Entrevistamos a Arturo, investigador del CSIC

14 mayo, 2020 en Entrevistas

El IO especial nº 9 en su pagina nº 9 contiene los extractos de una entrevista realizada aun joven investigador del CSIC sobre la situación laboral de este sector agravadas en la situación de pandemia originada por el Covid-19



“Inestabilidad laboral, contratos precarios sin garantía de poder trabajar como científico”

Entrevistamos a Arturo, investigador del CSIC

Información Obrera: ¿Cómo ves la precariedad laboral en el ámbito de la ciencia y cómo le ha afectado la pandemia?

A: El trabajo en ciencia está, por lo general, mal pagado y se trabajan muchas más horas de las que pone en el contrato de trabajo. Así, por ejemplo, alrededor de 10000 investigadores predoctorales en España cobran cerca del salario mínimo y trabajan como el que más en el mundo científico. No es rara la jornada de 12 horas y el llevarse el trabajo a casa día tras día, sin descanso lo fines de semana. En definitiva, salarios bajos y muchas horas extras sin pagar. Y cada estatus tiene problemas adicionales. En el caso predoctoral, como el contrato está en una especie de limbo legal, no se les concede indemnización por fin de contrato, aunque se hayan dictado varias sentencias a favor. Y la situación no mejora cuando se pasa al siguiente escalón. Tras el doctorado esperan, por lo general, años de inestabilidad laboral, contratos temporales cortísimos y ninguna garantía de poder trabajar como científico, ni siquiera, en el país de origen. Esta realidad es un poco menos mala en países más ricos como Alemania o Francia, aunque lo que es seguro es que las horas extra se siguen sin pagar en ese caso.

La cuestión, podría argumentarse, es que los científicos aman su trabajo, lo hacen parte de su vida. Pero no hay ni que decir que amar o no una profesión no es excusa para mal pagarla y no retribuir ni siquiera las horas extra. Tiene esta carrera más contradicciones. En muchos casos el acicate de la ciencia es la competitividad entre científicos. No entendida como deportiva, que es lo que cabría esperar, si acaso, sino como competencia insana. Así, como para poder seguir con contrato (y poder vivir trabajando en ciencia) los científicos tienen que publicar artículos y sacar resultados, el sistema de publicaciones y muchas veces las propias investigaciones se dividen y deforman haciéndose funcionales a la publicación como fin, no como medio para aumentar el conocimiento del mundo. Así, en muchos casos, los científicos tienen que tergiversar la ciencia con el fin de amoldarla para que parezca más productiva al que paga, que puede ser del ámbito privado o público. Esto lleva a plegarse a intereses empresariales a veces, si es una empresa la que financia el resultado, o a deformarla para que parezca lo que no es con tal de publicar uno o dos artículos. Por suerte, esto no pasa siempre, pero da una idea de las tretas a las que desafortunadamente se tienen que incurrir con tal de poder continuar trabajando. Los más afectados y los que más tienen que amoldarse a la situación son los investigadores jóvenes y de grupos de investigación pequeños que acaban perdiendo la batalla de las publicaciones o la consecución de contratos frente a grupos más grandes que son los que marcan finalmente el paso.

La COVID-19, como ha hecho con muchas otras cosas en el ámbito laboral, ha aumentado los problemas del sector. Es como una lupa que agranda los defectos. La ciencia tiene sus tiempos, que no se suelen corresponder con la duración total de los contratos temporales de los científicos en tiempos de normalidad. Así, el parón de estos meses, que no hace más que empeora la situación, no se va a compensar en muchos casos con suficiente tiempo extra de contrato para poder terminar a tiempo las investigaciones. Se esperará que los científicos aprieten (más horas extra, menos descanso) si quieren acabar sus contratos y su investigación al mismo tiempo.

IO: ¿Qué valoración te merecen las medidas adoptadas desde entonces? ¿Están en la línea correcta? ¿Son suficientes? ¿Qué debería hacerse?

 A: Para ver qué se ha hecho, en el caso más favorable, podemos mirar a lo que ha propuesto el ministerio de ciencia. Se han propuesto prórrogas de hasta 5 meses del contrato en función del parón que se produzca en total. Este tipo de medidas ayudan sólo en parte, puesto que sólo parchean estos meses, que han sido especialmente dramáticos para las ciencias experimentales. En muchos de los casos, experimentos que llevaban tiempo haciéndose, por ejemplo, con plantas o pacientes, van a necesitar mucho más del tiempo equivalente de este parón para recuperarse. Por lo tanto, es una medida, si no cosmética, que no atiende a las necesidades reales de la ciencia.

Desde el gobierno deberían hacerse más contratos indefinidos. Ahora y siempre. Para evitar que eventos inesperados como este trastoquen tanto el curso normal de la ciencia. Eso ayudaría de verdad a hacer una ciencia tranquila y segura, estable.

IO: ¿Quieres añadir algo más?

 A: Quiero destacar que los trabajadores de la ciencia son trabajadores que descansan muy poco y supeditan su vida totalmente al trabajo. Actualmente, gran parte de la investigación se hace financiada por organismos públicos lo que hace que no se pueda decir que estén netamente explotados. Sin embargo, eso no quita para que en España el trabajo sea precario, sin poder acceder en muchos casos a los materiales necesarios para mantener una investigación correctamente. Si bien esto genera una gran capacidad de inventiva para hacer de la necesidad virtud, se necesita mucha más inversión pública en ciencia para contratar más gente, hacer indefinidas a los que están ya trabajando, y conseguir mejores infraestructuras para poder hacer mejor algo tan importante como es la investigación. Si no, estos días la ciencia buscará financiarse en entidades privadas que en ningún caso quieren conocimiento para el bien común, sino para sostener su beneficio privado.

Los congresos son la manera que tiene la ciencia de avanzar, conectando investigadores y campos continuamente. Y desde siempre estos congresos se han hecho presencialmente. En esta cuarentena, en la que han primado tanto las conexiones telemáticas, han empezado a aflorar iniciativas de congresos on line para científicos. Incluso se las alienta en las más prestigiosas revistas científicas bajo argumentos ecologistas que, si bien no son falsos, se agrandan como si fueran la razón principal. Sin embargo, bajo mi punto de vista esto encierra un peligro. En las conferencias tradicionales, un investigador pequeño puede hablar con un investigador importante, de un grupo grande y, café en mano, convencerle o discutir una propuesta o línea de investigación. Con los congresos on line eso es virtualmente imposible. Además que seguir charlas en vídeo o leer las publicaciones en un ordenador es algo que ya se puede hacer actualmente. El resultado entonces podría ser que las grandes conferencias, por lo general caras y sólo restringidas a los grupos más grandes, sigan celebrándose. Mientras, las oportunidades de congresos más humildes a las que investigadores con menos presupuesto pueden ir se quedarían en agua de borrajas.


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