Entrevista a Eliana Como, portavoz de Riconquistiamo Tutto, tendencia de oposición en la CGIL

10 abril, 2020 en

  Reproducimos, en su integridad, la entrevista realizada  a la dirigente sindical italiana Eliana Como, portavoz  de Riconquistiamo Tutto, tendencia de oposición en la CGIL publicada en el periodico frances informations ouvrieres https://infos-ouvrieres.fr/ y que en el IO especial nº4 en su pagina 17 aparece una versión reducida. Esperamos sirva a nuestros lectores para una mejor comprensión de la situación a nivel mundial



 

¿Qué puedes decirnos sobre la crisis sanitaria en Italia?

EC) Para empezar, es importante recordar que la situación es más trágica de lo que se cuenta oficialmente. En el epicentro de la crisis, en Bérgamo, donde vivo confinada desde hace más de un mes, muchos muertos no se contabilizan porque mueren solos, sin conseguir acceder a las estructuras sanitarias, en sus casas o en las residencias de ancianos, que se han convertido en auténticas bombas infecciosas muy peligrosas, tanto para los residentes como para los trabajadores. Muchos mueren sin diagnosticar por lo que no entran en las cifras oficiales. El número de muertos en Bérgamo comparado con el mismo período en 2019 se ha cuadruplicado: más de 4 500 muertos en un mes. En los hospitales del Norte, en particular en Lombardía, todo el personal lleva un mes en modo de supervivencia literalmente, encadenando guardias a un ritmo desenfrenado sin la necesaria seguridad. Muchos médicos han enfermado, en especial en Bérgamo.

El problema es que la sanidad pública italiana, en los últimos decenios, ha sufrido recortes en el presupuesto y en el número de empleados. Faltan plazas de cuidados intensivos y médicos. 

Hay múltiples huelgas en las últimas semanas. ¿Cuáles son las reivindicaciones?

EC) Los trabajadores y trabajadoras están pagando el elevado precio de esta crisis sanitaria. Las medidas adoptadas por el gobierno italiano desde el principio han sido muy contradictorias y han tenido un enorme peso sobre los asalariados.

En un primer momento, sobre aquellos a los que se pidió un tremendo esfuerzo, sin ninguna garantía mínima de seguridad. Aparte de la sanidad, están también el sector de distribución alimentaria, los transportes, los servicios públicos, los servicios industriales de limpieza, etc. Después, el peso de esta crisis ha recaído sobre el salario de los trabajadores. Las garantías de ingresos para los que en este momento no trabajan por el cierre de las fábricas han llegado tarde y apenas cubren el 50% del salario de un obrero de base. Otros muchos han perdido su trabajo al ser precarios. El gobierno ha acordado tan sólo 600 euros, pero aún no los han recibido y quién sabe cuándo lo harán. Los que trabajaban en negro no tienen ningún ingreso. Particularmente en el sur, donde el paro y la pobreza ya estaban instalados, hay cada vez más disturbios, la gente no puede más.

Las huelgas de mediados de marzo tenían sin embargo otro objetivo. Hasta el 22 de marzo la mayoría de las fábricas, incluso las no esenciales, seguían trabajando (y desgraciadamente muchas siguen haciéndolo hoy). Los huelguistas pedían el cierre de todos los sectores no esenciales, sobre todo los de manufactura. Ha habido demasiada esquizofrenia: por un lado el gobierno nos bombardeaba con consignas y órdenes de quedarse en casa y, por otro, debíamos ir a trabajar cada día como si no pasara nada, ya que nuestra salud estaba sometida al beneficios y al imperativo absoluto de seguir produciendo. ¡Como si un país como Italia no pudiese estar dos semanas sin fabricar coches!

¿Cuál es tu punto de vista sobre el protocolo firmado el 14 de marzo entre el gobierno, Confindustria, las otras asociaciones patronales y las confederaciones sindicales?

EC) Mientras que crecían el miedo y la indignación entre los asalariados obligados a ir a trabajar, el protocolo del 14 de marzo se concentró en una consigna ilusoria y errónea, la del trabajo en condiciones de total seguridad. En muchos empleos, sobre todo en las fábricas, esto es imposible. No hay posibilidad de respetar la distancia de seguridad. Asimismo era ilusorio pensar que iban a llegar los medios de protección  de los que hasta el personal sanitario carecía. Además habría sido criminal disponer de ellos ya que eso habría supuesto quitárselos a los hospitales que los necesitaban.

Se perdió así un tiempo precioso, con un protocolo para las empresas prácticamente inútil. La única seguridad posible (para que los propios trabajadores no se conviertan en transmisores de la enfermedad) habría sido cerrar desde el principio las fábricas cuya producción no era esencial. Puesto que, aun partiendo del supuesto de que en aquellas fábricas con mayor presencia sindical consiguiéramos hacer respetar las medidas de seguridad, habría sido imposible en un sinfín de empresas artesanales, con escasa presencia sindical. En esas empresas no hay control posible salvo con el cierre decretado finalmente por el gobierno. Además, los que trabajan en ellas son principalmente precarios e inmigrantes, que a menudo no tienen la posibilidad de causar baja por enfermedad por las presiones y chantajes que sufren.

En mi opinión, las direcciones nacionales de los sindicatos han tardado mucho en comprender que la única solución era imponer el cierre al gobierno, pese a la feroz oposición de Confindustria.

El gobierno no impuso el cierre de los empleos no esenciales hasta el 22 de marzo, un mes después del comienzo de la crisis, con 4 000 muertos ya en Lombardía. No sólo era tardío, sino también poco eficaz. Porque, efectivamente, siguen abiertos muchos sectores no esenciales. Pienso en los bancos, en las aseguradoras y en los carteros. Y además porque muchas empresas, incluso las no esenciales, pueden demandar excepciones y seguir abiertas si se encuentran dentro de la rama de producción considerada «esencial». ¿Pero cómo se define esto? ¡Mediante una «auto certificación» de la propia empresa! Sólo en Bérgamo hay 1 800 empresas trabajando aunque no produzcan nada esencial. ¡Es criminal!

¿Y ahora?

EC) En este momento resido en Bérgamo. Creedme, mi estado de ánimo es el de una persona que está viviendo una guerra. Nos concentramos en lo esencial y es difícil prensar en el futuro. Ahora mismo lo esencial es impedir que los trabajadores sean carne de cañón porque las fábricas no cierran o porque los trabajos indispensables no se desarrollan en condiciones de seguridad (por ejemplo, en los sectores de distribución alimentaria y limpieza, donde a menudo la situación es desesperada). Sabemos también que todo esto va a engendrar una crisis económica, y que el riesgo es que seamos nosotros quienes paguemos el precio. Estoy segura de que en el futuro no será posible ninguna concertación. Lo pensaba ya antes, pero ahora se convierte en un imperativo incluso moral. Los patronos se han comportado de manera cínica, en ocasiones criminal, oponiendo sin escrúpulos sus beneficios a nuestra salud. Y el gobierno ha emitido frecuentemente decretos dictados por ellos. No hay concertación posible con esos socios.

Creo que en el futuro no debe destinarse un solo euro a la sanidad privada. Necesitamos más recursos para la sanidad pública, aunque haya que detraer recursos de los gastos militares, ¡que en Italia están entre los más elevados de Europa!

Cuando discutamos de nuevo sobre salarios y contratos nacionales habrá que recordarlo.

¡Recibid un abrazo y muchas gracias!

 


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