El ejército israelí asesina en Gaza a 53 palestinos, entre ellos a 8 niños

18 mayo, 2018 en Internacional

Reproducimos el artículo publicado en Informations Ouvrieres de François Lazar el martes 15 de mayo

El Parti Ouvrier Indépendant (POI) difunde un comunicado junto con este artículo (PDF)

El lunes 14 de mayo, mientras que los grandes de este mundo inauguraban la embajada norteamericana en Jerusalén y conmemoraban el setenta aniversario de la proclamación del Estado israelí, los francotiradores del ejército israelí cometían una nueva masacre en la franja de Gaza. En el momento de escribir estas líneas, se contabilizan 55 palestinos muertos por disparos, 8 de ellos niños, 58 personas entre la vida y la muerte y más de 2 200 heridos, de los que la mayoría quedarán inválidos, porque los francotiradores apuntan a las piernas y las articulaciones. Durante todo el día, se han difundido imágenes de individuos desarmados asesinados en directo y, a unos kilómetros de allí, las imágenes de las fastuosas ceremonias en Jerusalén.

Desde principios de abril, los habitantes de la franja de Gaza, organizados en comités que integran a todas las organizaciones del territorio, preparan la Gran Marcha por el Retorno, movimiento que se expresa en manifestaciones pacíficas todos los viernes, y después el lunes 14 de mayo. El objetivo de esas manifestaciones es acercarse lo más posible a la frontera, simbolizar su paso, para exigir el levantamiento del bloqueo y afirmar el derecho al retorno de los refugiados a las ciudades y pueblos de sus padres. La Gran Marcha por el Retorno ha reunido este 14 de mayo, fecha que corresponde a la Nakba para los palestinos (ver recuadro), a una multitud masiva y compacta, manifestándose en muchos casos en familia. La situación en la franja de Gaza es catastrófica. Gaza, que sufre un bloqueo mantenido conjuntamente por israelíes y egipcios, ha sido calificada con toda razón de la mayor prisión a cielo abierto del mundo. Una periodista preguntaba a un joven palestino si tenía miedo a morir al ir a manifestarse. Él respondía: “Yo ya estoy muerto”. En semejante situación, el pueblo palestino no tiene otra solución que resistir, afirmar su existencia y los derechos que de ello se desprenden.

Todos los viernes, desde la primera manifestación, los francotiradores israelíes asesinan y mutilan fríamente a los manifestantes. Contando con la masacre del 14 de mayo, casi un centenar de palestinos han sido asesinados desde abril. Los oficiales israelíes explican que los francotiradores, aun no estando en peligro, están en su derecho de disparar a los manifestantes ya que Israel supuestamente se defiende al encontrarse en “estado de guerra” con Gaza. Avi Dichter, antiguo jefe de los servicios secretos, hoy diputado, ha dicho que el ejército israelí disponía de “munición suficiente para matar a todos los manifestantes palestinos en Gaza”.

Tras la masacre del 14 de mayo, se han organizado espontáneamente diversas manifestaciones en Galilea, región en la que son numerosos los palestinos del interior (ellos rechazan la noción de árabes israelíes), en particular en Shafaram, Sakhnin y Nazaret, pero también en la zona costera de Haifa. El lunes por la tarde, una manifestación ha congregado entre doscientos y trescientos pacifistas judíos israelíes ante la vivienda del primer ministro para protestar contra la masacre. Llaman a una nueva concentración el martes 15 en Tel Aviv. También se ha lanzado un llamamiento a la huelga general en los territorios palestinos (incluyendo los territorios de 1948) para el martes 15 de mayo.

Mientras que la masacre continuaba al ritmo de las festividades israelíes de la jornada, Donal Trump, que celebraba la inauguración de su embajada, he evitado cuidadosamente evocar la matanza. Su yerno, Jared Kushner, que le representaba en Jerusalén, escribía por su parte que los manifestantes eran “una parte del problema y no la solución”. La máquina de propaganda israelí ha explicado incesantemente que Hamas era responsable y que, según el ministro de Defensa, Lieberman, “no hay nadie inocente en la franja de Gaza”.

Por su parte, Emmanuel Macron, siempre dispuesto a dar lecciones al mundo entero, ha brillado por su reserva. Un comunicado del Eliseo ha indicado que Francia condena “los actos violentos” y que el presidente Emmanuel Macron “hablará con todos los actores de la región en los próximos días”… cosa que, no lo dudemos, todos esperan con impaciencia. La ejecución fría, abyecta, prácticamente a quemarropa de 55 personas, 8 de ellas niños, es sobriamente calificada de “violencia”. En la Rusia zarista, antes de la revolución, se llamaba a esto un pogromo. La forma ha cambiado, se ha pasado de los sables a los fusiles de los francotiradores, pero ¡es diferente el fondo?

En esta región del mundo, se suceden desde hace cuarenta años los “planes de paz”, que conducen sistemáticamente a nuevas guerras, a nuevas masacres de palestinos. Para el pueblo palestino, como para los pueblos de todo el mundo, no puede haber paz sin libertad. La Nakba no ha terminado. La resistencia tampoco.

La Nakba, “catástrofe” en árabe, es una expresión que califica la proclamación del Estado hebreo el 14 de mayo de 1948, tras el anuncio de la retirada británica de su mandato internacional en Palestina. En esa fecha, los colonos sionistas controlan alrededor del 7% del territorio de Palestina. El voto de la ONU les otorga el 55%. A partir de ese momento, el objetivo de los grupos paramilitares sionistas es tomar posesión efectiva de ese 55% otorgado, y en la medida de los posible ampliarlo, y ello por todos los medios que sean precisos. La Kakba expresa ese largo proceso metódico de expulsión de los palestinos de sus tierras a medida que avanza la colonización israelí. Está marcada por la expulsión masiva de dos tercios de la población palestina de sus tierras ancestrales en 1948 y prosigue hoy cada vez que una familia palestina es expulsada de su casa, cada vez que una casa es destruida por los bulldozers del ejército israelí.

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