la Federación de Asociaciones de Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), las 3,42 camas/1000 habitantes de 2010 se han convertido en 3,3 en 2017. La media de la OCDE era de 4,7 y la de la UE de 5,21 camas/1000 habitantes).

Además, la dotación de camas hospitalarias por mil habitantes cambia en las diferentes autonomías, y va desde 2,46 en Andalucía a 4,16 en Cataluña, pero el descenso es generalizado, con sólo dos excepciones: Murcia y la Rioja (ambas en 2017 ligeramente por encima de la media con 3,37 camas/1000).

Para la mayoría de personas, el COVID 19 es una infección leve. Pero un porcentaje de entre el 5 y el 10% de los pacientes requiere asistencia en UCI. En Madrid, lugar de mayor difusión de la epidemia, un 30% del total de camas de la UCI están, en el momento en que se escribe esto, ocupadas por enfermos de COVID-19. Lo que pone de manifiesto la escasez de camas de este tipo. España tiene un total de 4.738 camas de UCI, con una distribución desigual que va desde las 190 camas por millón de Galicia a las 50 por millón de Castilla – La Mancha. Cifras absolutamente insuficientes: en los países desarrollados el porcentaje de camas destinadas a UCI del total de las hospitalarias ronda el 5%, mientras que en España, son un 2,5%.

En todas partes, hay hospitales que se mantienen cerrados. Es el caso del Hospital Militar de Sevilla, transferido a la Junta de Andalucía y que se está dejando caer a pedazos, o el del antiguo Puerta de Hierro de Madrid, que permanece igualmente cerrado y deteriorándose progresivamente.

Durante estos años, a quienes nos oponíamos a este desmantelamiento de hospitales y reducción de camas se nos decía desde los diferentes gobiernos autonómicos (todos ellos implicados activamente en los recortes) que en realidad no hacían falta esas camas, que las nuevas técnicas de cirugía ambulatoria y de diagnóstico hacían que “sobraran camas”. Bueno, pues ahora faltan y no se pueden improvisar.

En enero de 2020 (¡hace apenas dos meses!), la FADSP reclamaba que “para paliar la situación deberíamos exigir cuando menos situarnos entre 4,5 y 5 camas /1000 habitantes lo que supone entre 55.000 y 79.000 camas más de las que la mayoría deberían ser de media y larga estancia (unas 45.000), garantizando que ninguna comunidad autónoma esté por debajo de 3 camas/1000 habitantes”.

No hacía falta la epidemia del coronavirus para poner de manifiesto el deterioro de la sanidad pública como consecuencia de los recortes. El crecimiento desaforado de las listas de espera ya lo demostraba. Se sabía que el sistema era totalmente insuficiente para hacer frente a cualquier emergencia sanitaria, lo que se ponía de manifiesto anualmente durante la ola estacional de gripe. Y las autoridades sanitarias se han negado a remediarlo. La crisis del COVID-19 llueve sobre mojado.

Como conclusión, los recortes en sanidad, que son los responsables de esta situación, han de ser revertidos con urgencia. Es más, hace falta un presupuesto urgente de inversiones en la sanidad pública para que ésta se pueda recuperar.

Luis González y Blas Ortega


2 opiniones en “La sanidad ante el coronavirus”

  1. Luis dice:

    Bien. DESDE EL PUNTO DE VISTA SINDICAL. HAY QUE EXIGIR RESPONSABILIDADES POLÍTICAS, EN SU MOMENTO.

    1. Imposible dice:

      En nombre del Comité de redacción de informaciones Obreras te agradecemos tu aportación

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *