El Labour Party se hunde en sus bastiones obreros que votaron por el Brexit

23 diciembre, 2019 en Actualidad política, Internacional

Es una derrota histórica para el Labour Party que ha perdido, en las elecciones de 12 de diciembre, 2,5 millones de votos y 59 diputados en el Parlamento. Pero para comprender la profundidad política de la derrota, no es posible ceñirse a esas cifras, ya que con 10 millones de votos, Corbyn ha obtenido más votos que Blair en 2001 y Brown en 2005, que sin embargo fueron elegidos con una mayoría de diputados (el sistema electoral británico no es proporcional). Ciertamente, el Labour ha perdido un 8% en 2019 respecto de sus resultados de 2017, pero pierde de hecho un 10,4% de media en las circunscripciones que votaron masivamente “Leave” en el referéndum de 2016 para la salida de la UE. Nacionalmente, los conservadores progresan muy poco (+1,2%), pero Johnson ha ganado un 6% en las circunscripciones que votaron Leave, el Brexit Party progresa en un 3,8% en esas circunscripciones.

De las 59 circunscripciones perdidas, la mayoría son circunscripciones del centro y norte de Inglaterra, el “muro rojo”, las regiones fuertemente obreras del país y tradicionalmente partidarias del Labour (entre las 100 circunscripciones con más altos índices de familias obreras, el Labour ha pasado de 72 a 53 diputados, los conservadores de 13 a 31). Son regiones que votaron masivamente por la salida de la UE en 2016, en muchos casos por más del 65%, llegando al 75%, contra el 52% a nivel nacional.

En 2016, el voto Leave en el norte y el centro de Inglaterra, así como en el País de Gales, fue la expresión en el terreno electoral de la indignación de los miles de trabajadores y sus familias para quienes el cierre de minas y la desindustrialización a partir de los años 80 significaron una explosión de la miseria, el paro y los trabajos precarios. La onda de choque que provocó ese rechazo ha sido el acelerador de toda la crisis política de las instituciones británicas hasta hoy.

La negativa de Corbyn y de la dirección del Labour Party, que han hecho campaña por un segundo referéndum, a ponerse a la cabeza de esa revuelta es lo que está en el origen de su hundimiento en sus bastiones obreros. No bastaba con prometer renacionalizar los ferrocarriles, salvar el NHS, acabar con las contrarreformas impuestas al país por los conservadores y el Labour Party de Blair y Brown. No podía haber victoria sobre la base de la negación de la revuelta popular de 2016.

Ya en 2016, Corbyn hizo campaña por el mantenimiento dentro de la UE. La izquierda del Labour Party que dirige junto con John McDonnell ha buscado desde 2015 la conciliación con el aparato del partido (los funcionarios, representantes locales y diputados) que sigue estando en gran medida en manos de los blairistas. En la actual situación de crisis política e institucional, Corbyn y McDonnell han hecho una campaña dirigida a la pequeña burguesía de Londres, a los sectores del capital financiero favorables al mantenimiento en la UE, así como a los dirigentes de los principales sindicatos británicos que, en su práctica totalidad, explican desde 2016 que la UE está en el origen de todos los derechos obreros y es la única garantía de salvaguardarlos. Los que viven cada día la liquidación de las últimas fábricas, el cierre de los servicios públicos, los contratos cero-hora, las muertes en el hospital por falta de camas, el paro y los miserables subsidios no les han creído. Esta previsible debacle provoca también el desconcierto y la desorientación de los miles (casi 400 000) que se han afiliado o unido al Labour Party desde 2015 para apoyar a Corbyn, para romper con el blairismo que estaba en camino de destruir completamente el partido.

Pero, contrariamente a lo que dicen los comentaristas periodísticos, la victoria de Johnson es moderada. En Escocia, los independentistas del SNP ganan en 48 de las 59 circunscripciones escocesas y la dirigente del SNP, Nicola Sturgeon, ha declarado también que va a organizar un nuevo referéndum por la independencia. Desde 2010, el ascenso del SNP es una expresión del rechazo de los dos partidos tradicionales del gobierno, pero sobre todo del Labour Party del que Escocia era todavía hace unos años un bastión y donde hoy no queda más que un diputado.  Johnson tal vez logre que se apruebe rápidamente el plan Brexit negociado con la UE. Pero ese plan probablemente implique el riesgo de hacer volar en pedazos el frágil equilibrio institucional que perpetúa la partición de Irlanda, acelerando la reunificación. El principal partido unionista (partidario de la anexión de Irlanda del Norte al Reino Unido) de Irlanda del Norte y apoyo del gobierno de Theresa May, el DUP, ha perdido 2 diputados y con ello su mayoría absoluta en Irlanda del Norte. La existencia misma del Reino Unido y de sus instituciones monárquicas, que han mantenido la partición de Irlanda y organizado el enfrentamiento entre los pueblos, se tambalean hoy bajo los golpes de la crisis política.

Finalmente, las promesas de Jhonson de acabar con la austeridad e invertir en la escuela y el NHS demuestran que todos temen el rechazo que se expresó en el referéndum de 2016.

En realidad, y cualesquiera que sean los desarrollos del Brexit, la economía británica, como la del resto de Europa, está hoy aprisionada en la guerra comercial emprendida por Trump contra China. Las medidas económicas de Trump contra los países europeos para permitir al imperialismo más poderoso salvaguardar sus márgenes de beneficio, implican una aceleración ya en marcha de la desindustrialización de regiones enteras. Los gobiernos europeos, para acatar las órdenes contradictorias del capital, no tienen más opción que reducir de manera brutal los derechos aduaneros y todas las reglamentaciones impuestas al capital por mínimas que sean, y emprender una confrontación mayúscula con su clase obrera para reducir el coste del trabajo. El Brexit no es más que un síntoma agudo de la crisis que atraviesa el capital financiero y que condena irremediablemente a Europa a la decadencia. El programa de Jhonson de transformar el Reino Unido en paraíso fiscal con una mano de obra barata se enfrentará, tarde o temprano, a la resistencia de la clase obrera británica. El voto del 23 de junio de 2016, la huelga de los médicos internos en 2016, las numerosas huelgas en las escuelas, la huelga en las universidades de 2018 es tan sólo las primeras manifestaciones de la confrontación que se anuncia. La huelga emprendida el 5 de diciembre por los trabajadores franceses indica la salida para todos los trabajadores de Europa y ésa es la razón por la que los militantes británicos y de toda Europa siguen su evolución atentamente.


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