La grave situación actual tiene responsables

20 agosto, 2020 en

No, lo que sucede no es una fatalidad, por mas que desde las instituciones del Estado, el Gobierno, los medios de comunicación, pretendan situarlo así, de paso culpabilizando a la población y, en particular a la juventud. No, el desastre que conocemos no es una fatalidad. Como no es una fatalidad que estallen 2.500 toneladas de material explosivo en Beirut, como no es una fatalidad que decenas de millones de trabajadores de todo el mundo pierdan su empleo en pocos meses.

Este viernes, 13 de agosto, el Gobierno, junto con las comunidades autónomas, ha aprobado nuevas actuaciones ante la pandemia. Sin entrar en su análisis detallado, hay que señalar que todas son medidas restrictivas, sin que entre ellas figuren las necesarias medidas de refuerzo de la Atención Primaria, de contratación de rastreadores, de atención a la población inmigrante. Ante esas restricciones, hay que señalar que la culpa de lo que está pasando no es de la población, que sufrió 99 días de confinamiento, que no se han aprovechado para prevenir adecuadamente los brotes. Los resultados están ahí. Como bien dicen 20 autoridades científicas, la desorganización regional, diez años de recortes en la sanidad se pagan. Y más cuando desde marzo no se ha tomado ninguna medida seria para reforzar el sistema y en particular la Atención Primaria –al borde del colapso, de nuevo– y cuando solo ahora se empiezan los test masivos.

Pero a esta crisis sanitaria la acompaña –o se fuerza– la crisis económica y social. Algunas multinacionales se frotan las manos, pueden despedir a mansalva –como Nissan– anunciando una nueva reestructuración industrial, eufemismo para señalar la nueva etapa de desindustrialización. Para ello, cuentan con los instrumentos que les dieron las reformas laborales, que el Gobierno se resiste a derogar, a pesar de las exigencias sindicales y de las propias promesas de los partidos que lo forman.

Porque hay responsables de haber transformado un país industrializado en un país de “servicios” (pero no de servicios públicos, sino de hostelería y turismo). Es el resultado de la política desarrollada durante 40 años de juancarlismo, para preparar la entrada en la Comunidad Económica Europea y luego siguiendo los dictados de la Unión Europea.

Y no es tampoco una fatalidad el “descubrimiento” (a buenas horas) de las condiciones “infrahumanas” en que trabajan cientos de miles de jornaleros, muchos de ellos inmigrantes (a quienes se mantiene en la ilegalidad y hacinados, fomentando su extrema explotación), base de una producción agroexportadora a bajo costo.

La quiebra política que vivimos estas semanas, con el cuestionamiento del rey padre, que concierne al actual y compromete a la propia institución de la Monarquía, no se reduce a un mero hecho de corrupción. Lo que esta en cuestión, lo que se derrumba, es todo el entramado político, económico y social de estos 40 años y del que hoy sufrimos las últimas consecuencias.

¿Por qué el Gobierno se muestra impotente?

Porque no se puede tomar ninguna medida seria de protección de la población sin enfrentarse a los intereses del gran capital, de las multinacionales, que se aprovechan de las reformas laborales, o sin hacer frente a las instituciones heredadas del franquismo, con la Monarquía a la cabeza, que son una pesada losa para cualquier solución democrática, tanto para la cuestión catalana, como para los derechos y reivindicaciones sociales. Un gobierno que se somete al aparato judicial franquista y que como única salvación ruega la ayuda de “Europa”, esta condenado al fracaso. Esta “Europa” incapaz de coordinar ninguna medida común de protección de la población, está, sin embargo, dispuesta a exigir nuevos recortes como condición para conceder préstamos, que solo parecen destinados a que la banca internacional se lucre a costa de una nueva desindustrialización.

Frente a ello, sin pausa, y a pesar de la pandemia, ha empezado un amplio movimiento de resistencia, con avances y retrocesos, como en Nissan, entre el personal de la sanidad, en multiples empresas, en el movimiento de pensionistas. Alertados por los nuevos anuncios de unos presupuestos que el Gobierno prepara a todas luces en acuerdo con el capital financiero, y, por tanto, con el apoyo de la derecha.Es el desafío de los próximos meses, ayudar a multiplicar la resistencia para frenar los planes destructivos del capital y de la Monarquía, a los cuales el Gobierno cede.

Delegadas y delegados de colectivos que desarrollan la resistencia a estos ataques participarán el 7 de noviembre en la Conferencia que prepara el CATP, con sus experiencias y sus propuestas.


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