¿Adónde vamos?

18 junio, 2020 en

El impacto que están teniendo en todos los pueblos del mundo –y también en nuestro país– las masivas movilizaciones de los jóvenes, negros, latinos y trabajadores de todas las razas estadounidenses, es muy importante, en algunos países incluso inmenso.

El sábado 13, en todas las grandes ciudades de Francia, y en especial en París, decenas de miles de manifestantes –desafiando el represivo estado de urgencia llamada sanitaria, que prohíbe las manifestaciones– se levantaron contra la violencia policial en Estados Unidos y en la propia Francia.

Que nadie se llame a engaño, de nada van a servir ni la Ley Mordaza ni el intentar responsabilizar a la población, ante la incapacidad del sistema sanitario dislocado por los diferentes gobiernos. En nuestro país, las movilizaciones por las reivindicaciones se multiplican. De los sanitarios, los vecinos, los pensionistas, la enseñanza…

Dos lógicas se enfrentan:

De un lado, la de los trabajadores de Nissan (y de otras muchas empresas) que exigen mantener su empleo, la de los sanitarios de todo el país que no aceptan pagas ni premios hipócritas, sino restablecer el servicio público, mejorar las condiciones de trabajo, recuperar los puestos de trabajo perdidos, la de los pensionistas que ven de nuevo amenazado el derecho a la jubilación, ante el anuncio del ministro de trabajo de nuevos recortes “pactados en el Pacto de Toledo”, la de los jóvenes, de nuevo condenados a un futuro de precariedad y de destrucción de la enseñanza pública…
Frente a ellos, que son la inmensa mayoría de la población, la lógica del capital financiero, de los bancos, de las multinacionales, de las instituciones internacionales como el FMI, la Unión Europea, la OCDE o el Banco de España, que claman por nuevas “medidas de austeridad” (es decir, nuevos recortes en los salarios, los derechos, las pensiones, los servicios públicos, la inversión pública…) y que reclaman mantener todas las contrarreformas, como las reformas laborales.

¿Y el Gobierno?

La decepción entre la mayoría que lo votó es evidente, la discusión actual sobre el presupuesto para el año que viene no levanta ninguna expectativa favorable a la mayoría, se ciñe a lo que permite el capital, y pretende incorporar a fuerzas como Ciudadanos que no proponen nada bueno para la mayoría trabajadora.

La crisis del régimen, y, en particular, de la Monarquía, ahora agravada por la investigación de la Fiscalía del Supremo sobre los negocios de Juan Carlos I el Intermediario, muestra que las instituciones que protegen al capital son débiles, su corrupción y parasitismo aparece a la  vista de toda la población.
El momento es propicio para conseguir arrancar las reivindicaciones, a condición, claro está, de que las organizaciones que dicen representar a los trabajadores no miren hacia otro lado o se comprometan con “pactos de Estado” que sólo pretenden cubrir la nueva ofensiva del capital contra los trabajadores.

Nos prometieron un “cambio de modelo”, y vemos cómo los capitalistas vuelven a la carga, cerrando empresas para trasladar la producción donde ganen más dinero explotando sin límite a sus trabajadores, mientras los gobiernos siguen siendo espectadores patéticos e impotentes.
En todos los sectores que sufren la guerra social que ha acompañado a la pandemia crece la disposición a la lucha, a la movilización que pueda obligar a imponer las medidas necesarias  de salvaguarda de la mayoría.

Este es el sentido del llamamiento que han suscrito más de 500 militantes y responsables, que señalan que lo que hay que reconstruir son los derechos de los trabajadores, la juventud, las mujeres y los mayores, apoyando la campaña por 14 reivindicaciones urgentes que el Comité por la Alianza de los Trabajadores y los Pueblos desarrolla.


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