Debate Estudiantil

2 marzo, 2019 en Enseñanza, Entrevistas

En el IO 335 hay una entrevista a la compañera Pepa, estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, dado los problemas de espacio de un medio en papel no se recoge íntegramente dicha entrevista, ahora, la damos a conocer en este espacio íntegramente.

“Tenemos que debatir y desarrollar una actividad política transformadora”

Entrevista a Pepa, estudiante de la Universidad Complutense

Información Obrera: Llevas varios años ya en la carrera, ¿qué balance puedes sacar de cómo funciona el “derecho a la educación” y los estudios universitarios para la formación de cara al mercado de trabajo, y de cara también a la formación integral de la persona, su acceso al conocimiento y la cultura, etc? O dicho de otro modo, ¿qué barreras has comprobado que se encuentran para lograr todo ello?

Pepa: Antes de nada, debo señalar que las barreras que he podido experimentar en relación con mis estudios universitarios conforman “lo tangible” de una situación desigual en la que me encuentro desde el momento en que nací en una familia proletaria. Es decir, no puedo entender mi trayectoria académica sin observar cuál ha sido y es el contexto material en el que me he desarrollado. O dicho de otra manera, mis obstáculos tienen que ver con el hecho de ser mujer y proletaria en un contexto patriarcal y marcado por el modo de producción capitalista.

Partiendo de esa base, debo decir que no podría plasmar toda mi experiencia en una única respuesta a tan amplia pregunta. Para ello, tendría que explicar tanto el proceso previo al acceso a la universidad, como lo que acontece ya iniciado el grado.

En relación con el proceso previo, podría hablar de la minuciosa planificación que debí hacer, lo cual, entre otras cosas, incluye: alcanzar una nota que pretende ser el reflejo de mi esfuerzo y validez (sin tener en cuenta que no todas las alumnas tienen las mismas facilidades para estudiar), ahorrar para mudarme a Madrid (pues en mi provincia no se oferta Trabajo Social), lo cual significa tener que asumir un nuevo alquiler, comida y transporte público y conseguir el dinero de la matrícula por si no me concedían ninguna beca (la resolución llega a mitad de curso, por lo que hasta entonces no percibía ningún apoyo económico y la posibilidad de no recibirla era aterradora).

Una vez en la universidad, me enfrento cada año a la posibilidad de no obtener la beca, a ver o experimentar el acoso sexual de profesores y/o alumnos hombres hacia nosotras las mujeres, al aumento del alquiler o del precio de los productos que consumo, a los gastos imprevistos, o, en ocasiones, a tener que compaginar trabajo en condiciones cada vez más miserables con los estudios. 

En definitiva, no son obstáculos lo que nos encontramos cada día, es la vivencia de la desigualdad económica y por tanto social, en todas sus áreas de alcance.

IO: La existencia de la Facultad de Trabajo Social fue puesta en cuestión por el actual rector de la Complutense, con su proyecto de liquidación de departamentos y facultades. Ganasteis la reivindicación de continuidad, sin duda que gracias a la movilización. ¿Qué conclusiones sacas de todo este proceso?

P: Las reivindicaciones de las que fui partícipe en ese momento suponen para mí una clara muestra de que el alumnado se puede (y de hecho ya lo hace) organizar y transformar lo que le rodea, coordinarse más allá de su facultad, traspasar los límites del conjunto de la universidad e incluso comunicarse y aprender de las experiencias de otras provincias. Es decir, es la expresión de la organización estudiantil frente a unas condiciones que reproducen y refuerzan desigualdades y frente a una institución que desprovee de lo necesario a sus alumnas.

IO: Además de los estudios, desde tu experiencia al llegar a Madrid, ya sea directa o a través de gente cercana, ¿qué te parece la situación del mercado de trabajo? ¿Y del acceso a la vivienda?

P: Me parece que el mercado de trabajo cada vez es más aversivo: peores condiciones de trabajo, contratos de menor temporalidad, ambientes cada vez más competitivos, cláusulas en las que la persona trabajadora se vez cada vez menos representada y, en definitiva, un aumento de la explotación laboral. En relación con mi futuro profesional, veo una necesidad cada vez mayor de conseguir una serie de títulos que realmente no te van garantizan estabilidad económica o movilidad social. Por no hablar de que esto último significa asumir nuevas matrículas crecientemente altas. Hablo, por ejemplo, del caso del máster, cuyas tasas son cada vez mayores y por lo tanto el acceso a ellos se ve profundamente obstaculizado.

IO: Ante el próximo 8 de marzo, en el que confiamos en que habrá de nuevo una enorme movilización por los derechos de la mujer, ¿cómo ves la situación de la mujer y particularmente de la mujer joven, a la que se niegan cada vez más derechos?

P: Para empezar, no creo que exista la mujer joven, sino las mujeres jóvenes, por lo que, dependiendo de hacia dónde mires, su situación será notablemente diferente. Puedo hablarte de las mujeres jóvenes y proletarias de mi barrio o de mi pueblo, las cuales se ven sometidas a ese mercado laboral crecientemente aversivo, en el cual nunca falta el acoso sexual por parte de jefes o compañeros de trabajo. Por otro lado, nos encontramos en un momento histórico en el que nos vemos obligadas a presenciar un constante cuestionamiento de derechos que creíamos permanentemente conquistados (como es el caso del aborto). Mujeres, que, en el caso de ser migrantes, vuelven a ser violentadas por grupos racistas bajo el pretexto de la identidad cultural nacional y la estabilidad económica del país y cuyas ideas se ven potenciadas a través de partidos políticos cada vez más visiblemente fascistas. Mujeres cuya identidad sexual o de género continúa siendo tema de debate y razón por la cual somos violentadas a diario. Mujeres también afectadas por la prostitución, pornografía y vientres de alquiler, tema que por ser tan polémico se intenta ocultar o evitar desde determinados movimientos o partidos para no generar fracturas, a pesar del abordaje necesario del que precisa un tema tan transversal a la vida de las proletarias. Sin embargo, ante todas las dificultades de carácter estructural a las que nos vemos expuestas las mujeres, también observo una gran movilización de estas, por lo que todo retroceso en tema de derechos tendrá su debida respuesta en las calles.

IO: Considerando todos los problemas señalados, ¿qué hacer?

P: Antes de proponer un qué hacer, debo decir que ya hay un “haciendo” puesto en marcha, un “haciendo” que no puede permitirse una pausa ante una realidad tan cambiante e inestable. Por ello, mi propuesta va encaminada a, mientras “hacemos”, señalar que no podemos olvidar la necesidad de analizar todo lo que estamos viviendo y realizar un recorrido histórico para conectarlo con su respectivo pasado, buscando cuáles son esas estructuras (inevitablemente con base económica) que nos atraviesan y a través de las cuales ordenamos lo que nos rodea. Es por esto por lo que, como decía, vamos a tener que entrar en temas generadores de polémica y adoptar un posicionamiento (necesariamente político) con respecto a ello, lo cual nos lleva a la necesidad de ocupar todos los espacios posibles para trasladar el debate y desarrollar una actividad política transformadora.


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