Dossier EEUU

11 junio, 2020 en Internacional

En el Especial IO nº 13 en su pagina 12 contiene un articulo sobre la situación de rebelión en los EEUU, incluimos en este blog dicho articulo como continuidad al Dossier de EEUU.(abre en una nueva pestaña)Comprende un informe de reacciones a nivel internacional,(documento 1) y 4 artículos de dirigentes sindicales y lideres negros protagonistas en directo de los acontecimientos. Enlazamos las direcciones web de dichos documentos que complementan el II informe.

documento 1

documento 2

documento 3

documento 4

documento 5

 

Todo el sistema institucional estadounidense está en cuestión

Las manifestaciones masivas que tienen lugar en Estados Unidos desde hace más de diez días no remiten. El sábado, en Washington, decenas de miles de manifestantes se dirigían a la Casa Blanca, en la manifestación más numerosa desde el inicio de este movimiento, protestando contra el racismo sistémico de los Estados Unidos. Esas movilizaciones masivas, en el corazón de la principal potencia imperialista, resuenan en el mundo entero.

Donald Trump acusa a los gobernadores (incluidos los republicanos) de debilidad frente e las manifestaciones y amenaza con enviar al ejército, pero todos los responsables militares y hasta su ministro de Defensa lo desaprueban. Colin Powell, antiguo ministro de Defensa de George W. Bush y personalidad republicana, acaba de anunciar que votará por Biden en las próximas presidenciales[1]. Es la expresión de una crisis mayúscula en Estados Unidos.

Los demócratas, en muchas ciudades donde tienen mayoría, empezando por Minneapolis,  hablan de disolver sus policías, o al menos reducir sus presupuestos. Han presentado un proyecto de ley a la Cámara enfocado a introducir disposiciones para reducir la violencia policial contra los negros: facilitaría denunciar a los policías, establecer instancias para controlar a las policías locales y reducir sus subvenciones en caso de violencia racista. Concentrarse solo en la violencia policial –que es una realidad- en el fondo equivale a desviar la movilización que se alza contra el conjunto de instituciones estadounidenses basadas en el racismo sistémico y cuya responsabilidad recae tanto en republicanos como en demócratas.

 Ya que el racismo en Estados Unidos es sistémico: la violencia policial racista es la expresión más abiertamente bárbara de un racismo institucional que vertebra el sistema político norteamericano. Es violencia de Estado. Es el resultado de que los negros, desde el fin de la esclavitud, se mantuvieron en una situación de no-ciudadanos hasta los años 60, y después de ciudadanos de segunda clase.

Los negros tienen 2,5 veces más riesgo de morir a manos de la policía que los blancos. Pero los negros también han sido mucho más afectados por la Covid-19. Los negros sufren un paro mucho más masivo que los blancos y, cuando trabajan, lo hacen a menudo en empleos mal pagados de repartidor, de cajero… Frecuentemente hacinados en los barrios pobres del interior de las ciudades, fueron expulsados tras la crisis financiera de 2009 por la explosión de los precios (la «gentrificación») hacia barrios periféricos lejos de cualquier empleo. La existencia de una mano de obra negra barata permite presionar sobre el conjunto de los salarios; la situación de los negros se esgrime como una amenaza para toda la clase obrera.

Un racismo institucional que vertebra el sistema político estadounidense

La explosión del paro en Estados Unidos con la pandemia y el confinamiento ha arrojado a un sector importante de la población a la precariedad, también entre los blancos. Millones en el paro, sin subsidio pero con «ayudas», pero también millones de precarios que se ven en la calle sin nada. Es una verdadera explosión social. La presencia masiva en las manifestaciones de blancos, latinos, sindicatos importantes (pese a la «prudencia» de la dirección nacional de AFL-CIO), muestra a las claras que no es la sociedad sino las instituciones las que están gangrenadas por el racismo; muestra que las manifestaciones contra la violencia policial son la cristalización de una cólera contra el sistema en su conjunto. La respuesta de la policía a las manifestaciones agrava aún más esta crisis: por un lado, muchos policías apoyan a los manifestantes, participan a veces en las manifestaciones; por otro, las reprimen ferozmente con todo el arsenal del que la policía dispone.

 El conjunto de las fuerzas políticas institucionales en los Estados Unidos hace lo imposible por limitar la discusión a los actos violentos de la policía, cada cual a su manera: Trump y los republicanos amenazando a los manifestantes y defendiendo a la policía; Biden y los demócratas proponiendo su reforma (al mismo tiempo que recurren a ella para reprimir violentamente a los manifestantes en las ciudades cuya alcaldía detentan). Pero, tras ocho años de presidencia Obama, amplios sectores de manifestantes saben que votar a Biden (que era vicepresidente con Obama) no resolverá los problemas; ni los problemas sociales, ni el racismo de la policía.

Se ha abierto una nueva fase en los Estados Unidos y, dado el lugar que ocupan, las repercusiones serán mundiales.     

                                                                                                                 Devan Sohier


[1] Acusándole de mentir, algo cómico viniendo del que certificó la presencia de armas de destrucción masiva en Iraq.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *