30ºAniversario de la reunificacion alemana

12 noviembre, 2019 en Internacional, Tribuna libre

En estos días se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín, con la consiguiente y mal llamada reunificación alemana. Después de este tiempo pasado, podemos analizar con perspectiva aquel acontecimiento y sus resultados. Para ello ponemos a disposicion de nuestros lectores un articulo de una activista politica alemana llamada Carla Boulboulle. Esperamos que sirva de guion a nuestros lectores en la discusión que habre este articulo.



 

Los 30 años de la unidad alemana


“Aumentan las desigualdades” 

Esta gran titular encabeza muchos de los reportajes aparecidos con ocasión de las celebraciones oficiales del supuesto 30º aniversario de la unidad de Alemania, el 3 de octubre de 2019. (Naturalmente, el verdadero aniversario es la caída del Muro el 9 de noviembre).

La cuestión es saber cuándo esa “profunda brecha” de desigualdad “socavará los fundamentos de la democracia”, comenta el SZ (Süddeutsche Zeitung) del 8 de octubre.


9 de octubre de 1989: “¡Nosotros somos el pueblo!”


Hace treinta años, el 9 de octubre de 19898, miles y miles de trabajadores y trabajadoras, procedentes en particular de las grandes empresas de Leipzig, se ponían a la cabeza de la manifestación de los 70 000. Con la consigna central
“¡Nosotros somos el pueblo!”, esta manifestación se convirtió en la señal decisiva del levantamiento revolucionario popular de la RDA.

Los dirigentes del SED, que estaban dispuestos a dar a las tropas la orden de disparar (igual que lo hicieron antes los dirigentes de Pekín en la plaza de Tiananmen, ver Krenz), se vieron incapaces de actuar a causa de la poderosa movilización de los trabajadores. El poder del partido y su aparato opresivo capitularon Ante el poder de la clase obrera. Nueve días después, Honecker se vio forzado a la dimisión.


“¡Nosotros somos el pueblo!”


Un mes después, con la caída del Muro, símbolo material de la división de Alemania impuesta por las potencias imperialistas y estalinistas mano a mano, en las conferencias de Yalta y de Postdam, el pueblo impone su voluntad de unidad al conjunto de las fuerzas dirigentes.

¡Nosotros somos el pueblo! – ¡Queremos la unidad de Alemania!”: es lo que escribe Cornelia Matzke en un artículo titulado: “Problemas no resueltos de la Revolución de 1989” publicado en Berlín en 2010; Cornelia Metzke se presentó a las primeras elecciones libres organizadas tras la caída del Muro en Sajonia y fue elegida diputada al Parlamento regional por la lista: “Iniciativa de mujeres”.

¡Nosotros somos el pueblo! – igualdad de conquistas”


Este llamamiento del pueblo en 1989, esta exigencia de gozar de las mismas conquistas en una Alemania unificada, se mantiene hoy más que nunca en silencio por la opinión política oficial.

Poco tiempo después de la unificación política. La población de Alemania del Este hizo la amarga experiencia de la liquidación de su industria que provocó la desaparición de millones de empleos y acabó con las conquistas sociales a ellos asociadas.

Cerca de la mitad de los alemanes del Este, siguen constatando hoy que la esperanza de lograr las mismas conquistas no se ha hecho realidad. ¡Ésta no es la unidad que querían!

Mismas conquistas

Significaba alinear el nivel de vida del Este con el del Oeste.

Significaba extender las conquistas históricas del estado social obtenidas por los trabajadores y sus organizaciones en el Oeste y que podían apoyarse en los del Este.

Mismas conquistas

Significaba también, tras expulsar a la burocracia parasitaria, mantener las conquistas de la “propiedad social” y la protección que la propiedad estatal de las empresas garantiza contra la voracidad del capital.

Wenzel Woborill, un viejo socialdemócrata de Alemania del Este, se dirigió lleno de esperanza hacia el SPOD en 1989, declarando: “La historia nos ofrece realmente ahora la posibilidad (…) de hacer que el socialismo libre y democrático así como la unidad de la clase obrera se conviertan en una realidad”. (Ver “Problemas no resueltos de la Revolución de 1989” op.cit.)

En el primer período de posguerra, las desigualdades en Alemania del Oeste (también por la experiencia hecha de la “naturaleza predadora del capitalismo”, responsable de la barbarie del fascismo según dijo Kurt Schumacher) no llegaron a tener el alcance de las posteriores a 1989. La política de la Agenda 2003 fue la que agrandó de manera brutal el abismo entre ricos y pobres. La ley fundamental de 1949 exigía, por ejemplo, “la uniformidad de las condiciones de vida”. Este artículo de la ley fundamental se “anuló” en 1994 y se sustituyó por la obligación menos vinculante de “crear condiciones de vida iguales”. No obstante, en Alemania del Este anterior a 1989 ya había una gran desigualdad de ingresos entre la población activa y los propietarios privados dueños del capital y de los medios de producción… En diciembre de 1989, la Asociación Paritaria de Beneficencia del Oeste publicaba su primer informe sobre la pobreza en contra de la virulenta oposición del gobierno federal.

En el Este, las condiciones de vida de la población eran más homogéneas, pero había también un sector de burócratas parasitarios del partido, del Estado y del ámbito económico, que, sobre la base de la opresión política de la población,, se enriquecía apoderándose de los bienes procedentes de la economía, los medios de producción y las empresas estatales.

Para obtener las mismas conquistas en Alemania del Este, habría sido necesario expropiar al capital y reorganizar la economía y la sociedad en la Alemania unificada. Esto no sólo habría supuesto la caída de la dictadura del SED, sino que también habría hecho posible superar la división de Alemania. Habría sido necesario exigir que el conjunto del pueblo alemán pudiese decidir soberana y libremente sobre su Constitución, lo que estaba previsto por la Ley Fundamental. Lo que habría exigido la convocatoria de una Asamblea Constituyente para toda Alemania, en cuyo seno los delegados elegidos por el pueblo habrían determinado ellos mismos qué forma de sociedad tomaría la República unida de la naciente Alemania, qué política llevaría y qué nivel social defendería.

En las primeras “elecciones libres” en Alemania del Este, el 18 de marzo de 1990, así como en las elecciones al Bundestag de diciembre, sólo participaron como partidos establecidos los sometidos al orden social capitalista. El tratado de unificación integró pues, de entrada, a la Alemania que se unificaba en el mercado interno capitalista emergente de la CE y del tratado de Maastricht. Las instituciones estatales, políticas y económicas de la RDA fueron disueltas y la población de Alemania del Este fue sometida a la economía de mercado capitalista privada y a su Estado burgués.

Resultado de ello fue la liquidación y la privatización de la propiedad pública de los medios de producción. Se destruyeron entre un 80% y un 90% de los más de 3 millones de empleos industriales. Las conquistas sociales vinculadas a la propiedad social fueron a su vez privatizadas o liquidadas (como en los sectores sanitarios con las policlínicas y centros de salud, en el educativo, en el de la primera infancia, en las prestaciones sociales vinculadas a las empresas, en el derecho al trabajo, en la igualdad de derechos para las mujeres, en la vivienda comunal…). Gran parte de la población lograría mantenerse, antes de 1989, gracias a una red de protección social. Esas infraestructuras sociales –aunque vetustas- fueron capaces de garantizar una cierta igualdad y estabilidad del nivel de vida en Alemania del Este, aunque a un nivel inferior. La unificación de Alemania bajo dominación capitalista condenó a la clase obrera al paro masivo y al empobrecimiento.

Al mismo tiempo se tuvo buen cuidado de que una parte importante de los antiguos burócratas del SED, así como de los cuadros de la administración, de la economía y de la sociedad (la nomenklatura) pudieran preservar tras la caída del Muro sus antiguos privilegios y los bienes privados que habían acumulado. Muchos de ellos lo aprovecharon y consiguieron en esta Alemania unificada un lugar en el sector privado, las instituciones públicas, la administración y la política.

En la Alemania unificada

Las desigualdades entre el Este y el Oeste se han exacerbado a causa del empobrecimiento masivo y del elevado paro en Alemania del Este tras la caída del Muro; tal vez se hayan atenuado, pero en ningún caso han desaparecido.

Según el Instituto de Ciencias Económicas y Sociales (WISI), la diferencia salarial entre los Länder del Este y del Oeste de Alemania para los asalariados a tiempo completo es de cerca del 17% (más del 18,2% en Sajonia).

