Entrevista a Alex Gordon,
del Consejo Ejecutivo de la National Union of Rail, Maritime & Transport Workers, de Gran Bretaña
Infomación Obrera: Vuestra organización se opone a la Unión Europea ¿Cómo llegasteis a esta posición?
Alex Gordon: Los trabajadores del transporte a los que representamos han sido los primeros en sufrir los efectos de la destrucción de derechos. Hace más de 30 años que se impusieron en el transporte marítimo las banderas de conveniencia y el dumping de los derechos. Las compañías británicas matriculan los barcos en Belice, Liberia, Panamá, donde pagan salarios mucho más bajos, no existen derechos obreros ni regulaciones de seguridad. En el sector marítimo tenemos una larga experiencia de cómo al amparo de esta situación se produce la hiperexplotación de los trabajadores ingleses por un proceso de brutal competencia internacional de esa mano de obra barata.
En nuestra organización hemos tenido una profunda discusión política, hemos peleado contra el racismo, y hemos llegado a una conclusión: el problema no es la nacionalidad de los trabajadores, sino las leyes laborales por las que se rige el empleador y la posibilidad de que el empleador pueda “emigrar” para establecerse en países con una legislación laboral muy débil y bajos salarios y evitar las leyes que protegen los derechos de los trabajadores.
Con la “libre circulación” y la”libertad de establecimiento” en países con una menor protección social entramos en una carrera hacia el fondo. La famosa directiva Bolkestein no es más que una generalización de este principio en el marco de la Unión Europea, que toma como ejemplo las malas prácticas del sector marítimo en todo el mundo.
Nuestro sindicato sabe desde hace años que hay que luchar porque los derechos laborales sean de obligado cumplimiento y por la colaboración internacional entre sindicatos para evitar la caída de los salarios y evitar el dumping social.
En los últimos 10 años se ha demostrado que la Unión Europea es la destrucción de los derechos laborales. La directiva 91/440/CEE supuso la liberalización ferroviaria, con los desastrosos resultados que conocemos en Gran Bretaña. Ahora esa directiva y las que le siguieron quieren forzar la liberalización del transporte ferroviario y llevarán a la misma privatización en toda Europa. Con la liberalización y la privatización la UE destruye el empleo y los derechos. Creemos que los sindicatos debemos revertir este proceso. Tenemos que luchar por la renacionalización del ferrocarril, por que los ferrocarriles sean operados por el estado y controlados por los parlamentos nacionales y no por las multinacionales.
Ahora, las sentencias del Tribunal Europeo sobre Vikong, Laval, Rüffert y Luxemburgo, que dejan claro, absolutamente transparente el papel de la UE, destruyendo la negociación colectiva y al sindicalismo y llevando los derechos de los trabajadores 100 años atrás. Por eso, nuestra experiencia nos ha llevado a una posición contra la Unión Europea.
IO: Vuestra organización apoya la campaña de los sindicatos y los trabajadores irlandeses contra el Tratado de Lisboa ¿Puedes explicarnos por qué?
A.G.: Para empezar, nosotros tenemos afiliados en puertos irlandeses, como Rosslare, Wexford Dun Laoghaire, Belfast. Por eso formamos parte de la Confederation of Trade Union Congress de Irlanda. Por tanto, tenemos interés por la política de Irlanda. Pero, además, de todos los pueblos de Europa, sólo los irlandeses han tenido la oportunidad de ser oídos, de votar en un referéndum sobre el Tratado de Lisboa y sólo ellos han dicho ¡No!. Defender la democracia es en primer lugar defender la decisión del pueblo irlandés. Lo que sucede ahora, obligarles a volver a votar, demuestra precisamente que no hay democracia dentro de la Unión Europea.
El Tratado de Lisboa crea un superestado sin democracia, que sólo busca aumentar los beneficios de las multinacionales a costa de destruir los derechos de los trabajadores. Por eso, si Irlanda puede acabar con eso, apoyamos a los irlandeses. Hay que hacerlo con dinero, con medios, ayudándoles a diseñar y distribuir propaganda, con apoyo militante.
IO: La huelga espontánea de los trabajadores de la energía del Reino Unido ha sido calificada de “xenófoba” ¿Qué opinas de esto?
A.G.: El primero en hablar de huelga xenófoba ha sido Peter Mandelson, ex-comisario europeo de comercio y competencia y hoy ministro de asuntos de negocios de Gordon Brown. Lord Mandelson es un notorio ultraliberal que lleva al Partido Laborista muy a la derecha de toda posición que haya tenido antes.
Su descripción de xenofobia es típica de su hipocresía. La huelga empieza en el norte de Inglaterra contra la entrada de una nueva subcontrata, la empresa, con sede en Sicilia, que no reconoce a los sindicatos ni respeta el convenio colectivo. La empresa no renueva a trabajadores especializados y sindicados y emplea a trabajadores italianos y portugueses al amparo de la directiva europea sobre desplazamiento de trabajadores sin respetar el convenio colectivo.
La huelga es una “huelga salvaje” porque las leyes antisindicales inglesas prohíben toda huelga de solidaridad o convocada contra alguien que no sea el empleador directo y hacen responsables económicos a los sindicatos que la convoquen.
Pronto la huelga agrupaba a 10.000 trabajadores en 10 lugares distintos. Incluso en uno de ellos se unieron los trabajadores extranjeros de las contratas. Se organizó en base a asambleas y delegados de fábrica. Lo que exigían era: que no hubiera represalias contra los huelguistas, que todos los trabajadores, nativos o extranjeros, estuvieran cubiertos por el convenio, control sindical de la contratación, que todos los inmigrantes contratados estuviera sindicados y que se permitiera el asesoramiento sindical, incluyendo traducción, a todos los trabajadores inmigrantes.
IO: Pero la prensa muestra trabajadores con pancartas que hablan de “trabajo para los británicos”
A.G.: Es una denuncia a la hipocresía de Gordon Brown. El Primer Ministro anunció en la Conferencia anual del Labour Party en septiembre de 2008 que los empleos británicos serían para los trabajadores británicos, y ahora permite el empleo de inmigrantes por debajo del convenio y sin derechos. Los trabajadores que exhibían esas pancartas denunciaban irónicamente la hipocresía del primer ministro, y no eran racistas ni fascistas ni xenófobos.
Podemos asegurar que en algunos lugares donde la ultraderecha ha pretendido intervenir en la huelga, los piquetes de huelga les han echado. Las demandas de los comités de huelga eran socialistas, y no fascistas. Pedían que todos los trabajadores estuvieran protegidos por el mismo convenio, cobraran el mismo salario, eran totalmente antirracistas. Esta acusación de xenofobia es mera propaganda política y una mentira de un político que es uno de los más faltos de honradez de Gran Bretaña. Precisamente si permitimos que se aplique la contratación de empresas que contratan a extranjeros rompiendo el convenio y las leyes laborales estaremos abriendo paso a la extrema derecha
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