1 de mayo – Salarios, derechos, pensiones

30 abril, 2020 en

En este día internacional de la clase trabajadora vivimos una situación muy dura. La población trabajadora vive en confinamiento. Relativo, porque el gobierno ha cedido ante las multinacionales para abrir fábricas y garantizar sus beneficios.

Encerrados en casa, vigilados por policías y militares, que aplican sin límite la ley mordaza, apoyados por el ministro del Interior, que presume de 700.000 multas y 6.000 detenciones en el estado de alarma. 

La catástrofe no se debe sólo al virus. Es el resultado de años de recortes en la sanidad pública y la dependencia, del desmantelamiento industrial, que dejó al país incapacitado para producir mascarillas, pruebas diagnósticas…

Los trabajadores de la sanidad combaten la epidemia a riesgo de su salud, sumando más del 17% del total de contagiados. Los han mandado a la “guerra” sin armas, sin equipos de protección y test de coronavirus.

Los jubilados de las Residencias, trampas mortales, con más del 50% de fallecidos por COVID-19, son víctimas de un sistema que ha dejado la atención a los dependientes a la “iniciativa privada”, con enormes beneficios. Una residencia de Madrid, de un fondo de inversión, donde han muerto 96 internos, tuvo en 2019 un millón de euros de beneficios.

4 millones han sufrido un ERTE, perdiendo (al menos) un 30% de sus salarios. Y temen ser despedidos tras el estado de alarma. Se anuncian miles de ERE. Millones, que trabajaban en el servicio doméstico o en la economía sumergida, han perdido mucho más, o incluso todo.

Los trabajadores migrantes “sin papeles”, recluidos en sus infraviviendas, por los controles policiales, no tienen ningún ingreso. Las cosechas no encuentran quien las recoja, y el gobierno se niega a regularizar su situación.

La lucha de clases no se ha detenido

A pesar de las dificultades, sin poder reunirse ni manifestarse, la clase trabajadora ha mantenido su lucha de clases, su resistencia.

Se manifiesta en la lucha de los trabajadores de la sanidad y la dependencia, y sus organizaciones, para proteger a los trabajadores que son personal de riesgo, para que se les suministren equipos de protección y se les hagan pruebas, de los trabajadores y sus delegados sindicales en muchas empresas para no trabajar sin EPI ni condiciones de seguridad, de los estudiantes que, desde sus casas, se organizan por vía virtual para no perder sus matrículas ni sus cursos, en las actuaciones de los pensionistas y sus coordinadoras contra la masacre de las residencias.

Todos estos militantes, que hoy resisten en condiciones muy difíciles, se preparan, también, para luchar juntos, en cuanto sea posible, por el conjunto de reivindicaciones. Se les sumarán miles de los que, durante cuarenta días, han salido a aplaudir a sus hermanos de clase que combaten al coronavirus en los centros sanitarios.

No renunciamos a las reivindicaciones

La clase trabajadora no renuncia a sus reivindicaciones. Por mucho que nos hablen de “acuerdos para la reconstrucción”, no renunciamos a que se deroguen las reformas laborales, a que se garantice el sistema público de pensiones y se deroguen las contrarreformas de 2011 y 2013, a que se deroguen la ley mordaza, el artículo 315.3 del Código penal y la LOMCE, a la recuperación de salarios y derechos… No se puede renunciar al conjunto de reivindicaciones pendientes, para llegar a un pacto con la patronal y las derechas.

Hablan de “reconstrucción”, pero la inmensa mayoría se niega a reconstruir las condiciones que sufríamos antes de la pandemia. No quiere reconstruir un mundo en el que cobrar 1000 euros de salario sea casi un privilegio, en que se hagan contratos de una semana, en que las mujeres cobren menos que los hombres,  en que la sanidad y la enseñanza sean sacrificados a los beneficios de las multinacionales, en que las pensiones no lleguen a fin de mes, en que no se garantice el derecho a la vivienda, en que las industrias sean deslocalizadas para mayor beneficio de los explotadores, en que se rescate a los bancos y se deje sin protección a las personas trabajadoras, en que los ancianos sean sacrificados en las residencias para que se lucren cinco multinacionales que controlan un 25% de las plazas, en que se persiga a los trabajadores migrantes para proteger a empresarios que los explotan sin escrúpulos, en que el 1% más rico se quede con el mismo dinero que el 70% de la población.

No queremos reconstruir ese mundo. Queremos recuperar salarios y derechos, tanto sociales como democráticos. Recuperar los servicios públicos. Poner la riqueza al servicio de la inmensa mayoría.

Medidas elementales que no se pueden conseguir sin romper los límites del régimen monárquico, sin acabar con la dominación del capital. El cambio necesario para salvar a la Humanidad sólo es posible si la clase trabajadora toma sobre sus espaldas la tarea y, al frente de todos los oprimidos, impone un régimen de democracia política y social al servicio de la inmensa mayoría y no de una minoría de especuladores y explotadores.


2 opiniones en “1 de mayo – Salarios, derechos, pensiones”

  1. Javier brun Balaguer dice:

    Me parece muy bien

    1. CR dice:

      Muchas gracias en nombre del CR

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