Cuando la crisis es la normalidad

20 abril, 2020 en Internacional

Ponemos a disposición de nuestros lectores un análisis elaborado por la compañera Rumiana Tsoneva, del momento que vive Bulgaria como consecuencia de la pandemia producida por el Covid-19 y la relación concreta en el pais, que , salvando distancias nada difiere de la de España, como consecuencia del abandono de los servicios sanitarios en los últimos 20 años



 

 Bajos salarios, falta de equipo básico, personal insuficiente: la situación no es nueva para el sistema sanitario del país. El salario medio de las profesionales del sector ronda unos 700 BGN o alrededor de 350 €, apenas por encima del salario mínimo en el país. A esto se añaden turnos de más 10 horas y una sobrecarga de pacientes. Las mujeres son las principales víctimas de esta precariedad, ya que conforman cerca del 80% de los trabajadores del sector sanitario, así como del trabajo social en Bulgaria. En las últimas tres décadas, el número de profesionales en el país se ha reducido a la mitad, y muchos han abandonado el país en busca de oportunidades mejor remuneradas en Europa Occidental o América del Norte. Bulgaria es el penúltimo país en la UE por número de enfermeros por cabeza y su edad media ha subido hasta los 58 años. Los que han permanecido en el país, luchan contra la Covid-19 con equipos de protección extremadamente limitados: unas simples mascarillas y un par de guantes por turno. Por otro lado, si alguien desea hacerse unos análisis para comprobar si está o no contagiado por la enfermedad, sólo es posible pagando 130 BGN (65 €) en un laboratorio privado.

La crisis sanitaria derivada del coronavirus solo ha exacerbado las condiciones ya trágicas de los hospitales búlgaros, visibilizando aún más los resultados de 20 años de experimentos de liberalización en el sector. Desde las reformas de 1998, los hospitales búlgaros han estado funcionando como unidades comerciales autosuficientes que compiten por los recursos públicos. El modelo financiero en el sector de la salud del país se reduce a una regla simple: cuantos más pacientes e intervenciones cubra o realice un hospital, más fondos obtendrá del Fondo de Salud Público; si un hospital no puede “atraer” suficientes pacientes y genera deudas, se cierra. Huelga decir que este modelo afecta más a los hospitales en pueblos y ciudades más pequeños, ya que no hay suficientes pacientes. Si esto no fuera poco, a los hospitales privados también se les permite obtener fondos públicos para ciertas intervenciones, lo que significa que ellos también compiten contra los hospitales públicos que ya están agotados financieramente. Como resultado de estas políticas, Bulgaria tiene la esperanza de vida más baja de la UE (74,8 años). La mayoría de las víctimas de la epidemia en Italia sobrepasan los 80 años de edad, lo que es estadísticamente inalcanzable para la mayoría de los búlgaros.

Los enfermeros y médicos en Bulgaria han decidido de una vez por todas visibilizar esta situación y luchar por mejores condiciones de trabajo, salarios dignos y reformas en el sistema de salud para cambiar el estado de los hospitales de entidades comerciales. Durante el último año, los profesionales del sector han realizado numerosas protestas y manifestaciones en todo el país: acamparon frente a la sede del gobierno, y llegaron a ocupar espacios del Ministerio de Sanidad y el Parlamento. Entre sus reivindicaciones se encuentran el aumento del salario mínimo del sector a nivel de dos salarios mínimos (1.220 BGN o 610 €), y la abolición de la condición de los hospitales de empresas. Sus demandas aún no han sido satisfechas por el gobierno. Además, los medios de comunicación vinculados a la coalición gobernante han desacreditado abiertamente a los enfermeros y sus luchas.

Si bien el gobierno ha tomado algunas medidas de protección para el personal médico después de la ola inicial de renuncias, la mayoría de estos esfuerzos se limitaron a los tres hospitales principales de la capital, Sofía, que están recibiendo pacientes con COVID-19. La mayoría de los hospitales del país siguen sin estar preparados para proteger a su personal contra el virus. Al mismo tiempo, se han abierto investigaciones criminales por difundir noticias falsas contra el personal médico que se atrevió a hablar sobre la falta de medidas de protección en sus unidades de atención. En lugar de aumentar los salarios para todos, el gobierno prometió un bono único de 1000 BGN (500 €) a una pequeña minoría de 1,700 empleados médicos por su trabajo en “primera línea” de la pandemia. Además de esto, como las operaciones planificadas se han cancelado o pospuesto, muchos hospitales han sido testigos de una disminución drástica en el número de pacientes y las intervenciones realizadas. Como se explicó anteriormente, menos pacientes y menos intervenciones significan menos fondos para la entidad médica dada. Irónicamente, en una situación de crisis de salud pública sin precedentes, los hospitales podrían verse obligados a cerrar debido a un “presupuesto desequilibrado”.

Mientras tanto el número de desempleados aumenta en 4000 al día desde que fue decretado el estado de emergencia el 13 de marzo (el mismo día que en España pero con 16 casos confirmados de personas contagiadas). La indemnización media por trabajador son unos 650 BGN (320 €). Para algunos padres de niños hasta 12 años se prevé una única transferencia de 375 BGN (180 €). Las familias de cuatro miembros en los que los dos padres se ha quedado sin trabajo podrán recibir 145 BGN (75 €) si cumplen una serie de criterios difíciles de cumplir. Sin embargo, recibir las ayudas del Estado se ven obstaculizadas tanto por los reglamentos y exigencias enormes, como por el hecho de que el 58% de los trabajadores realizan su actividad de forma no reglamentada, sin contrato o trabajando formalmente por el salario mínimo, cobrando el resto en negro. Y mientras miles de personas se han quedado sin trabajo, ingresos, o posibilidad de recibir prestaciones y en medio de un futuro extremadamente incierto, los diputados aumentaron sus salarios un 8% el 1 de abril en medio de la crisis.

Rumiana Tsoneva

 


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *