Entrevistamos a Mario del Rosal, profesor de secundaria y afiliado a CCOO

7 mayo, 2020 en Entrevistas
Entrevistamos a Mario del Rosal, profesor de secundaria y afiliado a CCOO donde expone su punto de vista respecto a la situación generada como consecuencia de la pandemia del Covid-19. Analisis a tener en cuenta de una persona que lo vive directamente en vez de los anuncios de sirena de los medios oficiales


Información Obrera: Aparte de las dificultades inevitables de suspender la actividad docente presencial, ¿cuáles son los principales problemas con que os habéis encontrado?

 Mario del Rosal: Los problemas más graves han sido de cuatro tipos. En primer lugar, la necesidad de improvisar sobre la marcha todo tipo de materiales y actividades con los que tratar de continuar de la mejor manera posible un proceso de enseñanza-aprendizaje enormemente distorsionado. Ni los libros de texto, con sus webs de apoyo, ni tampoco los materiales convencionales han servido más que parcialmente para ello. Cada profesor ha tenido que trabajar muy intensivamente para poder garantizar de la mejor manera posible la continuidad del proceso.

En segundo lugar, tanto los profesores como, en especial, los tutores han tenido que responsabilizarse del seguimiento de un alumnado muy numeroso en situaciones muy dispares. Imaginaos la tremenda dificultad de intentar localizar, motivar, seguir, evaluar y calificar a alrededor de ciento cincuenta estudiantes, que es un promedio optimista por docente, en una situación personal, la del profesor, que obviamente está sometida a las mismas tensiones que el resto de la sociedad.

En tercer lugar, la casi insuperable dificultad de intentar adaptar, a marchas forzadas y sin apoyo técnico ni pedagógico de ninguna clase, los procedimientos de evaluación y calificación a la nueva situación. Cada profesor ha tenido que diseñar un sistema ad hoc sin experiencia previa ni referencias fiables. Un sistema del que sin duda será, ante los padres y la Administración, el único responsable. Y todo ello, en una situación totalmente inédita y de continua incertidumbre, en la que ni siquiera tenemos certezas sobre la posibilidad de volver a clase en algún momento, ya sea para docencia directa o exámenes presenciales.

Por último, debemos destacar los continuos problemas técnicos que hemos tenido con EducaMadrid, la plataforma online de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Ha presentado continuos fallos que, en muchas ocasiones, ha impedido a los alumnos poder enviar sus trabajos en tiempo y forma a los profesores. Tampoco ofrece un sistema de docencia online directa adecuado. Esta situación ha hecho que muchos profesores hayamos tenido que optar por alternativas de emergencia que, en todos los casos, son ofrecidas por empresas privadas.

IO: ¿Qué debería hacerse, cuáles son las principales medidas que podrían y deberían tomarse?

 MdR: Sería iluso pensar que es posible encontrar soluciones a todos estos problemas en un plazo de tiempo tan corto. No obstante, sí hay cosas que la Administración podría hacer y no ha hecho. Además de las obvias mejoras técnicas que sólo se han empezado a solucionar recientemente, pedimos algo mucho más importante: que confíen más en nosotros, los docentes. Somos profesionales responsables, no empleados deseosos de esquivar nuestras obligaciones, y nuestra principal preocupación es ayudar a nuestros alumnos. La Administración debería ser consciente de ello, en lugar de buscar métodos de vigilancia y monitorización continua que, no sólo no nos ayuda, sino que nos supone una sobrecarga de trabajo aún mayor que la que ya sufrimos.

Por otro lado, la Administración debería abstenerse de tomar iniciativas tan lamentables como paralizar los procesos de nombramiento de interinos bajo la ridícula suposición de que los docentes en activo podrán hacerse cargo de esos alumnos. Esto no sólo es intolerable desde el punto de vista laboral, sino un grave perjuicio para los alumnos y las familias.

IO: Respecto al cierre del curso y el comienzo del siguiente, ¿cómo ves la situación?

MdR: En cuanto a la evaluación y la calificación de los alumnos en este curso, el cierre va a ser complicado porque en la mayor parte de los grupos (al menos, en los que no son de final de etapa), no habrá posibilidad de hacer pruebas presenciales. Por lo tanto, habrá que evaluar y calificar a los alumnos a distancia. En los cursos en los que se finaliza etapa (4º de ESO y 2º de Bachillerato), aún no sabemos si será posible, puesto que depende de las fechas en las que Madrid entre en la Fase 2. Pero el escenario más favorable también presenta muchos problemas derivados del espacio necesario para las pruebas y de los peligros de contagio. No sólo por la propia presencia física de alumnos y docentes en espacios relativamente pequeños como las aulas de los institutos, sino por el propio tratamiento de los exámenes en papel, la resolución de dudas durante los exámenes, etc.

Por otra parte, se ha dicho que los alumnos de esos cursos de final de etapa podrían volver a clases “voluntariamente” en caso de que se entrara en esa Fase 2, siempre y cuando no se superen los 15 estudiantes por aula. Eso es una quimera, puesto que la ratio realmente existente es mucho mayor. O los docentes adquirimos el don de la ubicuidad para dar clase en dos o tres aulas a la vez, o va a ser imposible ponerlo en práctica. Por no mencionar el hecho de que, supuestamente, esos profesores tendrán que continuar atendiendo al resto de sus alumnos a distancia. Algo francamente disparatado.

En cuanto al próximo curso, creo que debería imponerse en mayor medida el sentido común para garantizar el menor perjuicio para el alumnado. En primer lugar, es absurdo pensar que podemos iniciarlo antes. Los institutos ya tenemos muchos problemas para poder empezar en fechas tan tempranas como lo venimos haciendo normalmente, puesto que, año tras año, se ha ido adelantando el principio de curso sin que hayan disminuido las necesidades de organización, diseño y planificación exigibles para comenzar con garantías.

En esa misma línea, no creo que sea razonable ni sensato pensar en una modificación del calendario escolar para tratar de compensar las horas presenciales no impartidas a lo largo de este tercer trimestre. Los alumnos españoles ya figuran entre los que más horas lectivas tienen de toda Europa y, desde luego, forzarlos a asumir una carga aún mayor sería del todo contraproducente para su rendimiento escolar.

Por lo tanto, lo que deberíamos hacer es tratar de reforzar en lo posible a lo largo del curso que viene las competencias y los contenidos más débilmente trabajados en este trimestre. Con una buena planificación y, sobre todo, con un mayor compromiso por parte de la Administración para facilitar el trabajo de los docentes, sería factible. En particular, veo imprescindibles tres cosas: rebajar las desproporcionadas ratios que sufrimos, reducir el elevado número de horas lectivas y reforzar las figuras de intervención psicopedagógica y social que tan brutalmente se han recortado en los últimos tiempos: profesores de apoyo, orientadores, logopedas, PTSCs, integradores sociales, etc.

 IO: ¿Quieres añadir algo más?

 MdR: Sí. Me gustaría destacar dos cosas más. En primer lugar, la esforzada y meritoria actitud de la mayor parte del alumnado. Lejos de la caricaturesca imagen que de ellas y ellos suelen transmitir los medios, debo decir que nuestros adolescentes han mostrado una extraordinaria capacidad para adaptarse a tan traumática situación. En particular, los alumnos de segundo de Bachillerato, que nos dan cada día una lección de pundonor y responsabilidad.

Y en segundo lugar, no querría cerrar esta entrevista sin mostrar mi admiración personal y mi orgullo de clase por mis compañeras y compañeros docentes de la escuela pública. Su compromiso con la educación de nuestros jóvenes ha sobrepasado con creces sus obligaciones profesionales y su esfuerzo –nuestro esfuerzo– está siendo verdaderamente enorme. Y todo ello con un objetivo que, sin duda merece tan arduo trabajo: la igualdad de oportunidades y el espíritu crítico, constructivo y solidario que sólo la educación pública –la de todas y todos– puede garantizar.


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