Cada día un nuevo escándalo

15 noviembre, 2014 en Edición Impresa, Editorial

Editorial de la edición impresa – nº 288  (24 de octubre de 2014)

Cada día un nuevo escándalo. Y unos solapan a otros. El gobierno Rajoy cree haberse librado, con la ayuda inestimable de Pedro Sánchez, de las consecuencias políticas de la catástrofe del Ébola. Sin embargo la indignación de los trabajadores de la sanidad, de toda la población, empezando por Madrid, parece incontenible y dispuesta a desbordar el supuesto encauzamiento de esta crisis.

Cada día que pasa pone más en evidencia que si no fuera por el apoyo de la llamada oposición este gobierno antiobrero tendría los días contados.

En realidad se abre paso una certeza: el problema no es solo este gobierno, sino la extrema podredumbre de un régimen que se rompe por todas las costuras. Y no será el nuevo rey quien pueda impedirlo.

Este régimen no puede admitir el mínimo paso dirigido a dar respuesta a las aspiraciones de los pueblos. Ya lo ha dicho Aznar este jueves 16 de octubre: todo el que reivindique algo es enemigo de la democracia. Más concretamente, del régimen del 78 (año de la Constitución).

Para los trabajadores lo más sorprendente es la pasividad si no colaboración con Rajoy de los partidos que dicen representarlos. ¿Y las grandes confederaciones? ¡¡Una ola de rebelión las recorre!! ¿Cómo es posible que representantes del sindicato compartieran las costumbres corruptas de los Blesa, Rato y compañía? ¿Que sean considerados “sospechosos” tantos miles y miles de afiliados, de sindicalistas que sacrifican su vida al paciente trabajo de defensa de las reivindi­caciones?

No, desde este periódico, defensor de las organizaciones de los trabajadores, decimos claramente que el trabajo de miles de delegados no es en vano. Que la indignación que recorre nuestras organizaciones debe ser puesta al servicio de la lucha por su independencia y democracia.

Los defensores del régimen pretenden tapar las aspiraciones del pueblo catalán con las renuncias de un político como Mas que solo representa los intereses de su clase, los patronos. Pero ninguna campaña de los medios de comunicación puede acallar las aspiraciones a la soberanía cuando los pueblos necesitan urgentemente liberarse del paro, del hundimiento de todas sus condiciones de vida.

Más que nunca el grito del pueblo catalán se aúna con el de todos los pueblos, de toda la clase obrera exigiendo: abajo este gobierno, ni un día más este gobierno corrupto. Por ese camino se forjará la Alianza de los Trabajadores y de los Pueblos.

Es preciso que los militantes, colectivos, instancias que quieren contribuir a lograrlo, sin ceder a la presión de los dirigentes preocupados por sostener el régimen, sin distraerse por ningún accidente, se apliquen tenazmente a tejer lazos de colaboración organizada para ayudar a los trabajadores a detener de una vez el deslizamiento hacia la ruina.


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