La catástrofe social que nos amenaza y los medios para combatirla

21 mayo, 2020 en

En nueve semanas de pandemia, además de la tragedia humana de decenas de miles de muertes y centenares de miles de infectados, tragedia que aún no se ha cerrado y cuyas consecuencias se han multiplicado por la privatización y recortes en sanidad, y por haber dejado las residencias de mayores a merced del lucro de unos pocos, está madurando un desastre social.

En efecto, un millón de despidos, 4,2 millones de trabajadores afectados por los ERTE que reciben un 70%, o la mitad, de su salario, y con meses de retraso, y que ven en peligro sus empleos, más de un millón de autónomos que no saben cuál será su futuro, un millón de hogares sin ninguna renta (las cifras se han doblado con el confinamiento obligatorio), miles de inmigrantes sin poder acceder ni siquiera a sus trabajos de miseria, centenares de miles de jóvenes que temen por su futuro académico. Y la sombra de recortes, que podrían ser peores que en el 2010, y que algunos, como la Airef, ya defienden abiertamente.

Las previsiones hablan de un 50% de paro en Canarias, un 40% en Baleares, cifras similares en Málaga y otros destinos turísticos.

Se anuncia una deuda pública de más del 120% del PIB, una losa para la recuperación económica, y un peligro para los servicios públicos mientras se mantenga el artículo 135.3 de la Constitución. En su comparecencia en el Congreso, el Gobernador del Banco de España ha pedido, según publica El País, “un plan de ajuste de las cuentas públicas pactado por los partidos, gradual y a medio plazo, una vez haya pasado lo peor de la pandemia. Esto es, una combinación de subidas de impuestos, recortes, ahorros y contención en el gasto”.

Desde el Gobierno y los medios afines se repite e insiste que no va a ocurrir como en la crisis abierta en 2008 y que nadie se va a quedar atrás… pero multiplicar los parches no resuelve ningún problema.

¿Por qué?

El Gobierno ha decretado, al amparo del Estado de Alarma, más de 200 medidas de diverso tipo. Pero contrasta la energía con que se limitan libertades esenciales aplicando la ley mordaza, con la ausencia total de medidas, que el propio Estado de Alarma permite, para poner las capacidades productivas del país al servicio del combate contra la pandemia.

Todas las medidas adoptadas se detienen en el umbral de la propiedad privada, de los bancos, de las multinacionales y de las instituciones heredadas del franquismo, en primer lugar la corrupta monarquía.

Cuando una multinacional como Nissan amenaza con el cierre, dejando en la calle a 4.000 personas, los trabajadores se preguntan: ¿qué impide al Gobierno intervenir una empresa a la que ha subvencionado durante 30 años?

Cuando las cosechas amenazan con pudrirse, ¿qué impide al Gobierno regularizar a miles de trabajadores emigrantes dispuestos a trabajar?
Cuando el sistema sanitario estaba colapsado, ¿qué impedía poner la sanidad privada bajo el control del Estado, empezando por los dantescos geriátricos?

Y cuántas medidas de este tipo se podrían, se deberían tomar, como recuperar los 60.000 millones entregados a la banca, más necesarios que nunca cuando el Estado roza la bancarrota.

Están claras las medidas para combatir la pandemia, y también para impedir la catástrofe social, sólo falta la voluntad política para aplicarlas. Cualquiera de ellas tendría el apoyo masivo de los trabajadores y de la población. Pero no van a salir de ningún consenso con las derechas. Por el contrario, su aplicación exigiría a las organizaciones de los trabajadores, a los sindicatos, ponerse a la cabeza de la movilización para romper todas las resistencias del gran capital y la derecha.

No hay tiempo que perder, este es el sentido de las 14 medidas urgentes que proponen cientos de militantes y responsables trabajadores, jóvenes, sindicalistas, en la carta que han enviado a los dirigentes de las principales organizaciones y que espera, aún, sus respuestas.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *