100 días después

25 junio, 2020 en

Desde el 14 de marzo, en que se declaró el Estado de Alarma, han pasado más de 100 días. Se ha abierto una nueva etapa, y es el momento de sacar lecciones de lo ocurrido y entrever el camino que los trabajadores y los pueblos pueden tener para hacer frente a las amenazas que anuncian los portavoces del capital financiero nacionales e internacionales.

El Estado de Alarma lo proclamó Pedro Sánchez como el ordeno y mando y dando protagonismo al ejército, la policía y la Guardia Civil. Desde el Ministerio del Interior se impulsó el uso y abuso de la Ley Mordaza. Por medio de ella, la lucha contra la pandemia fue utilizada para aterrorizar a la población, privar a los trabajadores y la mayoría de libertades, imponer más de un millón de multas, 9000 detenidos… sin apenas justificación.

A pesar de algunas limitadas medidas del Gobierno, la mayoría trabajadora vive una situación muy difícil. Esas medidas no llegan a cubrir la gravedad de su situación, mientras llueven avales y ayudas a las empresas, con la excusa de “mantener el empleo”. Pero ahí están Nissan, Alcoa y tantos otros como prueba de lo vacuo de esas justificaciones.

La crisis ha puesto al borde del colapso al sistema sanitario, al que se caracterizaba como “el mejor del mundo”, enormemente fragilizado por años de recortes aplicados por gobiernos de uno y otro signo. Sólo se ha sostenido por el sacrificio de sus abnegados trabajadores, a los que ahora en todas partes se intenta despedir y mantener con escasez de plantilla y de medios –en algunas contentándoles con una mínima paga–, lo que hace posible un nuevo colapso si se produce otro brote.

Por otro lado la situación de las residencias de mayores, puesta al descubierto por el reguero de muertes, no solo no se ha solucionado, sino que la conclusión parece ser potenciar aún más lo privado.

A la catástrofe sanitaria se suma la catástrofe social: un millón de despidos, 3,5 millones en ERTE, algunos sin cobrar, otros recibiendo (en el mejor de los casos) un 70% de su sueldo, 1,5 millones de autónomos sin futuro, por no hablar de las nuevas generaciones con los estudios amputados y sin garantía de empleo… Podríamos multiplicar los ejemplos.

Pero veamos las próximas medidas:

La discusión sobre el Presupuesto para 2021 y otras leyes se anuncia ardua. El capital financiero exige (y sus agentes dentro del Gobierno parecen dispuestos a aplicarlo) nuevos recortes sociales, aumentos del IVA, agravar las reformas laborales y una nueva reforma de las pensiones, entre otras medidas.

El Foro de los empresarios, convocado por la CEOE, actuando como “partido político” ante la incapacidad e insolvencia de las tres derechas de Colón, busca imponer al Gobierno su hoja de ruta, contando con el apoyo de las instituciones internacionales, FMI, OCDE, Unión Europea…). El capital es consciente de que el régimen monárquico en el que se cobija está cuestionado, hundido en el parasitismo y la corrupción, golpeado cada día por la revelación de un nuevo escándalo. En parte, a esto obedece la iniciativa de la CEOE,

Su hoja de ruta no tiene nada de original, se reduce a “acabar con todo” o sea con todas las conquistas y derechos conseguidos después de la muerte de Franco. Es todo un programa de uberización de la sociedad

El Gobierno, incapaz de responder a las reivindicaciones de la mayoría social que lo llevó al poder, busca a toda costa un Pacto de Estado con el PP.

Frente a ello, los trabajadores, los jóvenes,  los pensionistas ya han hecho balance de la crisis: saben que la intención de los poderosos es hacer pagar la crisis a la mayoría, que cuando hablan de reconstruir hablan simplemente de recuperar y aumentar los beneficios, y exigen al Gobierno que desvíe fondos públicos para ello. Este es, por ejemplo, el contenido del plan del automóvil (que acepta resignado el cierre de Nissan ), o el del turismo.

La resistencia a estos planes está ya en la calle, en la huelga, en las movilizaciones convocadas y las que se anuncian. Y todo ello a pesar del obstáculo que representan los principales dirigentes de nuestras confederaciones que corren detrás de un pacto social, que convocan supuestas movilizaciones con ese objetivo. Quienes luchan, por el momento de manera aislada en su fábrica, su centro de salud o su barrio, buscan el camino de unificar y generalizar la resistencia y echar atrás los planes de destrucción. Ayudar a esta resistencia es el objetivo  de la campaña del Comité por la Alianza de Trabajadores y Pueblos por 14 puntos reivindicaciones que tienen carácter de urgencia.


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