Contra el Golpe de Estado de Bolivia. La dimisión de Evo Morales

29 noviembre, 2019 en Actualidad política, Internacional

El domingo 10 de noviembre, el jefe de Estado Mayor Williams Kaliman Romero retiró su apoyo al presidente Morales. A continuación, éste se dirigió al país para presentar su dimisión. La policía ordenó su detención, y rápidamente el gobierno mexicano de López Obrador le concedió asilo político. En el momento en que escribimos está volando hacia México.

Ésta es de momento la última etapa de un proceso contrarrevolucionario que empezó tras la elección presidencial del 20 de octubre. La oposición acusó a Morales de haber organizado un fraude electoral y exigió de entrada la repetición de las elecciones. Morales cometió la ingenuidad de ¡recurrir a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que auditase la situación! La OEA, agencia del imperialismo norteamericano, no tardó ni 48 horas en declarar que en las elecciones había habido irregularidades. Entonces la oposición exigió la dimisión de Morales recurriendo a la movilización contra él en todas las ciudades del país. Formó supuestos comités cívicos y una junta provisional de gobierno.

Es evidente que tras la oposición está la intervención del gobierno norteamericano. Y sin embargo Morales, presidente de la República desde hace 14 años, gozaba del apoyo mayoritario y se jactaba de las mejoras económicas realizadas bajo su mandato.

La rapidez del encadenamiento de los acontecimientos nos obliga a buscar las causas de ese repentino hundimiento.

 

El imperialismo nunca aceptará

Es evidente, en particular en toda América Latina, que el imperialismo nunca aceptará un gobierno que no se ponga al 100% al servicio de sus intereses, aun en el caso de que las medidas tomadas no vayan en contra de la propiedad privada y de los intereses del capital.

En efecto, Bolivia es un país extremadamente rico en materias primas: minas de cobre, plata, oro, etc. Pero bajo el gobierno de Morales no se ha dado ningún paso en renacionalizar las minas, privatizadas en gran medida en los años anteriores. Así, la Comibol, nacionalizada, es hoy minoritaria en la explotación minera. La ley de Minas del gobierno Morales multiplica las cooperativas. Actualmente, son más de 1600. Se han transformado en pequeñas empresas que subcontratan trabajadores sometidos a una explotación encarnizada, con hasta 16 horas de trabajo al día, y, según la ley de Minas, sin derecho a sindicarse. La fuerza que los mineros representaban en los años 70 como columna vertebral de la clase obrera boliviana se ha visto quebrantada y su sindicato, la Federación Minera de la COB es minoritaria frente a la federación nacional de cooperativas mineras.

Eso explica que a la COB y la Federación les haya resultado difícil defender a Morales frente al golpe de Estado de la derecha. Este mismo domingo, 10 de noviembre, aconsejaron a Morales que dimitiese.

Desde hace casi 14 años, el gobierno Morales, que se llama socialista, no ha tocado ni depurado pilares del Estado como la policía y el ejército. Éste, dirigido por unos mandos ‘educados’ por oficiales del ejército norteamericano, es el mismo ejército que ha organizado cerca de 200 golpes de Estado desde la independencia de Bolivia (1825). Así el general Williams Kaliman Romero había sido agregado militar de la embajada de Bolivia en los Estados Unidos, de 2013 a 2016. Participó de 2011 a 2012 en el dispositivo de la DEA norteamericana de lucha ‘contra’ la droga.  

La situación que se abre en Bolivia dista mucho de estar ‘estabilizada’ con este golpe de Estado. Sigue habiendo enfrentamientos, continúa la resistencia al golpe de Estado, y eso se inserta en un conjunto continental de levantamientos y recrudecimiento de la resistencia de los trabajadores y los pueblos, en particular en Chile, Ecuador, Venezuela.

Andreu Camps


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