Indignación y rabia

10 abril, 2020 en

Cada día se extienden los brotes de resistencia de los trabajadores, la juventud, de todos los sectores de la sociedad que han aparecido desde el primer día de confinamiento. En los hospitales, cuyos trabajadores se juegan la vida y reclaman personal y medios de protección, en las empresas, donde se exige trabajar en condiciones que no pongan en riesgo la salud e incrementen los contagios, entre los estudiantes, que no quieren perder el curso, los pensionistas y los familiares de los mayores, que exigen protección adecuada en los geriátricos… la lista sería interminable, y este periódico intenta reflejar esas muestras de resistencia, aunque sea limitadamente.

No faltan las razones para la indignación y la rabia. Veamos.

Cuando escribimos estas líneas se reúne el Congreso para votar sobre la decisión del Consejo de Ministros de prolongar hasta el 26 de abril el Estado de Alarma, en que cada vez se subrayan más aquellos aspectos que suponen un ataque frontal a las libertades más elementales en nombre del confinamiento sin duda necesario, pero que el Gobierno ha decidido acompañar de un despliegue masivo de policía y Ejército, haciendo uso a troche y moche de la odiada ley mordaza.

El baile de cifras, todas incompletas, oculta la magnitud de la catástrofe. Y en particular el desastre genocida en los geriátricos, que se están convirtiendo en muchos casos en trampas mortales, librados a la “iniciativa privada” y víctimas de las regulaciones autonómicas que permiten una bajísima dotación de personal.

Los portavoces del gobierno, encabezados por la ministra de Economía, Nadia Calviño, servidora directa del capital financiero, hablan de recuperar la “actividad económica” a partir del lunes o martes próximo, sin dotar a los trabajadores de los medios de defensa necesarios, que ni siquiera tiene aún todo el personal sanitario y los trabajadores de los geriátricos.

Esos ministros anteponen el interés de los bancos a la protección de la población. Es lo que hace la UE, que condena al gobierno español a organizar un salvamento con pocos medios y muchos muertos y a cargar a generaciones con la deuda de la supuesta “recuperación”. La UE no quiere salvar a la población, la sacrifica a los bancos.
Esos elementos, y muchos más, alimentan la indignación y la rabia, y el desapego general en relación a todos los partidos e instituciones, y, en primer lugar, la Monarquía, comisionista de las multinacionales, envuelta en sus chanchullos habituales de corrupción.

Por ello suenan las trompetas de pacto. Los mismos que nos dicen que ahora hay que “arrimar el hombro”, mientras ellos arriman el ascua a su sardina, pretenden decirnos que luego tampoco va a ser hora de reivindicar, sino de volver a arrimar el hombro. Un pacto que, para muchos, no aparece como “pacto para salvar al país”, sino para salvar, otra vez, a los especuladores, los banqueros y las grandes fortunas, y para salvarse “ellos” del justo odio y rabia de los trabajadores y los pueblos.

Ya se elevan, desde el movimiento obrero, las primeras voces contra esas propuestas de pacto. Desde este periódico nos esforzaremos por darles cabida.


2 opiniones en “Indignación y rabia”

  1. José María herrera molina dice:

    Es cierto todo lo expuesto, aunque yo estoy seguro que es una guerra sanitaria en toda regla y como siempre son los poderosos los que serán los ganadores de la guerra.

    1. CR dice:

      En nombre del CR gracias por tu aportacion

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *