EDITORIAL IO 355

11 febrero, 2021 en Editorial

EDITORIAL

Impulsar la resistencia

Todo parece en el aire. Las vacunas llegan a paso de tortuga, porque los intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas, preocupadas sólo del beneficio capitalista, se han puesto por encima de la salud de la población (véase cómo hay dificultades de suministro en Europa, pero se entregan sin problemas a Israel –que ya ha puesto la primera dosis a más del 60% de su población- porque las paga más caras), El paro aumenta, y se anuncian miles de cierres, bancarrotas y despidos, recortes de salarios y derechos (aprovechando que aún siguen, contra todas las promesas, vigentes las reformas laborales). Promesas sociales que no se cumplen, o no se materializan, como el IMV que sigue sin llegar a cientos de miles que lo necesitan, o como la ley mordaza, que sigue sin derogarse mientras las fuerzas policiales la aplican a troche y moche, con el aplauso del ministro del Interior, Grande Marlaska, quien, por cierto, alimenta un enfrentamiento con los inmigrantes en Canarias concentrando allí a miles de inmigrantes y negando su distribución a la Península. O como el reconocimiento de las enfermedades profesionales de las kellys, pendiente desde agosto de 2018.
En este contexto, se ha abierto la campaña de unas elecciones en Cataluña sin perspectiva ni ilusión, gobernadas por los jueces franquistas, con el consentimiento de un gobierno impotente. Dos años y medio después de la caída de Rajoy, se ha dejado sin hacer mucho de lo posible y lo prometido. Todo el sistema sigue hundido en la corrupción generalizada inherente al régimen monárquico.
Pero el capital financiero muestra su faz y objetivos, que no son otros que aprovechar la pandemia para acabar con todos los derechos y conquistas sociales de los trabajadores y la población, desde las pensiones a la sanidad pública (donde las “ayudas europeas” quieren imponer la llamada “colaboración público-privada, o sea la privatización). Porque, a pesar de que han hecho todo lo posible por ocultárnoslo, todos saben que los dineros de Europa –tanto las ayudas como los préstamos– tienen duras condiciones. Según la ministra Calviño, que es la más cercana a la Unión Europea, son 150 reformas.
 Como hemos citado antes, esas supuestas ayudas europeas, como abiertamente reconocen tanto el gobierno Sánchez como los autonómicos, serán utilizadas sometidas al método “asociación” público/privado para desmantelar y privatizar aún más los servicios públicos y para financiar a las grandes empresas (cambian las leyes para regalarles sin límite), con objetivos de reestructurar las plantillas. O sea, una nueva oleada de despidos, tal como exige la CEOE, pues para ella el problema “no es de liquidez, sino de solvencia”.
 Son muchos los que temen que la construcción de esa nueva “economía verde” que nos prometen suponga la destrucción de lo que queda de la “vieja” industria (y, con ella, de los empleos bien pagados y con derechos de sus trabajadores y trabajadoras), la laminación de los derechos laborales y la jibarización de las administraciones y por tanto de los derechos.
Estas amenazas merecen una respuesta contundente por parte de las organizaciones que se presentan como defensoras de los trabajadores. Y no parece que las concentraciones de este 11 febrero (el 18 en Cataluña) tengan ni de lejos la intención, la intensidad ni la contundencia necesarias para frenar esta ofensiva antiobrera y antidemocrática.
 Sin embargo, desde todos los sectores, en todos los territorios y pueblos de este país, se abre paso no sólo una cólera creciente, sino también la búsqueda de los medios de resistir a tanto desvarío.
Parte de esta resistencia puede parecer pasiva, más del 50% de los interventores en Barcelona se niegan a ir a las mesas electorales (y no es solo por miedo al contagio), pero también se hace por medio de la acción directa, las múltiples manifestaciones y concentraciones ante los centros de salud, la movilización del propio personal de la sanidad, la de los pensionistas, las movilizaciones en contra del encarcelamiento del cantante Pablo Hasel, o en defensa de los servicios públicos, y lo que es más profundo, las huelgas contra los despidos en John Deere o ITPAero, o la huelga y las movilizaciones entre las empleadas de la limpieza en los hospitales de Sevilla..
Resistencias que se enfrentan a la parálisis impuesta por las medidas de confinamiento que ya no pueden ocultar su carácter liberticida. Por ejemplo, con la prohibición de una manifestación en defensa de la sanidad en Madrid, prohibición decidida por la Delegación del Gobierno, dependiente del gobierno “progresista”.
En esta situación, no hay tarea más urgente, para los trabajadores y jóvenes conscientes, que obrar para ayudar a la resistencia, formulando las reivindicaciones que respondan a las necesidades más urgentes y uniendo y agrupando fuerzas a todos los niveles. Con este objetivo se reunirá el sábado 20 de febrero la Coordinadora Estatal del Comité por la Alianza de los Trabajadores y los Pueblos, agrupando a colectivos en lucha y comités de todo el país.

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