Biden, la cuadratura del circulo

  Informaciones Obreras nº 355 y en su página 10 contiene un articulo, firmado por Xabier Arrizabalo, miembro de el Comité de Redaccion de este periódico, donde, este profesor de economía Mundial  de la Universidad Complutense, expone blanco sobre negro, ya no tanto, si la solución de los problemas que sufre la humanidad es cuestión de mas o menos inyecciones económicas para salvar, por encima de todo, el régimen de la ganancia y el beneficio o mas bien es la expresión carácter crecientemente contradictorio de ese mismo sistema.

La impotencia del Plan Biden 

El 14 de enero Biden anunció un “Plan de Rescate Estadounidense” de 1,9 billones de dó­lares (1,58 billones de euros). Incluiría un bi­llón de dólares en transferencias directas a la población, junto con 415.000 millones para gastos ligados a la pandemia (vacuna, reaper­tura de escuelas, subsidios a trabajadores inac­tivos) y 440.000 millones más para distintos apoyos. Su magnitud llama la atención, porque equivaldría al 10% del PIB. El plan de la UE, que abarca siete años e incluye subvenciones y créditos, fue presentado como histórico por el gobierno español, cuando en términos per cá­pita sólo supone un tercio del estadounidense: 1680 euros frente a 4800 (contando y sin con­siderar que abarca siete años). Entonces, dado el volumen de fondos anun­ciado, ¿podría resolver este plan los graves problemas que aquejan a la economía de EE. UU., concretados por ejemplo en la destrucción de 25 millones de empleos? Es un dato ligado a la pandemia, pero el agravamiento de la si­tuación venía de lejos, la pandemia sólo acele­ra una tendencia ya en curso.

Antes de nada pensemos los datos. Biden sólo ha anunciado un proyecto que aún debe aprobarse por el Congreso. Pero es previsible que, como otras veces, el Congreso recorte nu­merosas partidas (la mayoría demócrata es muy exigua, 51 a 50, y algunos senadores demócra­tas recelan). Por otro lado, su plena puesta en marcha no sería inmediata. Incluso algunas medidas, como los reembolsos de impuestos, demorarían hasta final de año. Además, parte de su contenido no es nuevo, sino que mantiene programas de gasto ya vigentes (que, por cierto, no han logrado frenar el estancamiento). De modo que el estímulo podría reducirse a la mi­tad, un billón de dólares.

Un estímulo económico público que no es nuevo en Estados Unidos. De hecho, en el periodo reciente está en curso desde hace al menos veinte años. A través de distintos me­canismos, como la política monetaria tan ex­pansiva que hasta anula los tipos de interés o la política fiscal que por una parte rebaja los impuestos a la clase capitalista y, por otra par­te, dispara el gasto público, en particular el militar. ¿Cómo se puede financiar todo esto? Déficit público y déficit comercial. En efecto, el déficit público alcanza en 2020 el 16% del PIB (el actual gobierno español acordó hace un año un objetivo del 1,8%, en torno al que la UE impuso el techo de gasto que obliga a los recortes sociales). Pero también venía de lejos, pues en los cuatro años anteriores había aumentado un 68% (de 585.000 millones de dólares a 984.000; sólo en 2019 aumentó el 26%), pasando del 3,2% del PIB al 4,7%.

Y el déficit comercial, que se aúpa ya a un billón de dólares anuales y resulta crucial por­que extiende internacionalmente las contradic­ciones de la economía estadounidense, su huida hacia delante. Y todo para un estímulo que no logra reactivar la economía, ni atenúa los graves problemas sociales, que únicamente vale para sostener al gran capital financiero. El mecanis­mo se repite: las principales economías expor­tadoras, como China -o Japón o Alemania-aceptan los dólares como medio de pago, por­que sus capitales necesitan vender en el enorme mercado estadounidense. Esos dólares son re­ciclados en la propia compra de deuda de EE. UU. o de activos del país. Y el resultado final son burbujas crediticias, inmobiliarias… que finalmente explotan como nuevos episodios de la crisis crónica del capitalismo.

Más allá de en qué quede el “Plan Biden”, su impacto será menor. El efecto multiplicador del gasto público en el PIB no pasa del 1%, suele ser la mitad. Porque los problemas son mucho más profundos. Se deben al carácter crecientemente contradictorio del capitalismo, que lleva a una sistematización cada vez mayor de la destrucción de fuerzas productivas. Es la ley del descenso tendencial de la tasa de ganan­cia formulada por Marx, que explica por qué las conquistas obreras y democráticas están en el punto de mira.

Hace casi noventa años, el 2 de julio de 1932, Roosevelt pronunció su famoso discur­so del New Deal (“Os prometo, me compro­meto a mí mismo, a un nuevo acuerdo para el pueblo estadounidense”). Pero el enorme plan que se puso en marcha no pudo evitar la tra­gedia de la Segunda Guerra Mundial. El anun­cio de Biden no repite la historia, se trata de una farsa. Y las implicaciones políticas de todo esto son muy graves, como se vio en el asalto al Congreso del 6 de enero, con apoyos en el aparato de Estado.

Sólo la acción decidida de la clase trabaja­dora organizada políticamente, en Estados Unidos y en todo el mundo, puede abrir una vía de solución al atolladero en que nos encontra­mos. La movilización de la población negra y del conjunto de la clase desde mayo pasado forma parte de ella.

                                                                                                                                                                 Xabier Arrizabalo

      

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