Los salarios de los convenios colectivos logrados con dura lucha, gracias al combate sindical, se ajustaron en un 97,6%, pero sólo el 45% de los empleados del Este (39% en Sajonia) siguen sujetos a convenios colectivos. En Alemania del Este, un tercio de los asalariados (un cuarto para el conjunto de Alemania) tienen salarios bajos (según el Instituto Alemán para la Investigación Económica, DIW). Entre los menores de 25 años del Este, un 56% está en esa situación. Los obreros metalúrgicos del Este trabajan actualmente tres horas más que los del Oeste, lo que en un año representa un mes completo de salario.

La política de la Agenda 2010 iniciada por Schröder, a la que se han sometido todos los posteriores gobiernos, ha favorecido el declive social y político en Alemania del Este y en Alemania del Oeste, convirtiéndose Alemania del Este en un campo de experimentación; allí se han experimentado la ruptura de reglamentaciones que definen las relaciones laborales y la extensión de toda clase de medidas para derogar los convenios colectivos. El 23% de los asalariados se incluyen en el sector de bajos salarios. El desmantelamiento de los sistemas de seguridad social, la ruptura de los derechos de los asalariados y de los sindicatos prosiguen en la Alemania unificada. . Lo que es igualmente válido para la desindustrialización, que no se ha detenido en el Oeste. Bajo la presión ejercida por la regla de oro, regiones y comunas destruidas por esas medidas tal como las conocemos en el Este, influyen también ahora en la vida cotidiana en toda Alemania. Hoy, en Alemania del Oeste, sólo el 56% de los trabajadores están hoy sujetos a convenio colectivo.

Las desigualdades en la Alemania unificada siguen creciendo hoy. Según un estudio del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales (WISI), el abismo entre ricos y pobres es más grande que nunca. El 10% de los más ricos posee más de la mitad de todas las riquezas (56%), mientras que la mitad de los más pobres sólo posee el 1,3% (según el DIW). A ello se añaden también las desigualdades entre los trabajadores que también aumentan, entre una proporción cada vez más escasa de trabajadores dependientes de convenios colectivos nacionales y una proporción creciente de trabajadores sometidos a trabajo precario, en los sectores de bajos e ínfimos salarios.

Según las previsiones del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW) la pobreza de personas mayores en Alemania seguirá aumentando durante los próximos veinte años. El riesgo de pobreza de los jubilados de Alemania del Este aumenta enormemente a causa del elevado número de trabajadores interinos, de contratos temporales, de pequeños empleos y contratos a tiempo parcial. También aquí es donde se dan los salarios más bajos.

También aumentan las desigualdades entre Länder y ayuntamientos. Según un estudio de Bertelsmann, las regiones más pobres del Oeste son el Ruhr, el Sarre y Renania Palatinado. El déficit presupuestario de los ayuntamientos pobres se ha elevado a cerca de mil millones de euros entre 2010 y 2017. Según ese estudio, las ciudades más pobres son cinco en la región del Ruhr, entre ellas Gelsenkirchen donde cerca de un habitante de cada cuatro recibe el subsidio Hartz IV. En las ciudades de Essen, Herne, Duisburg y Dortmund, es alrededor de un habitante de cada cinco.

30 años después de la caída del Muro, el conjunto de Alemania del Este está muy por detrás de Alemania del Oeste (según el WISI) tanto en términos de capacidad económica, que es un 75% del ingreso medio por habitante, como de nivel de vida, seguridad social e infraestructuras públicas.

Así pues, no es sorprendente que, según un reciente sondeo realizado por el gobierno federal, el 57% de los alemanes del Este se consideran ciudadanos de segunda clase.

El diario “Die Zeit” publicó el 2 de octubre un estudio representativo. Según este estudio, “los alemanes del Este consideran que la seguridad del empleo y la justicia social son peores que antes de 1990” y sólo el 52% de los alemanes del Este piensa que “las esperanzas suscitadas por la unificación de Alemania en general se han realizado”.

Tras 30 años de unidad alemana, ¿son homogéneas las condiciones de vida?

Esta evolución muestra que la unidad social de Alemania no puede hacerse en el marco del capitalismo dominante. La realidad es que, por el contrario, las desigualdades aumentan.

La realización de la unidad social de Alemania que el movimiento revolucionario de 1989 se fijó como tarea sigue siendo un problema no resuelto.

Carla Boulboullé


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