EEUU III

18 junio, 2020 en Internacional

  En informations ouvriéres nº 609 17 de junio https://infos-ouvrieres.fr/ contiene varias entrevistas sobre la situacion actual que vive los EEUU. Con esta informacion damos a conocer, en la intencion de tener a nuestros lectores lo mejor informados, sobre lo que esta ocurriendo en el corazón del pais mas rico del mundo, el 3º dossier que desde estas paginas ofrecemos sobre esa importante movilizacion social. Enlazamos las direcciones web de los dos documentos anteriores.

http://www.informacionobrera.org/rebelion-en-eeuu/

http://www.informacionobrera.org/dossier-eeuu/



La situación en Estados Unidos hoy

 ¿Es la solución la reforma de la policía?

Mientras que cientos de miles de manifestantes siguen marchando contra la violencia policial en las calles de las grandes ciudades norteamericanas, la policía acaba de matar a tiros a otro negro desarmado, Rayshard Brooks, esta vez en Atlanta.

Ante la magnitud de las manifestaciones, los demócratas han presentado un proyecto de ley para facilitar las actuaciones judiciales contra los policías culpables que, actualmente gozan de una práctica inmunidad (por ejemplo, los demandantes tienen que probar que la muerte es deliberada). Esta ley prevé también restringir la posibilidad de que un policía despedido por una policía local encuentre empleo en otra, imponer a los policías una formación sobre las condiciones de recurso a la fuerza y sobre los «sesgos raciales» que inconscientemente puedan guiar sus actos, o incluso reducir o suprimir la financiación federal a los servicios de policía que no respeten una cierta ética.

 Los republicanos más moderados podrían incluso votarla. Pero esta ley está destinada a salvar un sistema contra el que se levantan hoy millones de estadounidenses. Por otra parte, Trump acaba de anunciar que va a publicar un decreto para la reforma de la policía.

En el mismo movimiento, el consejo municipal de mayoría demócrata de Minneapolis, donde fue asesinado George Floyd, se disponía a votar la disolución de su servicio de policía. Pero deja claro que habrá que reemplazarlo, sin ofrecer más que vagas indicaciones sobre cómo sería ese nuevo sistema, salvo generalidades sobre la necesidad de reclutar policías en todas las comunidades de la ciudad y psicólogos para gestionar los casos que lo requieran.

«¡Hay que abolir la policía!», se escucha en las manifestaciones. Pero los demócratas intentan focalizar el debate sobre la policía con un solo objetivo: intentar evitar cualquier cuestionamiento del conjunto del sistema político estadounidense, basado en un racismo institucional, y hacer desaparecer las reivindicaciones de millones de negros norteamericanos sobre su situación económica, sobre la destrucción de su marco vital (la gentrificación que azota muchos barrios populares del centro de las ciudades) y de las escuelas a las que van la mayoría de los niños. Sin engañarse, muchos negros se dicen que una reforma de la policía, aun sin resolver la cuestión del «racismo sistémico», podría al menos limitar la violencia policial. Ya que todos los negros temen por ellos y por sus hijos al cruzarse con la policía.

En cambio, la propaganda demócrata sobre la reforma de la policía pretende negar el «racismo sistémico», que es producto de la historia de los Estados Unidos, es decir, del esclavismo y la segregación. Los negros no son inmigrantes, sino que fueron arrancados a la fuerza del continente africano, reducidos a la esclavitud para levantar los Estados Unidos. Están en el centro de la nación norteamericana y, al mismo tiempo, son la población más oprimida.

Haciendo suya esta propaganda demócrata, algunos grupos de extrema izquierda, con un discurso radical, ¡preconizan «un control popular de la policía»! ¡De modo que se trataría de pedir a los oprimidos que gestionen su represión a manos de los opresores «democráticamente»! Es la cobertura de izquierda de los demócratas.

Con Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos, los demócratas tuvieron la presidencia durante ocho años, dos de ellos con mayoría en ambas cámaras, y otros cuatro con mayoría senatorial.

En esos ocho años, la situación de los negros empeoró. Las muertes de negros a manos de la policía no disminuyeron, mientras que la crisis de 2008 dejaba a millones de ellos en la indigencia. Y la ley que hoy se presenta, si llegase a votarse, no resolvería nada: algunas condenas de policía más, y… Pero el fondo racista de la policía y del conjunto de las instituciones se mantiene.

Por otra parte, muchos alcaldes y gobernadores demócratas están en cabeza de la represión contra las manifestaciones (De Blasio en Nueva York o Lightfoot en Chicago). Los manifestantes lo saben. Estamos a menos de cinco meses de las próximas elecciones presidenciales. Si las actuales manifestaciones ponen a Donald Trump en dificultad, sacan también a la luz el hecho de que el Partido Demócrata no mejoró la situación de los negros estadounidenses.

Devan Sohier

 

Entrevista a Liana Nelson, sindicalista docente negra de Oakland  

¿Cómo se desarrolla la situación?

La situación se ha calmado un poco. Sigue habiendo multitud de mensajes en los medios sociales, pero sin duda han disminuido un poco las manifestaciones en todas las ciudades. Yo creo que en este momento la gente intenta actuar de modo que salga algo concreto de todo esto. La semana pasada fui a una manifestación por Steven Taylor, al que mataron en San Leandro, justo bajo mi calle. Tenía un problema de salud mental, agitaba un bate de beisbol en un supermercado y la policía lo abatió. Sucedió antes de todos estos acontecimientos. Así pues, fui a esta manifestación por él, y la genta hablaba de reducir las subvenciones a la policía y destinarlas a la salud mental. Firmé una petición para que hubiera una investigación sobre este caso. Se reciben muchos mails sobre esta petición, sobre lo que puede hacerse por la causa. El Black Organizing Project, una organización radicada en Oakland, lleva diez años luchando para echar a la policía escolar de Oakland de las escuelas de la ciudad. En la última reunión del Consejo de Escuelas de Oakland hubo presión en ese sentido, porque su presupuesto es realmente importante. Al día siguiente, nuestra superintendente nos envió un mail en el que explicaba que está viendo el modo de actuar sin la policía, puesto que ésta criminaliza a nuestros alumnos. De modo que yo pienso que, antes de lo sucedido en Atlanta, la gente ya intentaba buscar el modo de avanzar.

El pasado domingo había una manifestación para los niños. Fui con mis hijos. Éramos miles de personas de todos los orígenes en el centro de Oakland. Eso está bien.

Realmente se ha hablado mucho de disturbios en los primeros días, pero las cosas parecen tomar otros derroteros.

Sí, yo creo que la cólera era intensa y la olla se desbordaba. Ahora se trata de hacer oír el mensaje y de avanzar en lo que puede hacerse para mejorar las cosas. Se ha celebrado el funeral [de George Floyd], y su familia habla de amor y de paz. El Black Organizing Project se ha reavivado por el hecho de que se ha echado de las escuelas a la policía de Minneapolis. Nuestro consejo votará el 24 de junio sobre suprimir la financiación de la policía escolar de Oakland. Pienso que puede suceder, pero nunca se sabe. También es un buen momento para lograrlo, porque con la Covid-19 el distrito escolar va a perder mucho dinero, con lo que quizás considere oportuno  economizar en el presupuesto de la policía. Ya veremos.

 

El proyecto de ley demócrata prevé disminuir los fondos federales a los servicios que tengan demasiados casos de racismo o de muertes.

Eso sería un estímulo, pero haría falta más. Habría que formar a los policías, prolongar quizás su período académico, formarlos mejor en las cuestiones de sesgos implícitos[1], tal vez hacerles pasar test psicológicos periódicamente. En cualquier caso, no basta con reducir la financiación. Pero es un principio, ¡mientras utilicen la financiación para otra cosa! Realmente yo no conocía el movimiento para reducir las subvenciones a los servicios policiales, pero parece una buena idea. Seguramente no es a los policías a quienes hay que llamar si alguien pierde los nervios. Su tendencia es a hacer crecer las tensiones y sería preferible tener profesionales de salud mental para apaciguarlas. No es justo. Hay crímenes, hay situaciones peligrosas, pero tratando todas las situaciones como peligrosas terminan matando a las personas, sobre todo si se añade el racismo y los sesgos implícitos. Harían falta psicólogos y personal sanitario para situaciones de ese tipo, y llamar solo a la policía en situaciones peligrosas, con policías formados.    

Los demócratas tuvieron la presidencia con Obama durante ocho años, ¿qué cambió esto para los negros?

Los demócratas se preocupan más por las personas que los republicanos, o dicen hacerlo. Cuando están en el poder, los programas sociales funcionan mejor, como el Affordable Care Act del presidente Obama, que los republicanos intentan derogar desde que accedieron al poder. Pero no tengo conocimiento de que ningún político, incluido el presidente Obama, él mismo negro, haya hecho gran cosa por los negros desde hace mucho tiempo. Me gustaba el presidente Obama, lo que defendía, quién era, su refinamiento, pero en lo que respecta a lo que hizo por los negros, la verdad es que no. En algunos de sus discursos, decía cosas como «tenéis que subiros los pantalones[2], dejar de beber», cosas así pueden hacer creer que somos culpables. Es una crítica un poco dura, aunque, como ya he dicho, me gusta lo que es.

 

Entrevista a Cal, estudiante en Hillsdale y miembro de los DSA

¿Cuál es la situación actual en Detroit y en Michigan?

La situación es bastante increíble. Cada día sin excepción, a las 16 h. –creo que ayer fue la 17ª vez- la gente se reúne ante el QG de la policía en asamblea general para discutir las reivindicaciones y la estrategia y organización de las manifestaciones.

Hacia las 18 h., empiezan a manifestarse durante unas horas. Pero lo más importante realmente es esta asamblea general ante el QG de la policía. Es verdaderamente cool lo que sucede allí. Hay cientos de participantes sentados en esa esquina, frente a la policía. Generalmente, hay dos o tres coches de policía alrededor, sobre todo cuando hay mucha gente. Hay dirigentes que moderan la discusión, pero cualquiera puede coger el micro y decir lo que se le pasa por la cabeza y lo que piensa que habría que hacer. La gente escucha y deja hablar a los que tienen algo que decir.   

¿Qué demandan principalmente los participantes?

En este momento, es muy sencillo. Se motivan unos a otros. No hablan mucho de estrategia, al menos cuando estuve allí la semana pasada. Pero todos están de acuerdo en decir que no pararán hasta que no sean satisfechas al menos algunas de sus reivindicaciones. Esto durará por lo menos varias semanas aún, si no me equivoco del todo. La discusión parece avanzar en una buena dirección, hacia acciones mejor coordinadas. El problema se concentra en este momento en las cuestiones de raza, y yo creo que es justo. Puede ser difícil de comprender para las personas que no viven en los Estados Unidos, pero hay un problema muy, muy grave de racismo en la policía de este país, e imagino que esto es difícil de entender en un país europeo. Por ello, buena parte de la discusión se concentra en cuestiones de racismo y policía. Pero todos los que están allí, los que toman la palabra, aquellos con los que he hablado, son muy radicales, e incluso si no han llegado a ello en la discusión, están muy abiertos e interesados en organizar a los trabajadores, en coordinar huelgas y sentadas a gran escala. Y pienso que serían capaces de hacerlo.

Hay muchas declaraciones de solidaridad en los medios por parte de las grandes empresas, pero claramente es una falsa solidaridad, porque cualquier reforma real sobre las cuestiones raciales tendrá que pasar por desmantelar esas grandes empresas. De modo que hay muchos discursos falsamente solidarios para intentar camuflar las verdaderas reivindicaciones de los manifestantes: recortar las subvenciones de la policía. En algunas ciudades, reclaman que el presupuesto de la policía se recorte inmediatamente a la mitad. Y hasta ahora hay muchas discusiones sobre ello en los medios, y naturalmente en las asambleas generales como la que cito. Pero por el momento no ha habido verdadero cambio de política. Hay esperanzas de que en Minneapolis se haga y se reinvierta en otros sectores, a favor de las comunidades. Pero está por ver; imagino que hay mucho de farol para calmar a los manifestantes.

 

¿Cuál es la respuesta del gobierno a todo esto, a nivel de Michigan y a nivel nacional?

En Michigan, la respuesta está muy vinculada a las asambleas generales. El alcalde de Detroit se reunió con ellas la semana pasada. Le presentaron la lista de sus reivindicaciones, más de veinte puntos sobre la financiación de los servicios a las comunidades y la reducción del presupuesto de la policía: contra las expulsiones, contra los cortes de agua por impagos…

Esto va más allá de la cuestión de la policía: reducir el presupuesto de la policía, pero también todas esas cosas para las que se reclama financiación, como la vivienda pública. Todo ello forma parte del movimiento. De momento no está en el centro, pero cada vez lo está más.

Así pues, la alcaldía se reunió con representantes a puerta cerrada.

El representante de los manifestantes presentó unas reivindicaciones y nos dijo que la alcaldía le propuso unirse a los comités; él rechazó esa propuesta. Es un buen tipo, entiende que esas historias de comité intentan calmar las cosas. Dijo que, a partir de ahora, no volverá a reunirse con nadie a puerta cerrada, que quiere que esas reuniones sean públicas.

Esto en Detroit. En ciudades más pequeñas, como mi ciudad de origen, con 6.000 habitantes, la semana pasada hubo una manifestación de 200 o 300 personas. El viernes estuve en una ciudad de 3.000 habitantes y había 400 o 500 manifestantes. Es un movimiento muy importante también en los suburbios y en las ciudades más pequeñas.

 

¿Quieres añadir algo?

Realmente todo esto es muy estimulante. Las actitudes de las personas cambian muy rápidamente. Lo que me hace pensar en esta cita de Lenin: «hay decenios en los que no sucede nada, y semanas en las que transcurre un decenio». Tengo la impresión de que es lo que está sucediendo. La consciencia social se está modificando con increíble rapidez. Se abre un abismo generacional. Pero no he visto semejante cambio cultural en mi vida. Sin duda esto nos hace pensar en lo que sucedió en Francia con los Chalecos Amarillos.

 

El punto de vista de Richard Greeman, militante desde 1960 por los derechos civiles

Richard Greeman es un militante norteamericano, comprometido desde los años 1960 con los derechos civiles, contra la guerra y las armas nucleares, y por las luchas obrera y ecológica. Reside entre Nueva York y Montpellier, es activo entre los Chalecos Amarillos. Nos ha remitido una extensa contribución sobre las manifestaciones que viven los Estados Unidos, cuya conclusión publicamos a continuación.

¿Será este fuego otra llama pasajera destinada a extinguirse?

No lo creo. El contexto ha cambiado.

La sociedad estadounidense, como el conjunto del mundo capitalista, está en crisis. La lucha por hacer una realidad de la segunda revolución norteamericana[3], establecida por las enmiendas de reconstrucción posteriores a la guerra civil, se reanudó tras la Segunda Guerra Mundial. Dio origen al movimiento de los derechos civiles y a las leyes sobre derechos civiles de los años 1960 en la esperanza de hacer realidad la promesa de América, el «sueño» de Martin Luther King. Las tropas federales se movilizaron de nuevo para impedir a las muchedumbres racistas blancas atacar a los afroamericanos e impedirles ejercer su derecho de voto legal y frecuentar las mismas escuelas que los blancos: por Eisenhower en 1956 en Little Rock y por JFK en el Mississippi en 1962. Habíamos ganado grandes batallas. Sin embargo, una vez más, a pesar de las victorias jurídicas y de un número creciente de negros visibles en los medios y en el gobierno, nada fundamental había cambiado sobre el terreno. Sesenta años después, los afroamericanos siguen tan pobres, tan segregados, tan excluidos de los servicios de sanidad, educación y vivienda de primera clase y tan sometidos a la violencia policial racista como lo estuvieron sus abuelos.

¿Será este fuego otra llama pasajera destinada a extinguirse? No lo creo. El contexto ha cambiado. La sociedad estadounidense, como el conjunto del mundo capitalista, está en crisis. La economía, con una productividad a la baja, con desigualdades y paro en alza, con una deuda y una especulación que estallan, ya estaba en crisis antes del coronavirus. La pandemia la ha exacerbado y la recesión resultante no ha hecho más que empezar.

Treinta años después de la proclamación del «nuevo orden mundial» posterior a la Guerra Fría, compuesto de democracia, de paz y de crecimiento sin fin, pocos son los estadounidenses que creen que su vida y la de sus hijos son susceptibles de mejorar. Todos entrevén más o menos la catástrofe social y ecológica inminente. El sistema no tiene gran cosa que prometerles y sus dirigentes políticos tienen pocas cosas que les inspiren confianza. En otras palabras, nuestros dirigentes ya no son «hegemónicos» política y socialmente y han de depender de la coerción para conservar el poder. Hoy, la credibilidad y la legitimidad de ese poder coercitivo, los policías y el ejército, son cuestionados por las masas, blancas y de color, que reclaman justicia e igualdad.

El asesinato policial de George Floyd sería «la paja que ha roto la espalda del camello», según la expresión americana. Esta paja ardiente ha prendido el fuego de la cólera y la frustración que se gestaban desde hace generaciones. Aunque la policía siga atacando a los manifestantes y aunque Trump y sus partidarios llamen a la militarización del país en nombre de la protección de la propiedad, de la ley u el orden, está claro que se ha abierto una brecha en el muro azul del silencio[4] que protege los privilegios de la clase multimillonaria contra el poder de las masas trabajadoras que, hoy, hacen frente no solo a una crisis política sino también a la crisis de una pandemia desatada, a la crisis de la pobreza y del paro masivo y a la inminente crisis climática de la que la Covid-19 es una precursora sintomática.

A lo largo de toda la historia de los Estados Unidos, desde los abolicionistas blancos hasta los voluntarios yanquis de la guerra civil,   desde los «carpetbaggers»[5] del Norte que trabajaron en la Reconstrucción hasta los manifestantes blancos de los derechos civiles de mi generación de los años 1960 y los millones de jóvenes blancos que proclaman hoy en las calles que la vida de los negros importa, la unidad en la lucha de los pueblos racializados de Estados Unidos ha permitido todos los progresos en materia de libertad y de democracia que esta República basada en la raza ha conocido. No creáis que todo esto no es más que «historia antigua» para los norteamericanos de 2020. Por una parte, los racistas que siguen a Trump no dejan de agitar sus banderas confederadas (a menudo junto a las esvásticas nazis) y los manifestantes antirracistas siguen ensañándose con las estatuas de generales y políticos confederados que jalonan todos los pueblos y ciudades del Sur.

Como los obreros británicos, los manifestantes blancos «privilegiados» de hoy, víctimas ellos mismos en menor grado del capitalismo estadounidense, saben en su corazón que no podrán «ser libres jamás» y nunca estarán a resguardo de la violencia estatal mientras las «Black Lives» no importen de verdad y las pieles negras sigan siendo «marcadas con hierro» por el racismo. Todos y todas comprenden que «Black and White Unite and Fight» es el único medio posible de bloquear a un gobierno autoritario, de prevenir el fascismo, de instituir la igualdad de clases y de afrontar el futuro con un mínimo de esperanza.

                                                                                               8 de junio de 2020

[1] Expresión que designa las formas de racismo inconsciente.

[2] Referencia a la moda de llevar el pantalón por debajo de las caderas, extendida entre los jóvenes negros.

[3] La Guerra de Secesión y el período de reconstrucción que la siguió.


 

[4] Expresión que designa el silencio de rigor en la policía (y en otros ámbitos) sobre las exacciones policiales.

 

[5] El término carpetbagger  designaba a aventureros norteños que, después de la Guerra de Secesión, emigraron al Sur para ayudar a la Reconstrucción.

 


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