¡Hay que acabar con la monarquía, cada vez más incompatible con la democracia!

18 marzo, 2020 en Actualidad política

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Mientras la mayoría padecemos las consecuencias de los recortes en sanidad, salen a la luz más y más corrupciones de los Borbones

Las noticias sobre la fortuna ilegitima del borbón han sido innumerables. Su amistad con las dictaduras del petróleo, su apoyo a la guerra de Irak etc., le han hecho aparecer como un comisionista que ha cobrado por sus intermediaciones empresariales o políticas. Recordemos el caso KIO. Nadie lo investigó. Fue protegido por las principales fuerzas políticas.

El último caso, el millonario enjuague del rey Juan Carlos con una de sus amantes, la aristócrata alemana, Corinna zu Sayn Wittgenstein (65 millones de euros). Ahora aparecen nuevos datos tras la publicación de múltiples grabaciones por parte de las cloacas del estado y de su máximo exponente, el policía José M. Villarejo. Entre otros, el cobro de una mordida de 100 millones de euros, ligada a su labor de comisionista ante la monarquía saudí.

A estas alturas, a nadie podría extrañar que fuera cierto lo que aparece y la denuncia de su propia ex amante, según la cual el rey la utilizaba como testaferro y, al romper su relación, ha llegado a amenazarla y ha utilizado los cuerpos del Estado para investigarla.

De ser verdad, como todo apunta, nos encontraríamos ante un autentico mafioso y ladrón protegido por el privilegio que le concede la Constitución, la inviolabilidad de su persona. Inviolabilidad que ha sido utilizada, por a izquierda y derecha, para protegerle.

Tras el escándalo protagonizado por su hija Cristina y su yerno Iñaki Undargarín, a quienes había concedido el título nobiliario de Duques de Palma, se quiso limitar la corrupción a un recién llegado a la Casa Real, con el hipócrita gesto de retirarles ese título. Pero este nuevo caso deja al descubierto que se trataría, por el contrario, de la podredumbre de la casa de Borbón en su integridad.

Felipe VI intenta salvarse con la entrega de su padre

Recordemos que uno de los hechos mas destacados del proceso a Undargarín y a la hermana del rey Felipe, Cristina, fue la defensa de ésta que hizo el fiscal, actuando de hecho como abogado defensor, en un proceso sin parangón en la historia de los procesos judiciales. Incluso después Felipe pretendió separarse de su hermana y su cuñado, con la vana pretensión de salvarse él y salvar a la monarquía.

Ahora cuando se descubre que el mismo Felipe aparece como beneficiario de la herencia de su padre, hace un movimiento a la desesperada, escenificando una ruptura, como si no fuera parte central integrante de su corrupta dinastía. De hecho, esta escenificación incluye el fraude de renunciar a su herencia, lo que la legislación española (arts. 816 y 991 del Código Civil) sólo permite y de forma limitada cuando se produce el fallecimiento de la persona de la que procede la herencia.  Máxime cuando se trata de dinero negro, depositado en cuentas fiscales de refugios fiscales. Mentira sobre mentira sobre mentira.

¿Alguien  puede creer seriamente que Felipe no conocía los negocios de su padre… negocios que le benefician directamente? ¿Alguien duda de que los servicios de información del Estado no sabían perfectamente todo lo que había?

Antes de hacerse pública la falsa renuncia de Felipe VI a la herencia de su padre, la Mesa del Congreso de los Diputados (con los votos de PSOE, PP y Vox) había rechazado abrir una comisión de investigación sobre los negocios del rey “emérito”, aunque ya se lanzan voces dentro del PSOE que rechazan esa decisión, como  el diputado  por Guipúzcoa, Odón Elorza, que ha calificado las revelaciones sobre la fortuna de Juan Carlos de Borbón como un “escándalo monumental”.

Con honra y sin Borbones

Cuando la mayoría de la población –y por tanto fundamentalmente la clase trabajadora- sufre las consecuencias sanitarias y económicas del coronavirus (con la amenaza de despidos masivos que ya empieza a concretarse), la figura de la monarquía aparece aun más enfrentada a los pueblos y a los trabajadores; aparece como les: incompatible con las necesidades de la mayoría.

Queda cada vez más claro que, si el gobierno pretende avanzar en la satisfacción de las exigencias de la mayoría, tiene que enfrentarse a la monarquía, la corte corrupta que la rodea y al capital financiero quien ésta sirve.

No puede haber ninguna tregua. Hay que acabar ya con la institución monárquica. La salida de esta crisis sólo podrá tener lugar con una mayor democracia,  con la proclamación de la Republica. Una República que defienda los derechos de la clase trabajadora, de la juventud, que promueva la colaboración de los pueblos y ponga los recursos económicos al servicio de la mayoría. Una republica que acabe con la corrupción sistémica.

Los Borbones han sido históricamente una dinastía de ladrones, asesinos, esclavistas y golfos (y golfas). Consecuentemente, se aliaron con Franco para convertirse en herederos de su régimen perpetuando así la negación de los derechos democráticos más elementales. Acabar con la monarquía es hacer valer nuevamente el lema con el que se levantó el almirante Topete en Cádiz contra la reina Isabel II, el grito de ¡viva España con honra y sin Borbones!

Sin duda alguna ha llegado la hora para que las organizaciones y los partidarios de la democracia multipliquen las iniciativas destinadas a acabar con la monarquía y proclamar la República, basada en el derecho de autodeterminación de los pueblos, en que estos puedan decidir libremente las relaciones entre ellos.


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