Crece la resistencia

13 noviembre, 2020 en

Miles de trabajadores de la hostelería se han manifestado este domingo, 8 de noviembre, en Bilbao, junto a pequeños empresarios, contra las medidas restrictivas antidemocráticas y antisociales promulgadas por el Gobierno Vasco, en nombre de la lucha contra la pandemia (una justificación con la que, al parecer, todo vale). En Cataluña, de viernes a lunes de madrugada se impone un confinamiento municipal –que ya padece toda Andalucía– mientras los días laborables los transportes públicos están abarrotados. Y todo eso cuando en los establecimientos de restauración, según el Ministerio de Sanidad, ha habido desde junio un total de 135 brotes, con 2.167 contagiados, y en los centros de trabajo 1.511 brotes, con 18.103 contagiados.

En Madrid el confinamiento de los barrios obreros persiste. En este país dividido en 17 autonomías se aplican medidas diferentes, muchas de ellas con escasa lógica sanitaria, pero muchas con un objetivo común, culpabilizar a la población, sin dotar de medidas suficientes a la sanidad publica agotada y sin recursos.

¿Qué pretenden?

Sin duda evitar una explosión social, porque la población trabajadora sufre de forma selectiva estos ataques. Y, por lo demás, el gobierno pretendidamente progresista atiende por encima de todo a las exigencias del gran capital y la Monarquía. La prensa especializada no ha dudado en enumerar las grandes empresas que se van a beneficiar de los “fondos europeos” mientras los asalariados pierden entre un 15 y 20 por ciento de su poder adquisitivo.

Los portavoces el Gobierno no dudan en calificar a quien se manifiesta contra las medidas restrictivas como provocadores y agentes de la extrema derecha, vieja acusación contra quien defiende las reivindicaciones “gobierne quien gobierne”. Claro está, buena parte de la indignación ha de manifestarse sin un marco organizado donde expresarse, por la negativa y renuncia de las organizaciones mayoritarias a defender las reivindicaciones, escudándose muchas veces en la pandemia. Hemos visto el último fin de semana manifestaciones de todo tipo, algunas de ellas directamente organizadas por provocadores de todo tipo, como la de los “policías por la libertad”.

Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial de Davos (que reúne anualmente a los magnates financieros de todo el mundo) plantea que lo que “me preocupa es el riesgo de estallido de una crisis social”. En efecto, es esto lo que se está incubando en el país y las diferentes manifestaciones de la semana pasada en 20 ciudades son, sin duda, los primeros signos. Sin duda existen provocadores de la extrema derecha, pero no son la causa, sino que, en muchos casos, aprovechan las convocatorias. Y es que la indignación social existe –y crece– y no es el producto artificial de ninguna ” mano negra”.

De las reivindicaciones al necesario cambio político

Lo evidente es que la crisis es utilizada para romper los derechos existentes, para destruir los convenios colectivos, el salario, los servicios públicos. Las promesas tardías del Gobierno, como la anulación del articulo 315.3 contra el derecho de huelga (que se produce después de la batalla desarrollada desde hace 6 años) y algunas medidas solo son el producto de la manifestación incesante del personal sanitario y de la campaña desarrollada desde hace años en defensa del derecho de huelga. Esto demuestra que una actitud decidida de las organizaciones sindicales, en vez de la defensa incondicional del Gobierno, permitiría avanzar en la satisfacción de las reivindicaciones.

La indignación social no encuentra cauces, ante la cerrazón de partidos y dirigentes sindicales. Por eso, la propuesta lanzada por el encuentro del Comité por la Alianza de los Trabajadores y los Pueblos para aunar la lucha por las reivindicaciones, las libertades y los derechos con el combate por un cambio social y político, por la República, busca ayudar a dirigir la indignación hacia una salida democrática positiva.


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