Ante la convocatoria de elecciones

4 marzo, 2019 en Edición Impresa, Editorial

Desde el 1de junio en que se formó, tras echar a Rajoy en la moción de censura, las múltiples promesas realizadas por Pedro Sánchez y los dirigentes del PSOE hoy en el Gobierno, se han convertido en su gran mayoría en humo.

La precipitación del Gobierno en utilizar los últimos días de ejercicio para aprobar múltiples decretos de menor calado antes de convocar las elecciones no puede ocultar los hechos.

Se han mostrado totalmente incapaces de aprovechar unas circunstancias propicias, con el PP en su peor momento, corroído por la corrupción y derrotado políticamente por los pensionistas y el pueblo catalán.

Durante estos 9 meses ha mareado la perdiz, amagando, prometiendo, haciendo pequeños gestos como los del Consejo de ministros del 21 de diciembre, con declaraciones de negociación sobre la cuestión catalana,  pero retrocediendo precipitadamente ante el primer aullido de los franquistas.

Las mínimas promesas de anulación de la LOMCE, de derogación de la reforma laboral de Rajoy, de anulación del artículo 315.3 del Código Penal (algo que además no cuesta dinero). Nada o casi.

¿Que ha faltado?

No ha faltado ni la exigencia unánime de los trabajadores, ni la movilización continua de los pensionistas -que de nuevo han visto como a ultima hora el Gobierno ha intentado colar la reforma a través del Pacto de Toledo, cosa que ha fracasado.

Ni siquiera ha faltado la voluntad de una buena parte de los dirigentes republicanos catalanes de negociar con el Gobierno. Sus exigencias eran mínimas, simplemente que la abogacía del Estado y el fiscal que dependen del Gobierno recalifiquen los supuestos delitos inexistentes de rebelión y sedición. Ni siquiera esto.

Los propios dirigentes sindicales que desde el primer día, el 1 de junio, lo han supeditado todo al apoyo al Gobierno, han visto satisfechas la mínimas demandas pactadas con la ministra de Trabajo.

No, lo que ha faltado es esencial

El Gobierno no ha querido apartarse ni una coma de su subordinación al Rey y al capital, a la monarquía, a la Unión Europea, o sea, al capital financiero. Ni siquiera ha demostrado independencia en relación a Trump en cuanto a Venezuela.

Una vez mas la incompatibilidad entre reivindicaciones/democracia e instituciones monárquicas aparece.

En estas elecciones, gane quien gane, esta cuestión central se va  a expresar.

Para los trabajadores y los pueblos, la lucha por la unidad por derechos sociales y democráticos es la única que puede abrir un camino positivo, o sea, la republica. Republica del pueblo, de los pueblos.


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