¡Basta ya! ¡Hay que escuchar la voz del pueblo, de los trabajadores!

14 septiembre, 2019 en Edición Impresa, Editorial

Sería erróneo pensar que se trata de una coincidencia, de un azar del calendario. En efecto, se mire donde se mire, prácticamente todos los gobiernos europeos están en crisis. Empezando con la Gran Bretaña, y acabando con los gobiernos de la antigua Europa del este, como el de Rumanía.

Pero sería igualmente erróneo pensar que la crisis se limita a la superestructura política, a la cúpula de los partidos, que anteponen sus intereses personales a las cuestiones de fondo; evidentemente, hay de todo: ambiciones personales, odios, maniobras, y además los miles de dimes y diretes de la Corte.

Pero detrás de todo, lo que expresa la crisis actual es el agotamiento, la bancarrota de un sistema de producción basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la búsqueda desaforada del beneficio, en detrimento de la satisfacción de las necesidades sociales. Ese sistema que ha hecho que en España se triplique el número de los que son muy ricos (de 200 a 600), mientras sigue cayendo la renta media de millones de asalariados y autónomos. Todo ello recubierto de una supuesta “ciencia económica” que llevaría al “respeto de las reglas de austeridad”, el llamado “equilibrio presupuestario” y otras lindezas de las instituciones internacionales como el FMI, la Unión Europea, que sólo obedecen al poder de las grandes finanzas, a los intereses de las multinacionales, y que pretenden que toda la carga de los recortes caiga sobre las clases laboriosas.

Y sin embargo detrás de esta supuesta “racionalidad”, los propios responsables de la gestión de este sistema no ocultan el terror ante una nueva recesión, muestra de la crisis económica que nadie sabe cómo evitar…

La clase trabajadora busca cómo sobrevivir, con su movilización en los centros de trabajo y en las calles, y recurriendo a los partidos que dicen representarla. Como hicieron con su voto en las elecciones del 28 de abril. Y, de nuevo PSOE y Unidas Podemos se reúnen, rodeados de sesudos estudios, de dos documentos de un centenar de páginas cada uno, con propuestas y contrapropuestas. Los votantes del 28 de mayo y millones de trabajadores, se preguntan ¿llegarán o no a un acuerdo? Y, tan importante como eso, ¿este acurdo responderá o no a la urgencia social y democrática?

Para la mayoría que trabaja o busca empleo, que quiere vivir de su pensión, que quiere ejercer el derecho a decidir que el régimen monárquico le niega, la solución es muy simple. Las principales medidas de un gobierno que responda a la mayoría social, a las necesidades de los pueblos, son claras. Se han expresado en las calles, a través de las movilizaciones de los estudiantes, los pensionistas, los trabajadores, los sindicatos.

Cualquiera podría recitarlas de memoria:

-Derogación de las contrarreformas laborales para crear empleo fijo.

  • Derogación de las reformas de pensiones de 2011 y 2013. Salvaguarda del sistema actual de pensiones para garantizar la supervivencia de nuestros jubilados.
  • Derogación de las leyes liberticidas para ser libres.
  • Restaurar la sanidad y la educación pública, los servicios públicos, para vivir correctamente.
  • Permitir que los pueblos decidan, como el catalán, para restablecer la fraternidad, y, de inmediato, liberar a los republicanos catalanes.

Esto es lo que necesitan los trabajadores y los pueblos. Les guste o no a Bruselas, a la banca o al Rey. No hace falta intercambiar tochos y tochos. Todo esto cabe en una carilla. Basta con que los dirigentes tomen nota.


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